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Opinión
El mendocino tipo que apoya el lockout
Ustedes disculpen, estimados lectores, pero me parece que el mendocino medio que apoya el reclamo del sector agrario, merecía una reflexión sobre sus características culturales y estilo de vida. Pueden pegar duro, si quieren, o escupir la pantalla. Tal vez, algunos, puedan coincidir. Lo que vale, acaso, ¿no es la intención?
En toda sociedad gobierna por lo general, una “matriz ideológica”, un deseo de “estilo de vida”, o un imaginario moldeado por el tiempo, en base a la cultura del lugar. Aunque, debemos reconocer, el término “sociedad” siempre se confunde con homogeneidad, más preciso es hablar de “estructura social”. Entonces, arrancamos de nuevo. En toda estructura social existen, mal que les pese la obviedad y los términos a muchos, diferentes “clases sociales”. Vulgarizando las nominaciones de esa composición, digamos que existen las clases populares, las clases medias, y las clases altas.
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En nuestra Mendoza, históricamente, el poder económico se repartió entre las dos últimas, aunque en diferentes etapas, el modelo de concentración económica, permitió siempre que la balanza se inclinara a beneficiar a las últimas, es decir, a las más acomodadas. No obstante este rodeo, en el plano de la ideología, la que siempre ha gobernado, ha sido la ideología y cultura de las clases medias. Sobre todo porque las ideas de “ascenso social”, a través de la educación, el dinero y el status, han cautivado a las mismas. Si a esto le sumamos el mito del inmigrante que se hizo de abajo cultivando la tierra, completamos el círculo áulico que simboliza ese tipo social.
El ethos del mendocino medio, decía, es el que se impone en el imaginario, es el que ocupa puestos gerenciales, de dirección en los negocios, titulado en la universidad o con trayectoria de comerciante pujante. Son estas trayectorias las que lo ubican en el sector de los “modelos sociales” a seguir. Creyente y poco practicante, adepto a la infidelidad de los jueves por la noche, bien vestido y perfumado, amante por lo general del rugby y de los restoranes de chacras. Ahora le gusta el vino, por el valor agregado que impuso el mercado a los varietales, pero siempre el Fernet con coca ha sido una marca de clase, un clásico del mendocino. Su plan de vacaciones tiene a Reñaca como destino tradicional. Allí, entre miles de mendocinos medios, esperará encontrarse con otros mendocinos medios, para dar fe se su mendocinidad media. A veces esquía, cuando puede.
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La Corte Suprema enciende una luz de esperanza en la selección de jueces
El mendocino medio es un devoto del auto nuevo y brillante. Se endeuda por su 4x4 o al menos, le saca lustre a su modelo 2000, de la marca que fuere. Algunos mandan a lavar su auto todos los sábados y otros prefieren el ritual de lavarlo ellos mismos, por la tarde, mimándolo. Le gustan las chicas rubias o que lo parezcan, quemadas, y no muy zafadas. No, perdón, ¡nada zafadas!. Aunque puedan enarmorarse de una de ellas, nunca rompen el molde. Si lo hacen, serán juzgados, y en ese caso, el amor no es más fuerte. Ser juzgado, para el mendocino medio, es lisa y llanamente ser excluido.
Prefiere la música internacional a la nacional, aunque a veces si el grupo nacional es muy difundido, puede que se compre el disco para sintonizar con la masa. Es apolítico, y su conducta electoral es más que variada. Votó a Menem en la segunda presidencia, a De la Rúa o a López Murphy, y puede que a Lavagna en las últimas. Votaría a Macri sin problemas, tal vez, si Mauricio se embalara. De los diarios nacionales le cae mejor “La Nación” para comprarlo un domingo. Aunque preferirá el centenario local en papel, que se le asemeja.
Está loco con las nuevas tecnologías. Que el ipod, el plasma, el último iphone, la notebook, el mp3 y mp4, el home theatre, entre otras joyitas para el placer del consumo.
Es macartista e irónico, quejoso como buen cuentapropista que si bien labura para ascender económicamente, siempre se mira el ombligo en toda crisis. Es muy predispuesto a la insatisfacción que luego no demuestra en organización social. Se mete pa` dentro y a lo sumo se encarga de castigar electoralmente al gobierno para que entre otro, que será nuevamente castigado electoralmente. En definitiva, pertenece a una clase o fracción social que nunca tuvo un proyecto colectivo propio para el resto, y esa es su mayor debilidad para transformarse en sujeto de transformaciones.
Está loco con las nuevas tecnologías. Que el ipod, el plasma, el último iphone, la notebook, el mp3 y mp4, el home theatre, entre otras joyitas para el placer del consumo.
Es macartista e irónico, quejoso como buen cuentapropista que si bien labura para ascender económicamente, siempre se mira el ombligo en toda crisis. Es muy predispuesto a la insatisfacción que luego no demuestra en organización social. Se mete pa` dentro y a lo sumo se encarga de castigar electoralmente al gobierno para que entre otro, que será nuevamente castigado electoralmente. En definitiva, pertenece a una clase o fracción social que nunca tuvo un proyecto colectivo propio para el resto, y esa es su mayor debilidad para transformarse en sujeto de transformaciones.