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Opinión

Las carpas de Celso: ¿En busca de bandidos adolescentes?

125.000 jóvenes mendocinos que no estudian ni trabajan. ¿Un dato menor? Sebastián Godoy Lemos, el flamante subsecretario de Justicia y Derechos Humanos, asumió con un guiño de aprobación al proyecto del Ejecutivo provincial que intenta bajar la edad de imputabilidad de los menores a 14 años. ¿Ahora van por los niños?

Un gran debate nos debemos por estas horas en Mendoza. El mismo, se debería referir a la posibilidad que baraja el gobierno y la justicia, de bajar la imputabilidad a los menores a los 14 años y no a la instalación de carpas para los 5000 tipos que quiere atrapar Cassia y crear una Guantánamo a la mendocina. Es decir, cambiar el eje y pensar, desde la complejidad social de los pibes. Niños que están dejando de ser niños, a poco de ser jóvenes de la temprana adolescencia. Justo la bisagra que biológicamente divide desde los 14 a los 24 años la categoría de juventud. Sin embargo, no se trata de biología en este caso, ya que la noción de Juventud, es un término que ya merece una seria reflexión cuanto a sus dimensiones culturales en la sociedad actual.

¿Qué es ser joven hoy?

Partamos de la idea que “los jóvenes”, dependiendo de la posición que ocupan en la estructura social, se encuentran atravesados por una doble tensión: son incluidos por las estrategias de mercado, distribuyendo en el mundo juvenil una variada gama de esteriotipos culturales de referencia, para formar una masa consumidora de bienes y servicios; a la vez que son excluidos por un modelo económico que flexibiliza el mercado de trabajo, precariza sus labores, los somete a condiciones de explotación social, los discrimina socialmente, perpetuando las condiciones originales de marginación y dominación.

Como consecuencia de ello, los jóvenes representan una “franja vulnerable”, expuesta a situaciones de individuación de sus prácticas,  y a la sospecha permanente, lo cual impide formas colectivas de organización para canalizar su descontento.

125.000 jóvenes de Mendoza no estudian ni trabajan, vagabundean por ahí, en los cíber de barrio o en bandas de amigos, construyendo pertenencia para sentirse que están en algún lugar del territorio social. “La esquina”, por ejemplo, es un “territorio tomado” por los jóvenes. ¿Habrá que demoler las esquinas?, ¿Imaginan manzanas de barrio sin esquinas, redondeadas

Satanizando a los pendejos caídos del sistema

No todos delinquen. Esto es obvio. Pero muchos cruzan esa delgada línea roja que les propone un universo de aventura, dinero, vida fácil y valores asociados a la marginalidad social. Hoy se está pensando en imputar a los menores, niños de 14 años que, más que castigos, necesitan contención social, familiar y estatal. ¿No necesitan por caso que un policía cuando encuentra a un niño de 14 años borracho, o fumando un porro, en lugar de llevárselo a la comisaría y maltratarlo, lo acerque a su casa, junto a sus padres o a su familia?. ¿Lo proteja más que lo castigue?. ¿Lo calme más que lo intimide?

El adolescente necesita cariño y no castigos ejemplificadores ni leyes duras de tolerancia cero. Esta es la responsabilidad de un Estado protector y no represor, el cual debe apuntar a las causas y no a las consecuencias del delito por presión mediática, empresarial o electoral. La mitad de los jóvenes parece que no es parte del futuro.

El futuro espera, pareciera, solo a una parte. A la otra se la condena, “se la limpia”, metiéndola bajo la alfombra para que no se vea la suciedad ante el turismo y las clases que viven mirándose el ombligo. No hay políticas universales para la juventud y la temprana adolescencia. Solo hay consumo de mercado para los que puedan integrarse desde allí, y para los otros “mierda cotidiana”, aislamiento, clientelismo barato y en última instancia instituciones de encierro, bajo condiciones denigrantes e inhumanas. Jaque ya deslizó que hay que construir más cárceles o instalar carpas para albergar a delincuentes. Bueno, a eso vamos.

A las carpas de Celso, la nueva y brillante idea que se le cayó al gobernador para inyectar confianza en la sociedad.

Golpeando las puertas del cielo

Mendoza está dando pasos peligrosos en materia jurídica en torno al endurecimiento de las excarcelaciones, parte del pacto con el diablo que firmó el gobernador con el establishment. Con el pacto, demuestran, que les importa la mitad de la juventud, la mitad de la sociedad. ¿Será para ellos la seguridad, para la porción rescatada del huracán neoliberal?. ¿Puede haber seguridad en contexto de pobreza extrema, con niños que comen de basurales en Las Heras, que viven hacinados en piezas, que se cagan de frío en invierno en escuelas para pobres? ¿Puede haber seguridad con jóvenes que no tienen un puto espacio de recreación, no practican deporte, no conocen el cine, o son “deportados” del centro por sospechosos? ¿Será posible que en este pragmático peronismo que gobierna nadie levante una voz crítica para plantear otro rumbo?. Entonces, que cambien las señalizaciones en los barrios y pongan “Cuidado, niños robando”.

Mejor será girar los sentidos a la música, desplazar la impotencia y escuchar Knockin' On Heaven's Door (tocando las puertas del cielo) de  Bob Dylan. Una de las canciones más hermosas paridas por el hombre del sombrero, dedicada a Billy The Kid, el niño bandido.