Opinión
Las bisagras históricas
La historia, y sus procesos sociales y políticos, brinda una serie de puntos de inflexión que producen elementos conceptuales para el análisis. Me refiero a las bisagras históricas que barren con todo lo estatuido en un momento histórico determinado. Caen ordenes que se esfuerzan en presentarse como perennes, o eternos. Este rodeo tal vez nos sirva para introducirnos en la coyuntura actual donde la muerte del ex presidente Néstor Carlos Kirchner marcó un antes y un después en la realidad nacional y provincial.
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La muerte es fría pero el muerto está tibio. Y el vendaval de adhesiones a la política nacional impulsada desde 2003 hasta aquí, no hace más que llamarnos la atención como un semáforo en rojo permanente. Néstor Kirchner corajeó a las estructuras del país en varios de sus ámbitos. Y, si bien la prensa siempre lo tuvo en el ojo de la tormenta, hay un país por abajo, una manada social que se rebeló frente a la irremediable muerte y le mostró al país y al mundo, que, el mito, empezó a construirse aquella mañana del 27 de octubre de 2010, día del censo de las lágrimas.
Desde aquel día se visibilizaron los sujetos políticos que hoy en la argentina están dispuestos al cambio y la transformación, a saber: los jóvenes (el dato más destacado de la jornada luctuosa) el movimiento obrero organizado, los movimientos sociales, las minorías étnicas, religiosas y sexuales; y el sector de la cultura (actores, periodistas, intelectuales) otro dato muy significativo si pensamos que hacía mucho que el peronismo no establecía un romance con el sector.
En síntesis, un movimiento policlasista que depositó esperanzas de utopizar el futuro en la figura de ex presidente. No es poco. Y se está notando que no es poco. Hoy por hoy la Presidenta Cristina Fernández ha trepado súbitamente las encuestas y su imagen positiva.
La oposición (sin proyecto) se encuentra dislocada, fragmentada y en una sesión de desconcierto que, probablemente, no logre construir una herramienta, ni una figura, para las elecciones de octubre 2011. Demasiadas internas. Demasiada sed de venganza. Falta todavía más sangre que corra entre sus aliados de ocasión. Porque a la mayoría de los partidos opositores los unía el odio a Kirchner que ya no está, físicamente presente, sino para peor para ellos, día a día se construye en términos de referente simbólico abrazado como causa. Eso no lo tiene la oposición, referencia simbólica. Y la gente, parece, se dio cuenta.
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Mientras tanto, en la provincia de Mendoza, las cosas no funcionan igual, o no se traducen, de manera mecánica. Por el contrario. Aquí es justamente la oposición la que puede liderar a la gente por descontento. Porque el gobierno de Celso Jaque, o el desgobierno por momentos, da letra y música para que radicales, cobistas, o históricos, se froten las manos de cara a octubre.
Ahora bien, esto no será tan simple como se creía hasta el 26 de octubre a la noche, la noche anterior a la muerte de Néstor Kirchner. Porque como dijimos anteriormente, esa muerte representa una bisagra y constituye una oportunidad histórica para la renovación dirigencial y el modo de hacer política desde los sectores del campo nacional y popular. Sí, también aquí, en Mendoza.

