Opinión
¡Se acabó, que jueguen jugadores argentinos!
El fondo del mar es enorme, se sabe, que los fondos no tienen tope, que los decidís vos o te lo deciden. Esencialmente no existen los fondos, por eso, decidamos que hasta aquí hemos llegado en esta caída libre eterna. Estoy hablando de la selección argentina de fútbol (así, con minúscula). Estoy hablando de fútbol pero también de una perspectiva política sobre la representación nacional, la de la camiseta y los colores que en definitiva son nuestros colores patrios.
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Y quienes tienen que ponerse la chomba nacional no tendrían que ser los “más exitosos” ni los “mejores pagos” en el mundo, es decir, en Europa. A mí me parece que esto de juntar a tipos que juegan en Europa un mes antes de una competencia internacional ya fue. Lo vienen demostrando los hechos y las actuaciones deplorables de un montón de muchachos que son los mejores, pero en sus equipos europeos. Pues que se nacionalicen en cada país donde juegan y los convoquen a la selección de los países donde juegan sus equipos.
Si se nos van los supuestos mejores, juguemos con los mejores peores que están aquí, para que signifique un orgullo nacional ponerse la albiceleste y no una vidriera, una góndola para empresarios del mundo del deporte. Para mí Barcelona no existe. En todo caso es virtual su existencia. Son todos jugadores de play station que pasan por televisión los fines de semana. Y nosotros, desde el culo del mundo, nos la comemos y miramos clásicos extranjeros como si fueran nuestros.
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Reitero, Barcelona no existe y es una creación multimedia que se ha vendido al mundo para entretenernos en la “falsa ideología” del buen juego. Yo no los veo. No me importan. Messi fue argentino pero ya no lo es, no existe como “sujeto” argentino (no está sujetado a la Argentina). Es más, sólo se ríe y disfruta en ese maldito juego de play que nos pasan los fines de semana por TV, Barca TV.
Yo disfruto con el “indio” Bazán Vera o con el “negro” Olmedo. Con los balazos de Mariano Donda o las jugadas de Diego Valeri, con las atajadas de Barovero o los amagues de Sebastián Penco. En fin, con jugadores de carne y hueso que tienen hambre. Los otros, los de la selección están llenos y gordos. Tienen sobrepesos, sobreeuros, sobredólares. Me cansaron a mí y a unos cuantos más en este país.
Pero sé también que muchos de los que juegan aquí se quieren ir para allá. Entonces, todo aquel que se vaya de aquí para allá, tendría que tener vedado el acceso a la selección nacional. Se vive aquí, y se juega aquí. Y el técnico los agarra 6 meses antes para entrenarse cada vez que se viene un torneo de importancia. ¿Que es extrema la postura? Sí, muy extrema, pero alguna vez hay que tomarla para empezar de cero. De abajo y bien de abajo. Que la selección la lloren, la transpiren, la vivan y la disfruten los que nacieron y se quedaron. Basta de vedettes, queremos jugadores de fútbol que no nos hablen desde las publicidades de gaseosas, de afeitadoras, de zapatillas, de antitranspirantes, de calzoncillos, de ropa deportiva, de la mar en coche. Si son ídolos, que nos hablen desde la cancha y en todo caso, también, desde un palco.

