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Opinión

Tarea fina

Prófugo de toda condena Francisco era más bien un hombre calmo criado en el campo. Apto para las tareas rurales, supo llevar adelante un campo arrendado por sus padres en una finca perdida en Tupungato, levantarla y ponerla a producir con escasísimas herramientas y recursos.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

No bien decidió a rozar sus labios a los de ella, los francotiradores dispararon. Unánimes, milimétricas, efectivas y a coro, las cinco balas dieron en el blanco -las 5 se incrustaron en la cabeza-.

“El hombre más buscado del oeste cae fulminado en el Parque General San Martin” -reza el titular de Diario Los Andes.

“El gobierno descansa” -estampa sin más Diario UNO en su tapa.

Mientras, MDZ on line, colgaba  en su nota principal “Tarea fina”, jugando tal título con el tema musical de los Redondos.

La sociedad local quedó consternada por el hecho, entre el alivio y el temor por lo que vendría, días después.

Hay cientos o miles de casos policiales en la historia provincial y nacional. Crímenes macabros, robos casi perfectos, historias de pasión con resolución fatal o, simplemente lo que llaman “ajuste de cuentas”. De esas historias se nutren las noticias cotidianas y la literatura policial aportando interés a este género que no ha hecho más que crecer y multiplicarse. Ahora bien, la historia del ajusticiamiento por francotiradores contratados por el gobierno local para dar con Francisco Della Maestre no tiene parangón, aquí en Mendoza, y tal vez tampoco lo tenga en el país.

Prófugo de toda condena Francisco era más bien un hombre calmo criado en el campo. Apto para las tareas rurales, supo llevar adelante un campo arrendado por sus padres en una finca perdida en Tupungato, levantarla y ponerla a producir con escasísimas herramientas y recursos. Sus padres, dos viejos enfermos, no pasarían con vida aquel crudo invierno. Por eso es que Francisco, sin dudarlo, se agenció una pieza de alquiler en la zona de la cuarta sección de la capital mezclándose con malandras y prostitutas de la zona, travestis y demás refugiados sin destino. Quería otra vida: un salario y formar una familia en la ciudad de la limpieza.

Nunca lo lograría. Su suerte fue grela. Es que Francisco, enamorado de una mujer diez años mayor que él y con siete hijos, nunca se enteraría del destino prefijado que lo aguardaba en la ciudad. Se lo buscaba para matarlo como excusa mientras se tapaba otro hecho. A la mujer se lo reveló un policía que merodeaba la zona, justamente, un agente que tenía el encargo de encontrar a la persona “más buscada de todo el oeste”, a un nadie, sin pasado casi. Y el buscador encontró justamente a Francisco, amante de su amante, madre de dos hijos del policía. Y por si ello no bastara, lo que tampoco sabría  Francisco es que los otros cincos niños eran hijos de los francotiradores.