Opinión
Elogio de la experiencia, contra la política “Kinder sorpresa”
Hay una tendencia, generalmente promovida por la prensa y aceptada y repetida de buen grado por la sociedad, de elogiar la presencia de cuadros jóvenes en estamentos de decisión importante. Así como en el pasado fueron los “yuppies” (acrónimo para "young urban professional", Joven Profesional Urbano) quienes captaron el protagonismo en la actividad privada, hoy lo son los políticos jóvenes, en lo posible sin pasado conocido y con un futuro más parecido al premio de un huevito “Kinder sorpresa” que a un programa que genere confianza y permita relajarnos durante el tiempo que dure su gestión.
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Es cierto que los mendocinos venimos dando señales que, en vez de gobernantes, necesitamos un psicólogo. Queremos estar a la vanguardia de las cosas, pero no tanto y, por ello, preferimos que nada cambie. Pretendemos empezar desde cero cada cosa y nos quejamos de la falta de continuidad de las cosas buenas: pero claro, si ya dimos la señal de que hay que empezar de nuevo todo, ¡cómo hacemos para advertirle que sí… pero no tanto, a quien le otorgamos el poder de tomar decisiones!
Así planteada nuestra inestabilidad emocional ciudadana, ¡que vivan los jóvenes! Su arrojo, su capacidad de avanzar más allá de los obstáculos, la posibilidad de que, probablemente estemos dándole la oportunidad a un crack que permanecía tapado nos convence más que la precaución de calcular que en realidad puede tratarse de un improvisador, de escasa profundidad histórica, con poco tiempo real sobre la Tierra para haberse capacitado lo suficiente y, finalmente, con todas las chances de que, al final de la tarea, nos demos cuenta de que no, no era el crack que esperábamos.
No hablamos aquí de nadie en particular, puntualmente, pero podríamos escanear bajo estas premisas tanto al último concejal, como al gobernador, pasando por legisladores y por funcionarios que no son votados por la gente, sino que son elegidos “por su juventud”, por el funcionario de turno.
¿Cuánto vale la experiencia? Vale oro. Y esto, sin descalificar a quienes desean acceder a la función pública y lucen una juventud rozagante como principal mérito en su currículum: está bueno que lo hagan, pero ese no debe ser su único mérito.
Uno de los factores que podemos poner en valor de quienes ya han pasado por tareas trascendentes, es su capacidad de avanzar con aplomo y con conocimiento del terreno. ¿Mejor malo conocido que bueno por conocer? Es probable: cuando de planificar se trata mejor saber con quién se hará y, seguramente, será mejor controlarlo y guiarlo. Cuando desconocemos al protagonista ya sus equipos, bueno… ya lo hemos visto en áreas muy puntuales, por ejemplo, del gobierno provincial que se extingue: demasiado tiempo para ponerse al tanto de los temas que le son inherentes, demasiado tiempo para ponerse en marcha (ya que con el empuje juvenil no alcanza), demasiado tiempo destinado a enmendar errores y demasiado tiempo perdido porque en adaptarse a un sillón que, por la misma fuerza “ultra renovadora” que lo puso allí, será eyectado más pronto que tarde.
Este sábado, durante el programa República de Mendoza, por MDZ Radio, dialogábamos con dos políticos que la provincia, a su manera “dio de baja”, como son Luis Ignacio Bobillo, ex ministro de Economía de Felipe Llaver en 1983 y Arturo Lafalla, ex gobernador de Mendoza, sobre el nuevo gabinete de Francisco Paco Pérez que, a la hora de la charla, no estaba oficializado, aunque los nombres que habíamos dado a conocer terminaron por ratificarse más tarde.
De la única que pudimos hablar a fondo, criticándola y elogiándola cuando fue necesario hacerlo, fue de María Inés Abrille de Völlmer. Fue funcionaria en esa área de José Octavio Bordón y hasta ahora, viceministra de Educación de la Nación.
Fue un gusto poder auscultarla. Y lo será en adelante, cuando los periodistas tengamos frente nuestro a una persona que, nos guste o no su estilo y sus ideas, tiene historia, profundidad, experiencia y, por ello, no será fácil enfrentarla: habrá que saber, tendremos que estudiar y prepararnos para discutirle una decisión. Lo mismo le pasará a la oposición: ¿podrán criticarle cuestiones cosméticas o actitudinales, o tendrán que poner al frente de las críticas a personas de su misma talla, que las tienen, pero probablemente no en los lugares adecuados, como la Legislatura, por ejemplo?
No es lo mismo Abrile que la “Tía Tita” o López Puelles. Y aunque terminemos cuestionando sus decisiones, tampoco será lo mismo que hacerlo con funcionarios a los que poco les interesó –ya que estamos- qué se dijera de ellos, tan herméticos como inseguros estaban en sus cargos.
Del resto del gabinete, como el ya mencionado huevo de chocolate anhelado por los niños, tendremos que ver si la sorpresita nos gusta o no. Pero una vez descubierta la sorpresa no la podremos cambiar.
En cierta manera, gobernar sintonizando con la moda es una forma de hacer “juventudismo al pedo”, también. Lo dijo el sábado, con la mirada larga hacia atrás en el tiempo Bobillo, el ex ministro del primer gobierno de la democracia.
Reflexionó más o menos de esta manera, a la hora de analizar la proliferación de nuevos y extravagantes nombres en los ministerios: los gobiernos deben gestionar sobre los temas concretos, y no sobre sus partes más “marketineables”. Vale decir: si un gobierno se va a hacer cargo de los asuntos económicos, ¿por qué desmembrar áreas de la economía en diversos ministerios y secretarias que, en definitiva, no se complementarán y hasta es posible que las ambiciones políticas terminen por hacerlos competir entre sí? ¿Por qué todas esas áreas son parte de una misma estructura, con un fin único y estratégico y que la relevancia de sus gestiones puntuales estén dadas por responsables de categoría al frente de ellas?
En el ejemplo simple de Bobillo está la mirada con profundidad histórica: “Nos equivocamos muchísimo, por ingenuos. Bordón después hizo lo que nosotros queríamos, pero no animábamos a hacer”, dijo también el ex funcionario radical.
Celso Jaque juntó a los ex gobernadores: cascoteados, vituperados, exitosos o fracasados, su experiencia vale –como ya se ha dicho más arriba- como el oro. Pero terminó siendo una puesta en escena. Algún ex gobernador de su propio signo lo ha repetido: lo hacían llamar con un secretario para pedirle estar tal día a tal hora y después de ello, nada más.
Los ex gobernadores tienen –si el nuevo mandatario demuestra amplitud para trabajar en este sentido- la posibilidad de hacerse cargo de tareas específicas, de colocar a sus equipos a trabajar en temas estratégicos, como puede ser, por ejemplo, el de replantear el modelo productivo de Mendoza. Podemos, tambien, mirarnos el ombligo. Lo puede hacer un pibe entusiasta que sepa como pararse frente a las cámaras de TV y que, además, demuestre saber cómo. Pero, ¡quiénes mejor que aquellos que ya lo vivieron, lo sufrieron y fueron condenados al ostracismo por envejecimiento prematuro tras cuatro años de gestión!
Lo mismo, con los empresarios, los académicos, con la dirigencia social: la experiencia no es algo descartable y que pueda ser superada sólo con ímpetu y entusiasmo.
Si el nuevo gobierno sabe comprenderlo, Mendoza saldrá de su permanente frustración. En caso contrario, dentro de cuatro años mejor busquemos un psicólogo y no un gobernador.
Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel