Opinión
UCR: el ex partido nacional, hoy, manos de tijera
Están cagados. Tienen miedo. Los desesperados actúan así, a puro manotazo de ahogado. A la vez es increíble cómo un partido nacional que supo ser un verdadero movimiento político de tradiciones populares, hoy, es un espejo trizado, en el cual cada uno de sus integrantes buscan el pedacito de vidrio donde mirarse en soledad, descuidando el cuadro general de la silueta.
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Si hasta los gansos, que no son nacionales, son más coherentes.
Están explotados. Distribuidos en mil pedazos que barrerá o soplará la historia.
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La desintegración radical empezó hace algunos años, se me ocurre poner como fecha diciembre de 1999. Desde la asunción de la Alianza que llevó a De la Ruina al sillón de Rivadavia (yo le cambiaría el nombre al sillón, o mejor lo sacaría y pondría una silla incómoda modelo Néstor, de esas que parecen que pican el culo y tenes que pararte a cada rato para atinar), vuelvo. Volvamos.
No hablo del Yrigoyenismo perdido en la historia; o mejor del Yrigoyenismo peronizado de FORJA (una generación lúcida que supo leer la coyuntura cuando irrumpió la historia y produjo el remezón) en los años 40. No.
Tampoco voy a rememorar la alvearización a la que sometieron al movimiento tras la caída del viejo Hipólito y lo transformaron en un partido liberal del sistema político que coadyuvó a los intereses dominantes en la Argentina, por nombrar algunos: la Sociedad Rural, la Unión Democrática, la democracia vigilada con el peronismo proscripto por 17 años.
No removamos tanto hacia atrás. Solo pienso en los últimos 30 años. Cuando amagó el radicalismo a ser el Tercer Movimiento Histórico con la recuperación democrática, con Alfonsín padre, el original. Ahí retomaron una oportunidad histórica de volver a las fuentes nacionales. Y al menos, más allá de varias agachadas, era un partido nacional, con una perspectiva, tal vez la voz de la clase media argentina que se expresaba a través del radicalismo.
Pero eso ya es historia. Pasado. Pisado. Hoy la UCR es un mosaico de intereses personalísimos según cada provincia y municipio. Se traicionan entre ellos a más no poder. Por caso, Mendoza.
Desesperadamente, luego del cristinazo de las primarias, Cornejo intentó la separata. Iglesias se negó y apeló a la unificación de la elección. Cornejo se la comió. No obstante, el miedo al huracán, lo llevó a Iglesias a hacer la gran Cornejo pero en la provincia, convirtiéndose en “el candidato manos de tijera”, desconociendo a Alfonsín hijo, la copia.
Todos escupen para arriba. Alfonsín no conduce ni un karting a rulemanes. Sálvese quien pueda. ¡Adelante radicales! Adelante sin Cesar, Cleto, Cobos.