Opinión
2009: el año que habla
Hola, soy el año dosmilnueve. Quería comunicarme con ustedes y darles en exclusiva por este medio, la bienvenida. Soy nuevito en estas lides temporales y no me acomodo todavía a esta movida de “ser el año nuevo”. Es más, mis escasas horas no me dan el piné para hablarles, sin embargo, me atrevo, porque presiento, es a mí a quien le tocará lidiar con sus expectativas y advertirles que, cuando realicen mi balance al tiempo de expirar, digan lo que me han contado otros colegas: “qué año de mierda, espero se termine rápido”.
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Es de perogrullo decir que no los conozco, ni ustedes a mí por cierto. No sé nada más que no sepan ustedes. Más bien, somos pura expectativa en los primeros cuatro meses, aguante en los segundos y desencanto en los últimos. Me dan un rol, me hacen esperar miles de años con el numero en la espalda, y hoy me dicen, “entrá pibe, te toca ser titular por doce meses”.
Voy a serles sincero: no se fíen de mi, porque ni yo se qué pasará durante los próximos doce meses. Cualquier cosa, a modo de entretenimiento para amarrarse a algunas certezas, fíjense en el calendario, y verán allí las fechas fijas de los feriados. Pueden chequear que día caen sus cumpleaños, el de algún casamiento o de un probable parto. Eso, es lo más seguro que va a suceder: saber que cumplen años y qué día de la semana caerá sobre sus espaldas para celebrarlo, entre otras convenciones.
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De lo que sucederá, ignoro. Como ustedes. Es más, me gustaría saber a mí si tendré un papel trascendente, si pasaré a la historia por algo bueno o malo. ¡No saben la envidia que me dan algunos años que pasaron¡. ¿Qué se yo?, el año 1945, “qué pedazo de año”, fundacional a pesar de muchos. Marcó un quiebre en la Argentina.
El año 1976, ¿qué añito no? Nadie podrá olvidárselo. Está asociado a tantas cosas que pone la piel de gallina. El año 1983 es otro. A ese le tengo especial envidia porque se quedó con toda la gloria el guacho. El retorno a la democracia y esas cosas. El 2001 fue más importante que el 2000. Despiadado en su final, también marcó a fuego la historia del país. Es más, desde allí se repiensa a la Argentina. La explosión social y económica barrió además, con gran parte de la historiografía oficial.
Bueno, así es la vida nuestra, la de los años. Y yo, la verdad, es que quiero tirarles buena onda pero no les puedo asegurar nada, ¿quién garantiza que suceda algo terrible o fantástico; o nada, simplemente nada, como en muchísimos años que pasaron y nadie acopia un solo recuerdo?. No sé, acaso si falleciera Maradona podría ser que pase a la historia mundial, pero la verdad, les digo: me gustaría pasar desapercibido en ese caso a costa del anonimato.
Sé que soy un número pedorro. 2009 ¿qué te dice?, nada. A mi me cagó el que sigue, el 2010, ¡ese sí que va a ser un año con mayúsculas!. Si ya le están preparando los festejos a ese cabrón. Solo por el hecho de cumplirse el bicentenario de nuestra nación, ya tiene asegurado un buen tramo en los libros de historia. Son boludeces, pero marcan, dividen, clasifican, periodizan. ¿2009? No empieza ni termina, aunque vaya uno a saber.
Si hasta el historiador Eric Hobsbawm dijo algo muy curioso respecto del tiempo y la historia. La tesis de Hobsbawm respecto al siglo XX plantea que se trata de un siglo “corto”, que abarcaría desde 1914, inicio de la primera guerra mundial, hasta 1991, año del derrumbe de la Unión Soviética y como consecuencia, de los denominados “socialismos reales”. Ese tipo me puede ayudar tal vez. Para él, el tiempo histórico es diferente al tiempo cronológico. En este caso el siglo histórico no se homologa al siglo calendario.
Es decir, lo que constituye un siglo histórico tiene más que ver con el significado del mismo, con su interpretación global, que con las fechas calendario. No tiene por qué coincidir su inicio con el 1 de enero, ni su final el 31 de diciembre. Por ello, me refugio en esta otra posibilidad, de carácter más interpretativo.
En fin, me reservo el carácter sociológico del tiempo, en cuanto la fabricación de relojes y calendarios. No son más que instrumentos de la sociedad humana para medir la productividad y el supuesto progreso, la “falsa conciencia” de la idea de evolución constante. No sé, en definitiva, para dónde es que voy, si ustedes, humanos, no deciden que hacer con sus vidas.
Pero insisto, si no pasa algo muy, pero muy importante, yo no existiré. Seré simplemente un año más. Parte del goteo de arena del reloj del tiempo. Un soplido que acompaña el viento.
Entiendo que no compartan mi visión las historias individuales, personales, porque quizás, alguno de ustedes tenga un hijo en mi lapso o termine una carrera universitaria. Algunos se casarán o separarán. A otros asesinarán en una esquina por 30 pesos. O tal vez, salga campeón tu equipo de fútbol, o se hunda en el infierno del descenso.
Para las vidas privadas puede que sea importante, pero en mí eso no cuenta estimados. Los años somos una entelequia abstracta que servimos para darle ubicuidad a la historia. Es decir, seré una especie de microhistoria de 12 meses en dosmilnueve años.
Conjeturen, pónganse en mi lugar, cada uno de los años queremos destacarnos, que nos inmortalicen, al menos, los que escriben la historia general.
Entiéndanme. No se trata que no me importe la vida particular de ustedes, pero yo vivo de otra manera, no comprendo esos códigos. Para mí, un atentado que revienta 300 tipos en un shopping, es muy tentador. Figúrense este título en la tapa de un libro: “el atentado del 2009 en el shopping”, es para regodearse un poco ¿no?. O “2009: el final del Estado Palestino”, ese, podría ser para mí, un pasaporte.
Para que quede claro, como año que soy, no tengo sentimientos, ni moral ni ética. ¿Qué se yo que es eso?. Solo paso y los acompaño, y son ustedes los que hacen la historia, los que cambian los gobiernos o presionan a los mismos. Lo mío es puro sinsentido. En todo caso, al sentido, lo ponen ustedes.
Nos estamos viendo.

