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Opinión

La catequista expulsada por encontrar a Cristo en la militancia política y no en la Iglesia

“Esa no es la iglesia que nosotros queríamos construir, esa no es la iglesia de Cristo. Porque a Cristo lo mató la autoridad, andaba entre los pobres, con los enfermos, las prostitutas. Históricamente se codean con el poder, nunca los ves del lado del pueblo, y cuando algunos lo estuvieron (movimiento tercermundista) los limpiaron”.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

Se llama Verónica Benítez y es una piba que creció en la Parroquia de San José. Tanto que allí fue donde se casaron sus padres, donde ella recibió su bautismo, comunión y confirmación. La fe cristiana la llevó de muy jovencita a militar como catequista en la parroquia, trabajando fervientemente por los que menos tienen. El tema hasta aquí es una historia común que vivieron y viven miles de jóvenes en el país y la provincia.

Lo singular de esta historia es que a Verónica y su grupo de jóvenes catequistas, que ella lidera, los expulsaron de su espacio. ¿Cuál fue el motivo? Según cuenta Verónica fue por su vinculación con la política, específicamente en el peronismo, desde donde pudo unir sus convicciones cristianas que ya no alcanzaban con la Iglesia para aportar a las transformaciones sociales.

“Los mejores momentos de mi vida los viví como catequista del grupo de primera comunión y luego del grupo de jóvenes de confirmación, esos momentos me lo dieron mis chicos, o mis pollos como les digo yo… no la institución. He confirmado a más de 120 chicos, he compartido mi militancia eclesiástica con muchos jóvenes, adultos y ancianos. He visto pasar seminaristas y curas, durante 10 años… quiero creer que no fueron en vano. Bueno, hoy siento que mi casa ha sido usurpada, porque después de caminar esos salones cuando eran de tierra, con frio y calor, después de tantos años y tantos pollos, hoy me echaron no solo a mí, sino a mi grupo de catequistas. Diez catequistas de entre 16 y 20 años, con ganas de cambiar las cosas, con ganas de invertir el tiempo no solo en la doctrina cristiana sino también ayudando a quienes mas lo necesitan”.

El problema de su desvinculación –cuenta- sobrevino a la llegada del actual sacerdote de la parroquia, el cura Manuel Geras, reciente abogado en derecho canónico.

“Cuando Manolo llega a la parroquia, la misma se encontraba en una situación caótica, dada la mala relación que tenia una parte de la comunidad con el anterior párroco. Las primeras palabras que crucé con él fueron algo así como –“espero que con vos las cosas sean diferentes, yo no voy a ponerte palos en las ruedas como otros, pero esta parroquia no te olvides que es de nosotros los que estamos día y noche. Los curas están de paso”- Yo le decía esto porque todos los grupos de jóvenes anteriores habían tenido problemas con los sacerdotes y se habían “ido”, yo quería insinuarle que no iba a terminar así, ya había resistido dos curas anteriores… bueno, no me resultó porque terminé igual. Acá nadie tiene que desobedecer… el padre Manolo se refería a mi en las misas como la “chica desobediente que se toma atribuciones que no tiene”... lo hacía en publico porque en privado cuando intentaba comunicarme con él me cortaba el teléfono…El problema comenzó con mi persona cuando empecé a militar políticamente. Hubo momentos en los que dejé de participar en la parroquia por cuestión de tiempo y la relación con el cura empezó a enfriarse hasta llegar a congelarse”.

Según Verónica el proceso de boicots no paró por parte del cura Manolo. No sólo que ya no le atendía el teléfono sino que no le permitía al grupo que Verónica coordinaba, organizar rifas, ni feria de platos y menos aún firmar las notas para donaciones que gestionara el grupo para la parroquia. A tal punto se tensó la cuerda que el cura se negó a autorizar al grupo para que realizara el tradicional retiro espiritual:

“Entonces tuvo la brillante idea de mandarme a la familia opus de Sancho, que para ese momento estaban de campaña para las internas, a pedir el hogar Eva Perón. Bueno uno de sus hijos, me tuvo dos semanas gastando teléfono, peloteándome, jugando con nuestras necesidades y finalmente pidiéndome a cambio gente que fuera a votar. No sé en qué momento pasé de ser una catequista a una puntera política. Bueno mi respuestas fue “si, si” le corte y fui a contarle al sacerdote que me había mandado a la boca del lobo. No me dio bola y me dijo nuevamente que el retiro no se hacia. Yo no le hice caso, hice una reunión de padres, les comente lo que sucedía y la respuesta que recibí fue de afecto y apoyo, para que los chicos pudieran realizar su retiro. Nunca apareció para ayudarme en nada, nunca fue al retiro a ver como estábamos, nunca confesó a los chicos, no los dejó dar su testimonio en la misa, como hacen todos los grupos que vuelven de retiro. Ese día que volvimos del retiro nos ignoró, yo me subí al altar, paré al coro y le conté a la comunidad cómo nos había ido, hice subir a los chicos al altar y finalmente dieron su testimonio. Yo no quería que ellos pagaran por las diferencias que tenía con Manolo, no quería pero sucedía así”.

El cura no se privaba de nada en esta relación. Y del boicot pasaría al desprecio. Según relata la damnificada:

“El día de la confirmación también lo único que recibimos fue desprecio y encima me tuve que comer que me bardeara por micrófono delante de toda la parroquia llena. Igual no me importó porque cuando terminó la misa, me subí al altar, agarré el micrófono (me cortaron el sonido, después una madre me lo encendió) y agradecí el apoyo… ese era el día mas esperado y fue uno de los días más tristes que viví… lo que recibí fueron aplausos, afecto y agradecimientos… por eso digo que me llevo lo mejor de mi estadía como catequista… No sé que clase de jóvenes quieren o tenemos que ser, nos truncan los sueños, los ideales, las ganas. No sé de qué amor al prójimo hablan las autoridades, no sé cómo les da la cara para dar una misa cuando comen Dios y cagan Diablo. Como muchos miembros de la iglesia, que van todos los domingos a rezar y cuando salen de misa les cae mal “el negro de mierda” que les cuida el auto, se quejan de los pobres pero cuando los tienen cerca los detestan porque “son pobres y vagos”. Esa no es la iglesia que nosotros queríamos construir, esa no es la iglesia de Cristo. Porque a Cristo lo mató la autoridad, andaba entre los pobres, con los enfermos, las prostitutas. Históricamente se codean con el poder, nunca los ves del lado del pueblo, y cuando algunos lo estuvieron (movimiento tercermundista) los limpiaron. Que todo se esconda bajo la alfombra" –relata, Verónica.

No obstante, la militante expulsada intentó los canales orgánicos en la Iglesia y se dirigió al Arzobispado para gestionar su demanda.

“Antes de acudir a los medios para denunciar esto, presenté esta denuncia en el arzobispado, tuvimos 2 audiencias que quedaron en la nada y la respuesta que me quedo grabada es “Nosotros no podemos echar a nadie porque se nos vienen conflictos legales, lo que hacemos es inducir a que renuncien sino recapacitan”. Se quejan de que cada día hay menos jóvenes y ellos son los que los alejan, a veces creo que somos una molestia. He conocido padres excelentes, no quiero meter a todos en la misma bolsa, pero tampoco quiero volver. Encuentro más a Cristo en mi militancia política, cuando luchamos por los sectores mas vulnerables, que en la iglesia. Encuentro a Cristo en mis compañeros, que no se cruzan de vereda cuando pasa un “negro”, encuentro a Cristo en las medidas contenedoras del gobierno nacional, encuentro a Cristo en el peronismo… es ahí cuando me consuelo y no siento culpa de no estar más donde estaba”.