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Opinión

Plan no tengo

Dos motos a mil pasan como fantasmas. A los lejos se pierden esos culos parados que acompañan. Hay: una iglesia sin dios, una religión sin iglesia y un escepticismo militante.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

Voy caminando contra el viento helado, la bufanda masticada y con baba, las manos en puño en los bolsillos de la campera; es así como se camina, fatalmente en los julios, por la noche enjuta y estrellada. Hay pibes muertos en las calles junto a los cartones de supermercado, escondidos, como los muertos escondidos. Hay perros con los ojos iluminados, azules y amarillos, violetas y celestes, merodeando canastos. Voy caminando y calentándome con el trajinar.

Hay autos que corren y dentro, parejas que se abrazan en el semáforo en rojo, que se besan, que se tocan, que prometen sus cuerpos al llegar a destino. Y voy caminando por la arteria principal de una ciudad vacía, entrañablemente vacía, pulcramente vacía.

Hay un negocio que vende panchos con doscientas salsas y lluvia de papas y un solo tipo que apura, famélico y a mordiscones, su plato principal; y se quema el paladar, se le pega todo en el paladar. De golpe, un bolichón para pendejones que ofrece cerveza de litro en tachos plásticos y un collar de novias revoloteando el salón con pasos de bebé. Pero sigo caminando y siento transpirado mi pecho y mi espalda. Estoy mojado como moja la fiebre debajo de las colchas, tiritando como un perro con pánico al que han golpeado de cachorro.

Hay una farmacia que tiene en su interior más gente que en el local de los panchos y menos que en el bolichón de pendejones. Una clínica silenciosa. Un taxi con un tipo dormido. Un diariero que vocea a la nada las noticias viejas junto a un tacho de lata con fuego.

Dos motos a mil pasan como fantasmas. A los lejos se pierden esos culos parados que acompañan. Hay: una iglesia sin dios, una religión sin iglesia y un escepticismo militante.

Sorprendentemente una señora limpia con un lampazo con kerosene su vereda bordó, y le sale humo de la boca, de las manos y de la cabeza. Hasta parece que estuviera prendida fuego por dentro. Se me ocurre que limpia a lo bonzo su vereda bordó que empieza a brillar mientras me alejo.

Plan…no tengo.