Opinión
¿Quién ocupa el vacío de "los sin padre"?
El día del padre reencuentra en una liturgia a toda la familia. Pone en valor la figura del ahora devaluado “sostén” de familia. La estatura simbólica del padre ya no es la misma que décadas atrás: el progenitor que llevaba el pan a la casa producto de su trabajo, mientras su esposa cuidaba a los chicos, se ocupaba de su educación y tareas hogareñas. Era ese padre un sujeto social en una estructura productiva diferente que lo sostenía. Hoy el padre, tiene más un valor simbólico para otra estructura que lo sustenta. Es otro padre, quien desde hace un tiempo comparte funciones con la mujer en el hogar, y ella también lleva el pan a su familia.
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Pero es el día del padre, y se festeja “al hombre”, a la masculinidad familiar, en un ritual que contribuye a cohesionar a la familia. Esta reflexión está centrada en una figura del padre erigida como ideal de responsabilidad social y cultural en la comunidad. Ahora bien, ¿Qué pasa cuando no hay padre? No porque este haya fallecido o esté de viaje, trabajando en otro país o provincia, para mandar una plata al hogar, sino cuando el padre está ausente.
Recuerdo una película brasilera, “ciudad de hombres” (Cidade dos Homens) primero realizada como serie de TV por Kátia Lund y Fernando Meirelles, (directores del impactante thriller “Ciudad de Dios”) y luego llevada al cine por Paulo Morelli, donde se plantea el desamparo en las favelas de Río de Janeiro, dominadas por padres simbólicos, “las bandas” de la mafia y el narcotráfico que son las que socializan a los niños y niñas en la vida, muchos de ellos sin referencia paterna o padres ausentes. Allí, dos adolescente amigos desde la niñez, Acerola y Laranjinha, ambos sin padre, se meten a hurguetear en sus historias para buscar al padre de Laranjinha.
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Es su amigo Acerola quien incita la búsqueda, en ese camino angustioso, recorriendo casas y parrillas preguntando por Heraldo, el padre de chico. El drama se desarrolla cuando descubren que Heraldo está en la cárcel por homicidio. Aun más trágico será el desenlace cuando se enteran que, a quien mató Heraldo, es al padre de Acerola, su mejor amigo, en un intento de robo a su tienda de comidas. La información es proporcionada por una de las “bandas” que gobiernan la favela del cerro y ello llevará a que los amigos se separen en la tribus que los cobijarán (amigos sin padres por aniquilación mutua, uno muerto y otro en la cárcel).
¿Quién es el que asume el papel amo-padre en estos casos?. Ahí nos encontramos con un “vacío social”, propio de sociedades fragmentadas social y culturalmente, donde el Estado casi no llega, y si lo hace, tibiamente a través de la Escuela, nunca su intervención es suficiente para cumplir acabadamente con la contención afectiva y social que requieren esas situaciones. Niños sin padres en el día del padre, es decir, niños sin Estado en el día del padre. El padre, entonces, se desdibuja en todas sus dimensiones y ese vacío es asumido por “alguien”, siempre un “significante” aparece para completar el vacío, que es angustia inexplicable. Como no hay respuesta emotiva que calme a la angustia, el padre, será buscado en referencias de autoridad proxémicas, tribales y cercanas.
El “guacho” es la figura degradada y utilizada en el vocabulario popular para nominar al abandonado por el padre, que lo es también socialmente. “los guachos”, “los guachines”. Estigmatizado, el guacho es hijo de una madre soltera en el imaginario de raigambre popular, machista, que salva al hombre para condenar a la mujer, doblemente juzgada por la moral social. En la mesa del domingo, en muchos hogares no habrá entonces padre real, sino simbólico.

