Opinión
Traición en la madrugada, moda al mediodía
La historia nacional no creo que se encargue de juzgarlo, es más, por el contrario, se empeñará en absolverlo. En todo caso, la historia del futuro, esa que no leeremos simplemente por ausencia en este mundo, puede que no cuente entre las reflexiones por estos días. Somos puro presente y el clima de nuestra época, para una gran porción de la sociedad, dictamina que la traición en la política es un atributo, una muestra de rebeldía individualista, una resaca de la cultura del sálvese quien pueda.
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El presente estado de las cosas produce una atmósfera epopéyica a partir de la actitud de Julio Cobos. El protagonista de una película americana de los 50 que, a lo James Dean moderado, se estrella con su auto para matar al acompañante, sólo, por su convicciones, individuales, personales. El ingeniero rebelde sin causa, de perfil subterráneo, que ivernó por un tiempo protegido en su cueva solitaria –un símil del personaje de Jerzy Kosinski en “desde el jardín”-, salió a la superficie de la realidad y encontró, en su confusión individualista, el motivo de sus desplantes. La política siempre debería ser un proyecto colectivo y nunca lo que es ahora, proyectos personales construidos a costa de cuchillazos por la espalda, luego de un abrazo fraterno y fotos sonrientes. No vale la pena enumerar las actitudes de Cobos precedentes en Mendoza, todos las conocen. Aquí de lo que se trata es de discutir cómo concebimos la política y la lealtad política.
Para la mitad del país se trata de convicciones personales a costa de los acuerdos colectivos. El tipo que dice “lo hago por convicciones personales”, en política, es transformado en héroe por quienes no creen más que en sus intereses egoístas, sectoriales. Tanto es así, que los que festejaron la madrugada del 17 de julio (el día de la deslealtad) buscaron justamente la venganza contra un modelo que, en su juventud y con errores, empieza a poner en discusión quienes ganan y quienes pierden en la rebelión de la granja.
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Un Menem decrépito fue llevado upa por la civilidad democrática a votar por venganza, como el Cid Campeador, muerto y entablillado en su caballo, para asustar a los moros. El señor feudal Adolfo Rodríguez Saa, vitoreado en Palermo, encontró la oportunidad para el desquite. Hilda “Chiche” Duhalde, la señora de las manzaneras bonaerenses, fue a compensar con su voto de castidad la rabia de su marido. El productor sojero salteño y ex gobernador de esa provincia, Juan Carlos Romero, también jugó su carta en contra del proyecto, recordemos, uno de los aliados históricos del menemismo en el norte argentino. Reuteman, dueños de campos en Santa Fe, cuidó su rancho. Y Macri, mandó a sus paquetes a hacer lo mismo.
Pero Cobos no pensó. Según él, actuó con el corazón que le dictó el voto. Ahora, quienes lo veneran, debería preocuparlo: además de los mencionados, aplauden a Cobos, Barrionuevo, el nuevo titular de la CGT azul y blanca, menemista de la primera hora, Mirtha Legrand y Susana Giménez, hasta el mismísimo Jorge Rial, Raúl Castells, Alderete de la CCC y Vilma Ripoll del MST, entre otros personajes y políticos. En definitiva: todo el arco neoliberal, populista de derecha y de la izquierda sectaria. Claro, también el Partido Demócrata local y el arco agorero de la prensa nacional, vieron en el mendocino a un hombre razonable. Cobos quiso doblarse, a lo Pilatos, pidiendo un cuarto intermedio para que se pusieran de acuerdo, como si se tratara de una pelea entre novios, pero lo obligaron a quebrarse a favor de los intereses antinacionales. Como Menem, también Cobos lo hizo. Ahora el ingeniero podrá salir a correr por los bosques de Palermo, saludando a esas señoras que tienen 50 o 60 años pero que parecen de 40. Descubrieron su héroe, el de la cordura democrática, el de la traición como atributo.
El supuesto pacificador, motivado por su deseo de consenso, ha dejado muchas heridas y la sangre empezará a correr, lentamente.
Primero fue De Angeli, el héroe chacarero que puso a sus medianos y pequeños productores en la ruta, haciéndole el juego sucio a la oligarquía sojera. Luego vino Cobos, el héroe de moda de la democracia. Dos tipos audaces metidos en un berenjenal. Dos representantes de la clase media rural y urbana. Los del medio, los confundidos, los entrampados. Los que pueden disparar, según las circunstancias, para cualquier lado.

