Opinión
Israel y “la solución final”: La paz… de los cementerios
Derrotado el “socialismo real” en el mundo, tras “la caída de los muros” en efecto dominó, el Imperio debió buscarse otro enemigo. No les llevó mucho tiempo porque cuando arrancó 1991 -ese primero de enero me encontraba viviendo en Madrid- George Bush padre, invadió Irak bajo la denominada Guerra del Golfo (operación “Tormenta del desierto”). Europa, avenida a las políticas de libremercado, acompañó esa invasión con tropas. Hasta Menem lo hizo. Se iniciaba la era de las invasiones al medio oriente. América Latina estaba controlada por sus aliados: Menem, Fujimori, Collor de Melho, Fox, entre otros serviciales cortesanos.
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Esta vez la comunidad internacional, la ONU, no logra fijar una posición. EEUU mira hacia otro lado y Obama con su silencio nos está diciendo que ese no es su problema. ¿Se puede hablar de guerra?
El poderío militar Israelí es uno de los más sofisticados tecnológicamente. ¿No implica esta avanzada israelí una continuación de lo que EEUU no puede por el momento realizar? Porque si vamos al caso, el Estado de Israel fue creado fuera de Europa, es decir, diplomáticamente construyeron un Estado en pleno territorio de conflicto. ¿No estaremos en presencia de la “realización occidental” que usa a Israel de carne de cañón, desplazando a lo religioso, problemas en el fondo económicos?.
Quiero compartirles un par de extractos de una columna del filósofo judío León Rozitcher que publicara el domingo 4 de enero en Pagina 12. El artículo es más bien extenso, imperdible, no obstante selecciono algunos de sus jugosos interrogantes:
“¿Recuerdan cuando hace dos mil años los judíos palestinos, nuestros antepasados en Massada sitiada, enfrentaron las legiones del Imperio romano y se suicidaron en masa para no rendirse? ¿Recuerdan la rebelión popular y nacional de nuestros macabeos contra la invasión romana, cuando murieron decenas de miles de judíos y se acabó la resistencia judía en Palestina y nos dispersamos otra vez por el mundo? ¿No piensan que esa misma dignidad extrema que nuestros antepasados tuvieron, de la que quizá ya no seamos dignos, es la que lleva a la resistencia de los palestinos que ocupan en el presente el lugar que antes, hace casi dos mil años, ocupamos nosotros como judíos? ¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de Israel en la estela de la “solución final” occidental y cristiana de la cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes? No: sucede que se han convertido en neoliberales y se han cristianizado como sus perseguidores europeos, que, luego de exterminarlos, empujaron a los que quedaron vivos para que se fueran a vivir a Palestina con el terror del exterminio a cuestas”.
En otro de los párrafos dice: “Una vez aniquilados los millones de judíos –como luego fueron arrasando y aniquilando con la misma consigna a millones de soviéticos “judeo-comunistas”– el impacto aterrorizante de la “solución final” hizo que los judíos casi nunca, salvo muy pocos, se atrevieran a señalar a los verdaderos culpables del genocidio (como pasó entre nosotros con los genocidas). Con la derrota de los nazis como únicos culpables –según cuenta la historia de los vencedores– desapareció en Europa la historia de los pogromos y las persecuciones cristianas medievales y modernas que nos aterraron durante siglos: la de los franceses tanto como la de los italianos, los españoles, los polacos y los rusos mismos. Sólo los nazis alemanes fueron antijudíos. Los judíos cristianizados por el terror del cristiano-capitalismo en Europa luego de la Shoá buscaron su “hogar” fuera de Europa: se instalaron en Palestina, como si el reloj de la historia, ahora teológica, se hubiera detenido hacía dos mil años. No se dieron cuenta de que la mayoría de los judíos que volvían a Israel no eran como nuestros antepasados que se habían ido: los descendientes de los defensores de Massada o de los macabeos. Buber, Gershon Scholem y tantos otros sí lo recordaban. Nadie quería que nos volviera a pasar otra vez lo mismo, es cierto; pero en vez de enfrentar y denunciar a los verdaderos culpables del genocidio –que ahora nos apoyaban para que nos fuéramos para siempre de Europa y termináramos nosotros mismos la etapa final democrática de la “solución final” judía que ellos comenzaron– los israelíes terminaron sometiendo a los palestinos como los romanos, los europeos y los nazis lo hicieron antes con nosotros. Pero primero tuvieron que vencer la resistencia de nuestros pioneros socialistas. Los israelíes, apoyados ahora por el Imperio cristiano–capitalista que los había perseguido, crearon también en Israel un Estado teológico, pero la “parte” secularizada dentro de ese Estado judío siguió siendo la del Estado cristiano. Volvieron como judíos para culminar en Israel la cristianización comenzada en Europa: mitad judíos eternos en lo religioso, mitad cristianos secularizados en lo político y en lo económico. Por eso ahora en Israel el Estado mantiene la economía neoliberal capitalista y cristiana sostenida por los religiosos judíos sedentarios, detenidos en el tiempo arcaico de su rumiar imaginario. Y por el otro lado los iraelíes son neoliberales en la política y en la economía y en la ciencia “neutral”, cuyas premisas iluministas son cristianas. Mitad judíos en el sentimiento, mitad cristianos en el pensamiento”.
En fin, la invasión del Estado de Israel a Gaza constituye una clara política imperialista de ocupación territorial. El costo es el conocido en estos casos. La mayoría de los muertos y heridos son niños y mujeres de la población civil.
¿Sorprende?, que las organizaciones judías en Argentina (DAIA y AMIA) se manifiesten a favor de la invasión israelí argumentando, como lo hiciera Bush en Irak, que es la única forma de defenderse. No debería asombrarnos. Las elecciones en la AMIA en abril de 2008 consagraron, por primera vez en la historia, a la ortodoxia religiosa más conservadora, quienes gobernarán la entidad judía hasta 2011. Ellos dicen buscar la paz en oriente próximo, y es probable que la encuentren. En todo caso, será la paz de los cementerios.