Opinión
Los pibes molestan
Los pibes de la esquina/
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Ahí van caminando, encorvados, los pibes de la esquina. Manos en los bolsillos, formando el puño, para anular el frío. Ahí van los pibes de la esquina encorvados con sus buzitos con capucha, caminando rápido, y cagándose de risa, vaya a saber de qué boludéz. Uno ríe y escucha a Pity Álvarez en su mp3, otro habla solo y le sale humo por la boca. El del faso pegado a sus labios, con baba de pibe. El otro, les cuenta que ya dejó la escuela y que la está pasando bárbaro con otros que no van a la escuela. Llegan a la esquina, al negocio de la esquina, y compran chiklets. Uno pide un atado de puchos, y el otro, una caja de vino. Se vuelven. Hacen el mismo camino de hormigas, y los para un móvil policial que les enciende una farola azul impactante. Se bajan tres policías y los palpan, los tiran boca abajo contra el capot del móvil, y los cagan a trompadas. Uno, tiene el vino entre el brazo y sus costillas, apretado, sin margen para caerse. El otro, escucha a Pity Álvarez, todavía. Mientras el tercero, les cuenta que ha dejado la escuela, y que la está pasando bárbaro con otros que no van más a la escuela.
Los pibes del micro/
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Cien pendejos y cien mochilas, todos apretujados en el micro, vuelven de la escuela. Son muchos para ese micro. Suenan los cien celulares a la vez y todos hablan a la vez. Todos ríen a la vez y gritan a la vez. Un solo viejo, sapo de otro pozo, sentado con el diario que tapa su cara, los relojea de costado, molesto. No entiende nada, de lo que hablan, de lo que escuchan, de lo que ríen. El viejo, lee atentamente los policiales. “un pibe de 18 años se ahorcó con sus cordones en una comisaría de San Carlos”. Vuelve la vista a los pibes y piensa, “están perdidos”. El viejo, pide permiso con voz cavernosa y llega como puede al timbre. Se baja y atrás lo siguen como 20 pendejos con 20 mochilas. Los piben quieren desesperadamente comer, y tiran sus mochilas en cualquier lado, en su casa. El pibe vive, así, su vida de pibe, molestando, como debe ser.
Los pibes de la cancha/
Abanderados en su pertenencia futbolera van los pibes a la cancha. El día se detiene en esos momentos de ficción, que no son más que música para los pibes del fútbol. La identidad barrial en los trapos reafirma el orgullo del origen. Una forma de revelar el ADN social ante tanto racismo de clase, en plan de banda. Caminando o copando los micros, van trepando calles. ¡Aquí estamos! Aunque en la semana se los quiera ver debajo de la alfombra. Limpian vidrios o cuidan coches, algunos hacen sus laburitos de noche para zafar la semana. La masa les da identidad desde el anonimato cruel. Pero son libres por unas horas. Ser parte de la masa es ser libre por unas horas. Ellos cantarán a morir su himno, el de su equipo. Y más allá del resultado, vuelven felices, porque sus aspiraciones no son las mismas que la de los otros. Estos quieren solo ganar, de lo contrario, putearán. Los pibes cultivan el aguante en las buenas y en las malas. Igual siguen molestando.


