Opinión
Sobre el concepto de ideología
Si bien la noción de ideología apareció antes que Marx la desarrollara en La ideología alemana, es con los representantes del marxismo crítico que se transforma en concepto y se teoriza sistemáticamente. A partir de las contribuciones de Antonio Gramsci y de Louis Althusser, el concepto va a estar conectado a una explicación teórica global.
Al respecto, repasemos las dos tesis sobre la ideología que plantea Luis Althusser, uno de los teóricos más influyentes en la década de los sesenta y setenta en las filas marxistas, quien brinda una original perspectiva sobre el concepto.
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Althusser parte de una crítica teórica hacia el mismo Marx acerca del concepto de ideología. Según el autor, Mari, lo que en realidad había hecho al respecto era esbozar una teoría de las ideologías particulares (religiosas, morales, jurídicas, artísticas, científicas, etc.) que, en definitiva, responden a determinadas posiciones de clase.
Frente al planteo de Marx, dice el autor: “Hace falta, evidentemente, estudiar una teoría de las ideologías bajo la doble relación que se acaba de indicar. Se vería entonces que una teoría de las ideologías se afirma, en último término, sobre la historia de las formaciones sociales, sobre los modos de producción, entonces, combinados en las formaciones sociales, y sobre la historia de las luchas de clases que en ella se hayan desarrollado…”
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En primer lugar, el francés plantea que “la ideología no tiene historia”. Esta fórmula, si bien es tomada por Althusser de La ideología alemana, de Marx y Engels, es utilizada en otro sentido. En el texto original, “ideología” remite a ensueño, pura ilusión, es decir que la ideología en Marx es concebida “como una construcción imaginaria cuyo status es exactamente equivalente al status teórico que tenia el ensueño en los autores anteriores a Freud”. Para estos, el sueño era el resultado puramente imaginativo, es decir vacuo, de los residuos diurnos, que se presentaban en orden arbitrario.
Por lo tanto, se afirma que hay un error en el análisis de la ideología como construcción imaginaria. Y que la ideología como ensueño, ilusión, tiene su propia historia. De esto, el autor deduce que las ideologías particulares tienen su propia historia, pero la ideología en general es ahistórica. Esto funcionaría así debido a que lo propio de la ideología, para Althusser, es estar dotada de una estructura y de un funcionamiento tales que la convierten en realidad no histórica. Por lo tanto, la ideología será “eterna”, tomando como referencia analógica el planteo de Freud: el inconsciente es eterno.
Pero vamos a la definición de Althusser:
La ideología es una “representación” de la relación imaginaria entre los individuos y sus condiciones reales de existencia.
Para fundamentar esta definición de ideología, Althusser plantea dos tesis:
Tesis 1= La ideología representa la relación imaginaria entre los individuos y sus condiciones reales de existencia.
Se dice habitualmente que la ideología religiosa, la ideología moral, la ideología jurídica, la ideología política, etc., son “concepciones del mundo”. Entonces dice, “como concepción del mundo, es en gran parte imaginaria, es decir no corresponde a la realidad”. Y continúa más adelante: “Los hombres no representan en la ideología sus condiciones reales de existencia, su mundo real; representan sobre todo su relación con esas condiciones de existencia”.
Tesis 2= La ideología tiene existencia material.
Althusser sostiene que la ideología no tiene existencia ideal, espiritual, sino material. La materialidad de la ideología estaría dada por las prácticas que los sujetos realizan mediante actos “constituidos por la ideología”. La existencia material de una ideología es un aparato (ideológico) que se impone. Y afirma: “La materia se dice de muchas maneras”, bajo distintas modalidades.
Por lo tanto, sostiene: “diremos entonces, tomando en consideración un sujeto (tal individuo), que la existencia de las ideas de su creencia es material en cuanto sus ideas son actos materiales inscritos en prácticas materiales normadas por rituales materiales definidos por el aparato ideológico material del cual derivan las ideas de este sujeto”.
Este modelo de análisis de la ideología, ha sido tomado por varios teóricos del marxismo y podríamos considerarlo como un paradigma en muchos estudios sobre la cultura, aplicado a la literatura, la escuela, la iglesia, etc.
Por otro lado, en un sentido más amplio, y abarcador del complejo proceso ideológico, otros autores intervienen en la conceptualización tomando insumos de otras disciplinas, como la semiótica o la antropología. En este sentido, Gabriel Cohn define a la ideología como “un conjunto de esquemas de interpretación que operan en un segundo plano en los procesos de comunicación, imponiendo formas de percepción y de concepción del mundo que son relevantes para la distribución del poder y del prestigio en una sociedad”.
Esta concepción propone que la ideología sea concebida como aquello que opera en el plano de la interpretación de textos de cualquier tipo, producidos y distribuidos socialmente. La ideología, aquí, no reside en los propios textos, ni está explícita para usuarios y difusores, sino que para ser captada, exige un esfuerzo que conjuga el rigor analítico y la reflexión crítica. Así, las ideologías no son meros instrumentos a disposición de tal o cual grupo o clase. Tampoco existen para alguna finalidad (función) social. Pero sólo se difunden y persisten en circulación bajo la forma de textos, en la medida que sus efectos refuerzan posiciones ventajosas en la sociedad. Tampoco dependen de intereses previos: son ellas las que generan los intereses.
Para Cohn, entonces, la dimensión hermenéutica de la interpretación está presente en dos niveles de los procesos ideológicos.
En primer lugar, en el modo peculiar como la ideología exige interpretación. Esta lo hace en el sentido más fuerte, como exigencia que se impone a todos los que enfrentan los textos en el interior de los cuales ella opera. Reafirmando, la ideología impone interpretación y, cuando es eficaz, impone una determinada interpretación.
En segundo lugar, respecto de su dimensión analítica, la interpretación también está presente, pero desde un ángulo opuesto, como sede del trabajo crítico. Este consiste en un abanico de interpretaciones posibles que destruye la “naturalidad” impuesta por la ideología, para enseguida demostrar cómo esa específica naturalidad se construyó socialmente.
Esta última perspectiva, que Gabriel Cohn sintetiza claramente, es tal vez la más difundida en los últimos años en los desarrollos de la teoría crítica y, de acuerdo a sus influencias disciplinares recibidas, la que interviene en los Estudios Culturales que conectan ideología y análisis textual de productos culturales.
Pero vamos a la definición de Althusser:
La ideología es una “representación” de la relación imaginaria entre los individuos y sus condiciones reales de existencia.
Para fundamentar esta definición de ideología, Althusser plantea dos tesis:
Tesis 1= La ideología representa la relación imaginaria entre los individuos y sus condiciones reales de existencia.
Se dice habitualmente que la ideología religiosa, la ideología moral, la ideología jurídica, la ideología política, etc., son “concepciones del mundo”. Entonces dice, “como concepción del mundo, es en gran parte imaginaria, es decir no corresponde a la realidad”. Y continúa más adelante: “Los hombres no representan en la ideología sus condiciones reales de existencia, su mundo real; representan sobre todo su relación con esas condiciones de existencia”.
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Por lo tanto, sostiene: “diremos entonces, tomando en consideración un sujeto (tal individuo), que la existencia de las ideas de su creencia es material en cuanto sus ideas son actos materiales inscritos en prácticas materiales normadas por rituales materiales definidos por el aparato ideológico material del cual derivan las ideas de este sujeto”.
Este modelo de análisis de la ideología, ha sido tomado por varios teóricos del marxismo y podríamos considerarlo como un paradigma en muchos estudios sobre la cultura, aplicado a la literatura, la escuela, la iglesia, etc.
Por otro lado, en un sentido más amplio, y abarcador del complejo proceso ideológico, otros autores intervienen en la conceptualización tomando insumos de otras disciplinas, como la semiótica o la antropología. En este sentido, Gabriel Cohn define a la ideología como “un conjunto de esquemas de interpretación que operan en un segundo plano en los procesos de comunicación, imponiendo formas de percepción y de concepción del mundo que son relevantes para la distribución del poder y del prestigio en una sociedad”.
Esta concepción propone que la ideología sea concebida como aquello que opera en el plano de la interpretación de textos de cualquier tipo, producidos y distribuidos socialmente. La ideología, aquí, no reside en los propios textos, ni está explícita para usuarios y difusores, sino que para ser captada, exige un esfuerzo que conjuga el rigor analítico y la reflexión crítica. Así, las ideologías no son meros instrumentos a disposición de tal o cual grupo o clase. Tampoco existen para alguna finalidad (función) social. Pero sólo se difunden y persisten en circulación bajo la forma de textos, en la medida que sus efectos refuerzan posiciones ventajosas en la sociedad. Tampoco dependen de intereses previos: son ellas las que generan los intereses.
Para Cohn, entonces, la dimensión hermenéutica de la interpretación está presente en dos niveles de los procesos ideológicos.
En primer lugar, en el modo peculiar como la ideología exige interpretación. Esta lo hace en el sentido más fuerte, como exigencia que se impone a todos los que enfrentan los textos en el interior de los cuales ella opera. Reafirmando, la ideología impone interpretación y, cuando es eficaz, impone una determinada interpretación.
En segundo lugar, respecto de su dimensión analítica, la interpretación también está presente, pero desde un ángulo opuesto, como sede del trabajo crítico. Este consiste en un abanico de interpretaciones posibles que destruye la “naturalidad” impuesta por la ideología, para enseguida demostrar cómo esa específica naturalidad se construyó socialmente.
Esta última perspectiva, que Gabriel Cohn sintetiza claramente, es tal vez la más difundida en los últimos años en los desarrollos de la teoría crítica y, de acuerdo a sus influencias disciplinares recibidas, la que interviene en los Estudios Culturales que conectan ideología y análisis textual de productos culturales.


