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Opinión

La jerarquía de la “mediación” en la cultura

La mediación es más una noción imprecisa que un término cerrado. Uno de sus logros conceptuales implicó la superación de la categoría de reflejo que utilizó cierto marxismo mecanicista. A partir de las mediaciones que nos atraviesan, pueden interpretarse con mayor corrección investigativa los procesos culturales.

El concepto de mediación es más una noción imprecisa que un término cerrado. Uno de sus mayores logros conceptuales implicó una superación a la categoría del reflejo que utilizó cierto marxismo mecanicista. Esto es el arte no refleja la realidad social; la superestructura cultural no es reflejo de la base económica directamente; la cultura, por tanto, es una mediación de la sociedad. Este rodeo implicó pasar de considerar que, lo cultural (superestructura) es el “reflejo” de la base o de las relaciones de producción (infraestructura), a plantear que en todo proceso de comunicación cultural existe una “mediación” por la cual dos partes se ven afectadas por una intervención. De la concepción negativa que implicaba la categoría de “reflejo”, los Estudios Culturales recuperan la noción de mediación como negociación activa de la experiencia social. Entonces, la mediación parece ser un poco más que una elaboración del reflejo. Funciona como un espacio de articulación de los discursos mediáticos y las matrices culturales de los receptores.

Para Armand Mattelart, la noción de mediación ha hecho posibles dos cosas importantes. En primer lugar, ha permitido una ruptura con la “mentalidad estructuralista”, es decir con las mentalidades que operan por oposición. La concepción estructuralista del mundo también suponía una visión del poder compartimentado, una concepción mecánica del mundo. Esto es una concepción que valorizaba la preeminencia de la infraestructura sobre la superestructura, la noción de progreso lineal de avance, un antes, un después, la noción de “sin retorno”. En muchos sectores, la noción de mediación ha hecho pensar la noción de sociedad en términos de redes, en términos de cultura y no ya simplemente en términos de comunicación. Pero también esta noción, por el contrario, plantea Mattelart, ha permitido a muchos pasarse del otro lado, es decir, al campo de las concesiones y capitulaciones, olvidando una cuestión que sigue siendo fundamental: que “el poder sigue existiendo aun cuando se lo defina de una manera diferente”, aun cuando el poder no es más situable en macrosujetos sino como un conjunto de relaciones, según la concepción de Michel Foucault.

“La noción de mediación ha representado un salto gigantesco, porque ha permitido descubrir un conjunto de problemáticas, ha hecho posible plantearse preguntas como qué es la democracia, qué es el Estado; antes teníamos una concepción del Estado completamente monolítica. Con la mediación, han vuelto los problemas de la sociedad civil, el problema de la cultura. Pero, al mismo tiempo, el concepto de mediación ha llevado a un relativismo en relación con las instituciones del poder y con las relaciones de fuerza entre culturas”.
Una de las líneas a las que alude Mattelart en la cita se encarna en el pensamiento del colombiano Jesús Martín Barbero, quien ha dimensionado el espacio de la mediación como una instancia cultural desde donde el público de los medios, produce y se apropia del significado y del sentido del proceso comunicativo. Es en su obra De los medios a las mediaciones, de 1987, donde Martín Barbero desarrolló el concepto de mediación cultural en relación con la participación de los sujetos en movimientos sociales y organizaciones. En este concepto se asumía que la mediación era una especie de estructura incrustada en las prácticas sociales de los sujetos.  Por otro lado, también el concepto de mediación es vinculado con la identidad cultural de los sujetos y con la producción diaria de cultura. En este sentido, el especialista Guillermo Orozco propone que se entienda la mediación como “un proceso estructurante que configura y reconfigura tanto la interacción de los miembros de la audiencia con la TV como la creación por ellos del sentido de esa interacción”.

Es en este marco de análisis, en el cual el sujeto se transforma en un “activo agente” de interpretación y reinterpretación del sentido, que la mediación filtra, de acuerdo con distintas variables. Por ello, Orozco nos plantea que la mediación se origina en varias fuentes: en la cultura, en la política, en la economía, en la clase social, en el género, en la edad, en la etnicidad, en los medios de comunicación, entre otros espacios.

La noción de mediación es hoy empleada profusamente en las teorías culturales y se ha convertido en una de las categorías centrales para explicar cómo se producen los códigos de resistencia y autonomía cultural de distintos grupos, clases y etnias. Además, implica un componente metodológico concreto en la investigación social, ya que no presupone los resultados del proceso cultural y comunicativo sino, por el contrario, invita al trabajo de campo, al estudio de casos, a la interpretación de las trayectorias, para determinar cómo se construye sentido en las prácticas  o cómo se reelaboran los condicionamientos de mensajes dominantes.