Opinión
Memorias democráticas
A ver, señoras y señores, no nos hagamos los distraídos. Toda crisis tiene infinitas posibilidades de salida. Conceptualmente no hay una ni dos o tres, son múltiples. ¿Por qué? Básicamente porque no hay nada escrito que confirme el devenir, aunque si hay mucho escrito sobre lo que sucedió ayer y antes de ayer, y años atrás. Es decir, sobre la historia, que enseña o confunde, se escribió y se sigue escribiendo. En todo caso, para ser más precisos y achicar la brecha, hay tendencias posibles para toda coyuntura crítica.
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Entonces, esta crisis, instalada con un talante inédito en el país, tendrá alguna de la infinidad de salidas. ¿Acaso una de ellas podía-puede ser un golpe económico-civil?. ¿Delirio? No. Hagamos memoria. Alfonsín asumió en diciembre del 1983 con una fortísima legitimidad social. No enfrentó con dureza a ningún sector que se le plantó, y por ello terminó cayendo mediante un golpe económico de los denominados “capitanes de la industria” en aquel momento, 1989, antes que termine su mandato. Recordemos, antes, les había concedido la sanción de la ley obediencia debida a los “carapintadas” y nos ofreció una “Casa en orden” que luego explotó en mil pedazos, juntos a sus huevos de pascuas. Por ello asumió Menem, anticipadamente, para tomar la posta. Y el poncho y las patillas de Menem, la liturgia populista que caracterizó su pintoresca y gauchesca campaña interna contra Cafiero aquel 9 de julio del 1989, cuando le ganó la interna peronista a la socialdemocracia de Cafiero, se la tuvo que guardar en el museo de Anillaco, pasado el primer año de gobierno.
Los grupos concentrados, rápidamente, asaltaron el poder y le impusieron el rumbo a su gobierno, y el mercado financiero hizo de las suyas gracias a la convertibilidad pergeñada por el inefable Cavallo.
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Entonces, Menem, se transformó en el reaseguro de aquellos intereses y profundizó lo que conocimos como “neoliberalismo salvaje”. Las consecuencias, ya se ha dicho mucho, aunque no viene mal recordarlo: privatizaciones, desocupación, desmantelamiento del aparato productivo nacional, aumento exorbitante de la deuda externa, alineamiento carnal con EEUU y las recetas económicas del FMI.
En ese marco, surgieron grupos sociales desclasados que pujaron por inclusión, “los piqueteros”, hambreados y sin trabajo. Se formó una resistencia sindical paralela a la CGT oficial de Daher, que encarnó Moyano (CGT disidente). Ellos cortaron rutas y calles, y las clases medias y altas los despreciaban por sus métodos. Fueron duramente reprimidos, de verdad, con palos y balas, y hubo muertos. ¿Se acuerdan?.
Dos periodos de Menem fueron suficientes, y ante el desgaste y la crisis que asoló al peronismo, apareció una Alianza demacrada, aunque esperanzadora para la sociedad argentina, con un De la Rua que no supo que ejercía la presidencia. Luego de la renuncia del vicepresidente Carlos “Cacho” Alvarez, y ante el desmanejo del ejecutivo, al gobierno le cayó un golpe financiero asestado por capitales golondrinas, que tienen la característica de no tener patria ni bandera y por ello emigraron. Corralito y a la bolsa, más de 30 muertos. De la Rúa duró apenas dos años en el cargo y tuvo que escapar en helicóptero, sin apoyo popular.
Desde las jornadas de diciembre del 2001, el país lentamente se empieza a recuperar, timoneado primero por Duhalde y luego por Kirchner, quien, con una bajísima legitimidad (23% de los votos), comenzó a construir capital político para gobernar. Se hicieron cosas importantes en materia social y de derechos humanos: los más pobres siguieron pobres pero algo les llegó, las clases medias se volcaron al consumo, que es lo que quieren siempre, y los más ricos encontraron la forma de seguir acumulando capital, bajo otro patrón de acumulación.
Ahora bien, en el marco de la economía internacional, y gracias al sostenimiento del dólar por el banco central, un sector social que hoy sale a la luz, ¿nueva burguesía agraria? creció de manera importante. Este sector, hoy no admite pagar un impuesto por su “renta extraordinaria” solo posible gracias a proceso devaluatorio que sobrevaloró el precio de la tierra y el precio internacional de los productos agrarios, entre ellos, principalmente, la soja.
Los beneficiados de la pampa húmeda, el interior históricamente más rico que el otro interior profundo, hoy someten a la población a un desabastecimiento inédito para el país por 100 días. La oposición política, democrática y antidemocrática, se suma a la patriada gaucha, los muertos vivos reaparecen y con ellos, los vivos muertos. Algunos piden que se vaya el gobierno, otros que llamen elecciones anticipadas. Los más prudentes, exigen que se traten las retenciones en el congreso. Bueno, allí fueron las retenciones, o mejor, la resolución 125 sobre retenciones móviles.
Es hora de discutirlas y de transformar en ley lo que de allí salga. Y debe ser democráticamente acatada. Empecemos de cero, democracia con más democracia. Pero no perdamos la memoria ni nos tomemos un garombol.

