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Opinión

Los gatos se limpian el culo entre ellos, de onda

Cuando estás hundido, hermano, hermana, como un cofre pirata en el fondo del mar, si brillas, te rodean y llaman a las fuerzas federales para el rescate. “Algo debe haber allí para generar tanto interés”. Somos malparidos, y, después, intentamos curar las heridas lamiendo las ajenas.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

Como somos pocos y nos creemos muchos, como somos chicos y nos creemos grandes, como somos cuartos y nos creemos primeros; los mendocinos, vos y yo, tu vecino despreciable que te deja su basura en tu canasto, tu amigo que se cojería a tu novia o esposa maleva no bien te levantas a mear en el bar, ¡Vos nena! hambrienta de braguetazo porque tu amiga “la pegó” con el pibe heredero, o el adulador que te sigue…para matarte, o la indiferencia del compañero de laburo que se hizo el pelotudo cuando te pasó algo bueno o malo, da igual. Esa palmadita en la espalda que no dice nada ¡Grande che, te felicito! En fin, paso a preguntar-me: la envidia ¿es nuestra especialidad?

No la inventamos aquí, eso es cierto. En todos lados han hablado y escrito sobre ella. ¿Pero qué carajo importa que te cuenten cómo es la envidia en Madrid o en Guadalajara, en Tierra del Fuego o Casablanca? Lo que cuenta, lo que vale, es nuestra envidia, la mendocina; esa denodada pasión por estrolar o ignorar, destruir o sacar el cuero.  No existe la sana envidia, verso. Aquí hay poca gente que se alegra de verdad por lo que lograste y pocos son los que se entristecen si has caído al barranco, de jeta, y salís con los dientes reventados. Nadie puede ser envidiable. Demasiado español diría Borges.

Los demás, son moscas que revolotean en la misma mierda. Yo he revoloteado y sé como tracciona el hedor. Porque hablo desde el mismísimo inodoro –literalmente les estoy escribiendo desde el trono-. Pero he visto a otros también flotando, succionados y desesperados cuando tiran la cadena. Cuando estás hundido, hermano, hermana, como un cofre pirata en el fondo del mar, si brillás, te rodean y llaman a las fuerzas federales para el rescate. “Algo debe haber allí para generar tanto interés”. Somos malparidos, y, después, intentamos curar las heridas lamiendo las ajenas.

Bienaventurados los felinos. Los gatos se limpian entre ellos, de onda, por instinto; hasta el culo se limpian entre ellos, por pura solidaridad y onda. Esta provincia debería llorar, alguna puta vez. Todos sus habitantes deberían llorar, desesperados, a la vez, para que escuchemos, nos escuchemos. Me embola el regodeo por el dolor ajeno.