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Opinión

Sexo virtual: al palo a las 7 de la mañana

Ya no se trata de buscar sexo en Internet. Uno está navegando y las ventanas que ofrecen chat con terribles guachas se abren sin más, en pleno preparativo de un mate. Así, se pone difícil concentrase en un trabajo. Encima pareciera que salen de la PC para sentarse en tu falda.

Estimados lectores, soy un tipo que vive en concubinato hace 16 años, tengo hijos y una variada gama de “animales hasta en la sopa” –como titula su cuento el maestro Charles Bukowsky-. Llevo una vida más bien tranquila desde hace unos años y, debo reconocer, que con hijos y gatos hasta en la cama por las noches, se hace difícil intimar seguido. Sé que no me sucede sólo a mí, porque es una preocupación que está instalada en la parejas que tienen niños chicos y varios animales. ¿Cómo se sobrevive sexualmente con la cama repleta de perros y gatos y tres niños cruzados entre sus padres? ¿Será por eso que apelamos a las películas y nos dormimos en los créditos?

Uno siempre se las arregla por supuesto, a cualquier edad y perteneciendo a diversas sexualidades. Por último, masturbarse, sigue siendo el territorio por excelencia del individualismo perfecto y del hedonismo primitivo más puro. No obstante, creo, es mejor el coito. Ahora bien, este rodeo sobre mi vida privada viene a cuento de la oferta sexual en Internet, que no para de invadirnos, sin permiso. Reconozco que de vez en cuando visito páginas porno porque son muy estimulantes, pero todo tiene un límite virtual en definitiva, que no hace más que construir simulación y fantasías. Porque reitero, cuando llega la noche, niños, perros y gatos han tomado el “territorio real” de una cama extensa.

El problema se presenta cuando ingreso a Google para realizar una búsqueda de música, e irrumpen en mi máquina, ventanas de video con españolas de veintipico que me hablan, a mí, a la cara, y me piden que les llame o escriba. Empiezo a olvidarme del motivo de la búsqueda y quedo extasiado mirando como Carmencita, suavemente, se desprende el bretel de sus corpiños y me muestra sus hermosas y grandes tetas a las siete de la matina. Acto seguido, con movimientos sigilosos, se da vuelta y me muestra su culo, lo tambalea y empieza a bajar su tanga haciendo movimientos extraños en primer plano a la cámara, usando sus dedos para estimularse.

Uno se quiere poner a trabajar y acompañarse con una musiquita de ambiente para tirar las primeras palabras sobre la hoja en blanco, y ya te pones al palo,  a esa hora.

Esto me está pasando seguido muchachos y muchachas. No voy a negar que me resulta por demás excitante, pero uno no puede estar así, caliente, cuando todavía nos estamos sacando las lagañas secas que quedaron de la noche, y ponerse a laburar como si no hubiera pasado nada. Y convengamos que no es justamente Mercedes Sosa la que aparece en la PC (aunque la negra haya sido del PC). Por el contrario, precisamente, son minas que tienen un imán feroz. Y encima te tiran besos a vos, es decir, yo creo que me los tiran solo a mí, en ese preciso momento.

Llego a pensar, como un estúpido, ¿por qué me habrá elegido esa chica para mostrarse así, “in puribus”, en mi monitor? Pero lo resuelvo rápido, generalmente la mando a la puta que la parió y cliqueo la X del ángulo superior derecho de esa ventana abierta a la

lujuria. Entonces sí, con el disco de Miles Davis “Ballads Blues” penetrando mis oídos, me dispongo a escribir, y trato de olvidarme de las españolas hermosas para concentrarme en el texto. No es para justificarme, pero muchos errores de tipeo que pueden apreciar en mis columnas, se los atribuyo exclusivamente a esas españolas infames que aparecen sin permiso y sin que las busque.

Después de un termo de mate, un par de tazas de café y un atado de fasos, quedo “en otra” y conecto con el texto, seguro ya de lo que escribo, aunque a veces para contrarrestar el recuerdo de las chicas, me quedo pensando en qué le voy a dar de comer a mi única gallina. Ojo, no piensen mal, mi gallina es mi gallina, y no mi amante. A pesar de vivir en el campo, la respeto, y solo espero de ella grandes huevos para la tortilla de mis chicos.