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Opinión

"Ha muerto una gran mujer"

El sábado 3 de mayo murió Laura Araujo, periodista mendocina. Se fue con 34 años mientras hacía su programa de radio en Rock and Pop. Sus oyentes fueron los últimos en escuchar su voz. Hizo música, radio y gráfica, convirtiéndose en una singular vocera del rock local. Una pendeja excepcional, inteligente y con una gran sensibilidad. Nos queda la angustia que deja su vacío. En esta nota-homenaje, una extensa entrevista inédita a la chica de negro que impuso un estilo de radio.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

“A los funcionarios vas a reclamarles algo y te sacan a relucir sus 15 minutos de transgresión cuando eran jóvenes”

En el marco de una investigación sobre “la historia del movimiento del rock mendocino”, que culminó en la edición del libro “Extramuros” (2001), nos juntamos a charlar con Laura, en un café de la Galería Charif, en pleno centro mendocino. Estuvimos cerca de tres horas escuchando a Laura Araujo, quien nos relató su historia personal con el rock, su participación en distintas formaciones musicales, además de sus actividades ligadas al periodismo, el arte y la cultura. Opiniones sobre política y cultura, periodismo de espectáculos, y su visión de como se sobrevivía culturalmente en los años noventa. Tenía apenas 23 años aquella noche de noviembre. Aquí les ofrecemos el texto completo de la entrevista.

Entrevista realizada el miércoles 19/11/97
Por Marcelo Padilla y Víctor Etepa.

 

- Contanos cómo ha sido tu vinculación con la música, tus comienzos, cuáles fueron esas circunstancias.

- En la música en general, porque tengo dos vetas, la periodística y la de cantante. Yo empecé cantando en un coro de niños y esa fue la primera vinculación que tuve con el canto. Cuando cumplí once años, en el ´84, en mi casa me regalaron un grabador, era la época del boom de los grabadorcitos con casettes. También me regalaron tres casettes, los típicos compilados del rock nacional que te regalan tus viejos que no tienen la menor idea del rock. Había temas de (Juan Carlos) Baglietto, José Luis Rodríguez, era el momento de toda la explosión posterior a la época del proceso, así es que mamé todo eso y ahí empecé a escuchar rock nacional. De más chiquita había escuchado a ABBA, Rafaela Carrá, y todas esas cosas, y cantaba, boludeaba en mi casa, me disfrazaba, todo eso. Después, entrando en la adolescencia, a los 12 ó 13 años, es la gran revolución, cuando empiezo a escuchar mucha música y a leer también.

Lo que me marcó fueron las trasmisiones de la Rock and Pop en Mendoza. Comencé a comprar revistas como la Rock and Pop, la Pelo, la Canta Rock, inclusive fui a unas clases de guitarra y saqué un par de canciones. Fue una época, la entrada a la adolescencia, que me la pasaba encerrada en mi casa escuchando la Rock and Pop, leyendo la Rock and Pop y recortando las figuras y pegándolas en mi pieza. Me dio como una histeria de la información, sólo quería escuchar música y leer y era una especie de grabadorcito que sabía fechas y nombres y la formación de los grupos y hablaba todo el día de eso. Era insoportable, nadie entendía nada. Durante toda la secundaria seguí con toda la veta informativa y en la de “tragar” información, pero nunca “escupí” eso, nunca escribí ni hice nada.

Después tuve como toda una época medio estúpida de noviecitos, bailecitos y todo eso, y me desligué de toda la historia de hacer música. Hasta que, como a los 16 años, me dio como un ataque que no me bancaba el colegio, iba al Martín Zapata que es como una cárcel, un asco. Entonces volví a todo lo que había dejado, a cantar y qué sé yo, buscaba desesperadamente cantar en algún lado. Pero como el medio en el que estaba no me ayudaba para nada, estaba medio frustrada. Cuando salí del colegio hice otras amistades. Entré a la facultad de Ciencias Políticas y Sociales que para mí fue, viniendo del Martín Zapata,  ¡uau!, como Woodstock. La gente era totalmente distinta, estaba todo bien, la gente no tenía ni medio drama. Después me desengañé de nuevo (se ríe), pero en un principio era así. Ahí armé la primera banda: La Tarántula. Pero antes de esto olvidé que, estando en 6º año de la secundaria, hice los coros en una banda llamada Karma, que después cambió su nombre  y ahora se llama Búfalos Mojados. Con Karma actuamos y mi participación era estable.

Lo que pasa es que yo tenía como toda esa cosa que no me bancaba la historia del coro. No es que deseara mayor protagonismo sino que veía la cuestión como una cosa machista. Decían “... sos mina?, bueno vas al coro ...”. Salís a tocar y te tenés que poner escotado y yo siempre salía tipo monja. Mis compañeros me reputeaban, me decían “¿por qué te vestís así? ponéte más linda!”. Y era toda una cosa de rebeldía porque me jodía muchísimo, me jodía sobremanera toda esa cosa machista de “una minita del coro”.

- ¿Qué estilo hacía Karma?

- Era la época de explosión del grunge y enfilaban más o menos para ese lado, pero más pop. La experiencia con esta banda debe haber sido en el ´91 ó ´92. En el ´93 entré a la facultad y ya no tenía esa banda. Yo había empezado a estudiar Comunicación (Social) y una amiga de mi vieja, Margarita Castro,  me ofreció un espacio en una radio para hacer un programa, le pareció que yo podía hacerlo porque me gustaba mucho el rock. Yo hacía mil años que estaba alejada y nunca había hecho una producción. Me mandé, medio de inconciente, porque era un programa en el que estaba sola, no tenía experiencia ni del periodismo ni de nada, y bueno, me mandé. El programa salía por la Siglo XXI (FM) todos los sábados a la siesta. Esa fue una época en que empecé a descubrir otras cosas. Cuando era más chica, tenía conocimiento teórico de todo lo que pasaba, sabía que existían Los Berp, los Kinder (Videla Menguele), todas esas bandas, y las únicas veces que había visto bandas había sido en la calle, cuando Alcohol Etílico, La Montaña,  tocaban en la calle, y era una cosa más de lejos. Inclusive los chicos con los que toqué estaban como alejados del ambiente. Con el programa empecé a tener un contacto más cercano.

- ¿Ya habías armado La Tarántula cuando empezaste en la Siglo XXI?

- No, eso fue después del programa de radio. El programa duró como medio año, no recuerdo bien, pero fue lo típico, no tenía anunciantes.

- ¿Cómo se llamaba el programa?

- Se llamaba (se ríe) “Indigo rock y roll”, un espanto. Me gustaba como sonaba, me gustaba el color y  que era una cosa híbrida e indefinida. Era un programa que hablaba de la historia del rock ..., en realidad no tenía una línea muy definida. Por ahí me pintaba hacer humor y lo hacía, aunque saliera una cosa malísima. A veces iban músicos y hacíamos el programa con ellos. Lo conducía sola, por eso digo que era muy inconciente, muy caradura, porque de estar aislada, en mi pieza, con mi nube de pedo,  de repente tener la caradurez de hablarle a la gente que supuestamente ya está dentro de un ambiente ... yo tenía claro que no iba a hablar como la mina que tenía reclaro todo lo que pasaba con el rock en Mendoza.

Así también tenía una visión muy ingenua de todo. A veces iban los pibes al programa para hacer una entrevista y me gastaban todo el tiempo, no gastada de mala onda, pero yo no sabía cómo contenerlos, me afanaban el micrófono, puteaban, después venía el dueño y me cagaba a pedos a mí (se ríe). Era toda una cosa muy rock and roll (se ríe).

- En ese tiempo, ¿qué otros programas había sobre el tema, qué pasaba con los medios?

- Más que todo recuerdo a amigos que tenían programas. Ahora hay toda una explosión, por más que esté todo muerto, hay un mayor acercamiento de los pibes hacia el rock. Pero en esa época era medio raro que una mina estuviera conduciendo un programa. Entonces me llamó otra piba y me dijo que ella también tenía un programa en la Cóndor (FM), que le parecía copado, y me quería conocer. Nos juntamos, tipo cita a ciegas, sin conocernos. Esta mina era todo un caso porque era metalera. Sabía todo del metal y tenía una banda toda de chicas que hacían metal. Ella se llamaba Claudia Pérez y no recuerdo bien el nombre de la banda, era algo parecido a Warran, algo con “a”.

Ella me conectó con otra gente. Allí lo conocí a Omar Contreras que en ese momento hacía en Olivos (FM) “El arte de la rebelión”, al “Leo” Otamendi que estaba con él y que después estuvo en la Universidad Nacional de Cuyo (FM). Me hice amiga de un montón de personajes: el Alberto Bistué que recién empezaba a escribir y ahora tiene un programa en la Universidad (FM), el Laureano Manson que hace cursos de cine, un montón de gente. Sólo recuerdo a esta gente. Sabía que se hacían programas en la Universidad Nacional de Cuyo, sabía de algo en la U.T.N., en la Siglo XXI que se estaban haciendo un par de cosas, en la Olivos y después no conocí nada más. Paradójicamente, nunca escuché mucha radio porque no me banco la radio de acá, prefiero escuchar música. En esa época comencé a ir siempre a La Bóveda (pub, Belgrano 1780, Godoy Cruz), y ya ahí me  quedé, me instalé.

- ¿Desde tu protagonismo en los medios  y como integrante de un grupo, cuál es tu opinión sobre el rock mendocino de los ´90?

- Seguramente si más adelante leo la opinión que les voy a dar ahora, me voy a arrepentir porque estoy en un momento muy escéptico. Me doy cuenta de que he ido variando mis concepciones sobre el rock en Mendoza. Desde tener una visión sumamente optimista a creer que todo es una mierda, a agarrármelas con el público, con los músicos, he ido paseando así. Creo que todos hemos pasado por lo mismo porque realmente te comés garrones todo el tiempo.

- ¿En qué estaba fundado tu optimismo?

- Un ejemplo grosso es lo que ocurre ahora con Karamelo Santo, que nos está diciendo que tal vez tengamos que dejar de quejarnos, hacer las cosas más profesionalmente y si crees en lo que hacés y te mandás podés llegar a algo. Siempre y cuando tus parámetros del éxito y de sentirte bien sean los que tuvieron los chicos, que sus parámetros de éxito eran tomarse el palo de Mendoza, salir en la MTV, etc.

Ahora, si tus parámetros se quedan en lo que hacés, y si tu felicidad está en encerrarte en una pieza y ensayar hasta morir con cuatro amigos, sin tener ninguna expectativa de ser reconocido por un montón de gente, también está fenómeno quedarse acá en Mendoza. Mendoza para mí es eso, es un lugar fenómeno de acuerdo con las expectativas que tengás o puede ser un lugar patético, frustrante y terrorífico. Si querés que te reconozcan, te tengan en cuenta, entonces te tenés que ir.

Fijate lo que pasó con Karamelo Santo en su último recital, que hicieron en una playa de estacionamiento y al que fui: estaba lleno de gente pogueando, que los aclamó como si estuviera viendo a Divididos o Soda Stéreo. Eso lo interpreté como que se dio porque, más allá de que los chicos están sonando bien y han tenido una evolución, han sido reconocidos fuera de Mendoza, creo que sino no generarían todo eso en la gente. Porque además hay como todo un prejuicio pueblerino por todo lo que se hace acá. Y lo otro que veo yo es que hay una contradicción en todos los que estamos en esto y es, por un lado, una actitud de quejarse todo el tiempo, que la gente no te da bola, que el público, que esto y lo otro, y al mismo tiempo, te encerrás mucho en lo tuyo, en tu mundo, consumiendo información de lo que te interesa solamente y después, cuando vas a volcar todo eso en tu música, achicás cada vez más la brecha de gente que puede escucharte.

Entonces no podés salir después a quejarte y a pretender que vayan a tu show 300 tipos. Lo ideal es que vayan 20 que están informados de lo que vas a hacer y de lo que querés decir y que lo disfruten. A mí lo que me rompe profundamente es que acá no tenés una estructura mínima. Porque la idea es ser feliz ¿entendés? La idea no es salir y deprimirse y putear y tocar mal y juntar a la gente y ser el genio no comprendido. Lo más inteligente sería que fueran a escucharte 10 tipos y en esa media hora fueran felices ellos, y vos, y tu banda, y punto.

- Es una visión un poco bohemia de la cuestión.

- Por eso te digo que depende de las expectativas que cada uno tenga. Yo sería feliz con esa mínima estructura. Pero no la tenés. Te ponen palos en el camino todo el tiempo, es una cosa de Mandinga, es “la maldición del Desaguadero” como dice Javier Segura (risas). Es de terror. Porque van 10 tipos, pero con 10 entradas no pagás el sonido, vas para adentro, entonces decís “¿cómo es la cosa?” ¿tenés que pagar para sentir media hora de placer? mejor me quedo en mi casa ensayando, alentándonos entre nosotros “qué bien que cantás! qué bien que tocás!”, es patético (se ríe).

- ¿Qué grupos mendocinos reconocés de los ´90, aparte de Karamelo Santo, que se estén destacando, que prometan?

- Siempre me han gustado grupos que han tenido una evolución o que han propuesto algo nuevo para el momento pero que casi nunca han tenido continuidad porque no se han bancado esa incomprensión de la gente. Eso a mí también me rompe, que la gente no sea capaz de abrirse, que todos tengamos una careta. Esto es algo de lo que me ha hecho tan escéptica: que sean 500 personas las que te siguen a todos lados, hagás lo que hagás, pero de acuerdo a lo que ellos vean lo que es la moda, mientras sigas esa moda te dan bola. He estado en la Explosión de Arte Joven y éramos las mismas caras de siempre, es como las navidades con tu familia, que no tenés nada de qué hablar y hablás siempre de las mismas pelotudeces porque no te ves nunca y mantenés la careta. Eso me parece un estancamiento, algo patético, y encima somos todos pendejos! Me parece terrorífico eso, esa comodidad, ese estancamiento en esa postura guarra al pedo, porque no hay rebeldía para nada, es como querer quedar bien con tu par todo el tiempo, tratar de no salir de ese personaje, de que esté todo bien, ... “todo bien, todo bien, vamos a fumarnos un porro”, esa falta de lucidez a mí me enerva y más porque son pibes de mi edad.

Y creo que a partir de esa falta de lucidez hay muchas bandas que se cansan, porque son de carne y hueso y no podés estar siempre con la bandera ahí. Hace poco, en la Explosión de Arte Joven, escuché  una banda que se llama Simulcop que me gustó mucho. Prozac era una banda que me alucinaba. Me gusta mucho 203. Había una que se llamaba Los Días Felices que me gustaba mucho, recuerdo un festival donde les dijeron de todo, eran los tiempos en que estaba de moda lo pesado, la distorsión y qué sé yo y aparecieron éstos, que eran toda gente muy florida, con un humor muy sutil, muy fino y las letras muy copadas y ... bueno, la gente no les dio bola y los puteó muchísimo.

En su época, me gustaban Los Salvages Unitarios. Me parecía una banda con mucha personalidad, me gustaba lo que hacía el cantante (Marcelo “Marmat” Padilla) en el escenario, donde se cagaban un poco en esas posturas tan solemnes y rígidas que tiene el rock mendocino, hacían lo que les pintaba realmente y por ahí no tenían respuesta de la gente. También está ese detalle, no se entiende que en el escenario podás actuar, si sos músico tenés que adoptar toda esa cosa solemne. En ese sentido yo digo que el rock mendocino es machista, que tiene esa cosa masculina, solemne, no podés divertirte en el escenario, ni disfrazarte, ni pintarte, ni nada. Si sos mujer y aparecés así, sos una loca y te gritan de todo; y si sos pibe y aparecés así, sos puto, y no te toman en serio. Y la gente va a aburrirse a los recitales, no va a divertirse, va a criticar, a quejarse, a hacerse problema, a ver cómo pifian las notas los músicos, a ver si desafinaste. La única forma para que se diviertan es abombándolos con música para que los pibes hagan pogo, se peguen y no tengan tiempo de pensar qué es lo que vos les proponés. Esa cosa así, de violencia, la violencia al pedo, que no parte de las emociones que te propone la música, de conmociones de la conciencia por lo que estás escuchando, por las letras, parte de una violencia al pedo, desenfrenada, de no pensar, de ir y aaaaaah  uuuuuuhg, pongámonos en pedo, matémonos todos.

- Lo que estás describiendo es una característica que no se ha dado en otras épocas, que no nos ha comentado gente que hemos entrevistado de otra generación: cómo asume el público el consumo de rock, cuál es la actitud. ¿Eso que vos nos comentás es lo que pasa en los recitales actualmente?

- Sí claro, pero antes siempre había como esa cosa así, de distancia, y además, eso como de encuentro social, vas al recital no a escuchar a la banda sino  a encontrarte con tus pares. Además, no vas a ir a bailar a Chacras (de Coria, Luján) o a tomarte un café a la peatonal.

- De todos modos, eso de tomarlo como un encuentro social también tiene que ver con cierta identificación de la gente con el estilo del grupo, si no se iría a bailar.

- Exacto, exacto. Una cosa genial que pasó hace poco, cuando todavía estaban Panoramix (disco, El Challao, Las Heras), y el Índigo (bar dance, Colón 41, Godoy Cruz), es que se empezaron a dividir las aguas. En el Índigo se hacía una fiesta que se llama la Jungle Trip y en Panoramix hubo toda una onda más rock and roll. Entonces los chicos se repartían y estaban donde más les gustaba. En el Índigo, las nuevas tendencias, lo más alternativo y en Panoramix lo más clásico.

Eso es algo que se fue dando, en el Índigo comenzó a hacer estas fiestas el “Gato” (Carlos Horacio) Amuchástegui, que ahora es el dueño de El Rincón del Poeta (pub, Alberdi 456, cdad.) y lo de Panoramix ya funcionaba con anterioridad. Entonces, si tocaban los Peligrosos Gorriones en Panoramix, yo iba. Pero ¿qué pasaba? me tenía que comer cuatro horas con los pibes vomitándome en la nuca (se ríe).  Pero ¡ojo!, no es que yo tenga una postura moralista o anti rock and roll, ¿queda claro? lo que me revienta es la anti-lucidez, perder el tiempo en una rebeldía al pedo, donde no generás nada, no canalizás toda esa energía en hacer algo en esta provincia.

- ¿Qué expresaría el rock en Mendoza en este momento, a nivel cultural, intelectual?

- No sé qué contestar a esto. Si somos ingenuos y pensamos en lo que fue en un principio el rock, que era esto de transformar y de promover una conciencia crítica en los pibes, etc, etc, me parece que los únicos que en este momento están un poco así, como hinchando las pelotas, que se animan a bancarse las puteadas de la gente que dice “... ¿pero este pibe qué está haciendo? ...”, son los pibes de la 203.

Lo único que tengo claro es que ellos están moviendo algo. Están con las maquinitas y hacen la de ellos. Su estilo es electrónico, pero han tomado una postura bastante transgresora para lo que está acostumbrado el público. Son dos nada más, con sus consolas, sus botones, sus aparatos y van zapando en vivo y van haciendo ambient, por ahí algo de jungle y si les pinta se ponen 15 minutos con un ruidito y la gente no entiende nada. Pero esa forma de provocación me parece que genera otras cosas, que la gente se pregunte, tenga otros interrogantes. Lo que me gustó de la Explosión de Arte Joven es que ví mucha gente nueva, bandas nuevas como Simulcop, o la Eloísa López que hace tangos electrónicos, con sintetizadores y canta también; otros chicos con una onda así, brasilera; otros que hacían hardcore, pero nuevos.

Y esa renovación a mí me gusta porque veía como un estancamiento similar a lo que pasó a nivel nacional después de la explosión que fue el Nuevo Rock Argentino, cuando estábamos esperando íconos grossos, algo como Soda Stéreo o Virus en los ´80, esas bandas y ¿qué pasa? todavía estamos esperando, las bandas se quedaron. Escuché el último de los Gorriones y me encanta, son unas canciones hermosas pero estaba esperando “el tercer disco” y siguen haciendo lo mismo. Y está todo como muy en la forma, al final te sigue conmoviendo lo clásico, como (Luis Alberto) Spinetta, el disco más infeliz de Charly (García) o de Los Redondos (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota). Y Mendoza también se ha estancado a pesar de haber tenido bandas como los Karamelo, Camisones -ya disueltos- o In Puribus, que generaron cosas tan importantes como las que hicieron otras bandas en otros lugares.

- ¿A qué atribuís ese fenómeno de estancamiento que sería como una característica que se aprecia desde el ´93 ó ´94 en adelante?

- En algunas bandas es una falta de creatividad. En otras, es una falta de estructura que se banque esa evolución, acá en Mendoza. Por ejemplo, In Puribus era una banda que cuando comenzó en La Bóveda era un asco, no se podía escuchar. Después los pibes se metieron a ensayar, no sé qué hicieron, y ahora suenan impresionante. En la época anterior a que se fuera el “Piro” (Pedro Rosafa) era increíble cómo estaban sonando, y ahora que entró Gustavo Banco me gustan mucho más, me gustan las cosas que hace, el gusto que tiene.

Me parece que esos chicos han evolucionado un montón y ya tienen que irse, despegar, no sé quién puede quedarse aquí, a no ser que vengas como David Lebón y te vayas al campo a reposar. Acá tenés metas muy acotadas, tenés un techo, ¿qué podés hacer? tocar en el Pulgarcito (Parque Gral.San Martín, cdad.), no sé, lo máximo será tocar en el Independencia (Chile 1184, cdad.). Creo que lo máximo es tocar de telonero de alguien que viene de Buenos Aires. Y eso es bastante malo porque hay como todo un mito con el tema y  muchos grupos de acá tocan mejor que las bandas para las que hacen de teloneros.

Hay ejemplos, acá en Mendoza hay músicos de puta madre y han venido bandas de Buenos Aires horribles, que directamente han tocado mal y las bandas locales les han pasado por encima. ¿Y qué hacemos con eso? querrá decir que es algo del destino, que si los pibes hubieran nacido en otro sitio ahora estarían en otro lugar. También me parece que acá no hay un respeto por los músicos mendocinos a menos que tengás un reconocimiento afuera, como es el caso de los Karamelo, o del Mario Mátar, que creo que si no respetás al Mario es porque sos un estúpido y tenés un toscano en la cabeza y en la oreja.

- Nombraste a 203 que hacían máquinas, ¿qué hace Simulcop?

- Hacen pop, pero medio con una trampita, porque hacen un pop bastante tradicional pero  han puesto a un pibe con unos teclados, con una pinta medio sónica, que hace unos coros sónicos, con unos ruidos así y suena todo moderno. Pero es muy tradicional lo que hacen, aparte muy “spinetteanas” la forma de cantar y las letras.

- ¿Y qué tendencia estarían marcando esos dos grupos que te gustaron o los grupos que representan esos estilos?

- A Simulcop los vi como faltos de una postura, como tocando para la gente, para ellos mismos y no para los colegas. Además en las letras vi un sinceramiento, como querer decir “esta letra la hice porque me pasó tal cosa y sentí tal cosa” y cagarse un poco en las bromas que les podía hacer la gente. Porque ese es otro tema:  como los músicos son amigos del público, y también de los periodistas que son público, y además los músicos también son público, está todo muy mezclado, tenés que tener muy en claro tu impronta, tu arte, o lo que sea, para poder pasar sobre eso, sobre todo si son tus amigos,   creo que toda opinión ajena te desorganiza, es así. En Simulcop vi mucha sinceridad. Y eso para mí fue lo fuerte y lo renovador: que era muy sincero lo que proponían.

Esas cosas son las que están fuera de tiempo, fuera de las modas, son los clásicos, lo que se hace de forma sincera. Y 203 es lo que te dije antes, animarse a hacer la de ellos y que no les importe si van tres o cuatro.  Las dos veces que tocaron tuvieron la suerte de que fue mucha gente. Una fue una fiesta que hicimos nosotros (la revista Beztiario) y que promocionamos: “203 ex-Prozac” entonces fueron todos. Y fue muy gracioso verlos (al público) en una postura de no entender nada pero no decir nada tampoco, ¿cómo en un lugar tan moderno vas a decir que no entendés el código? es un papelón. Para mí fue un placer maligno ver que no entendían nada y que se estaban embolando muchísimo pero todos se hacían los copados. Era como decir “ahora bánquense otra cosa y déjense de joder”.

- ¿Qué relación podés establecer entre la política mendocina y el rock?

- Oh ... ¡mierda! ¡mierda! y ¡mierda! Una vez fuimos a hablar con el Willy Romero, de la Municipalidad de la Capital, porque nosotros tenemos un auspicio de ellos en la revista  y nos lo querían levantar cuando se armó todo este quilombo de la reina de la vendimia. Queríamos aclarar un poco las cosas porque sabíamos que nos habían botoneado de la municipalidad y no queríamos que se generara toda una situación imbécil al pedo. Y este tipo tuvo una postura que creo que es la que tienen todos los políticos que están en cultura. Me dijo: “esta es la única repartición de las instituciones del gobierno que se anima a poner un afiche del Che Guevara; y yo cuando era joven era transgresor, era esto, era lo otro, yo me banco a los travestis, me banco la transgresión, me banco a los borrachos, pero como institución no puedo bancar a una revista que le haga esto a la reina de la vendimia”.

Yo lo entiendo, porque es un político y tiene que cuidar su ranchito y todo eso, pero a lo que voy es a que todos tienen esa postura. Vas a reclamarles algo que te parece justo y te sacan a relucir sus 15 minutos de transgresión cuando eran jóvenes y que fue tirarse un pedo en la plaza Independencia cuando no los miraba el policía. Y con eso emparchan todas sus forradas, el no darle bola a nadie que no les convenga políticamente. En esa entrevista le dijimos “pero nosotros hemos hecho estos eventos con la revista, que fueron íconos muy importantes, y nunca te vimos participar, a pesar de que nos estás diciendo que apoyás la cultura joven” y nos salió con que estaba preparando un recital en el que -casualmente- tocaba mi banda y realmente era mentira que lo estuviera organizando él. Después estuvimos en una conferencia de prensa con (Andrés) Cascioli de la revista Humor y tuvo el tupé, mirá que palabra senil que uso, de repetir como propias nuestras palabras y posturas. Nos dio una especie de alergia, de decir ¡qué hijo de puta!

Me parece que la política en Mendoza es como en todos lados, es el doble discurso a la décima potencia, es hipócrita. Y cuando ayudan, lo hacen mal, y si lo hacen es por una conveniencia política, por las elecciones, la fiesta de la vendimia o la puta que lo parió. Te pagan, vos hacés el esfuerzo para hacer la promoción, tocar, y ellos llegan a último momento y te cuelgan atrás la banderita que dice “municipalidad del orto no sé qué” y figuran y después dicen “nosotros hicimos tal cosa”.

- Cambiando de tema ¿cuál es la composición social del público en los recitales en los últimos años?

- Creo que hay de todo, está mezclado, pero en general las bandas más pesadas llevan un estrato más bajo, bandas como Séptima Plaga, Kaspar Hauser, por ahí Los Camisones, cuando tocaban. Y las otras bandas, las que hacen música electrónica, llevan lo que yo llamo el reviente de guita, que son todos pibes de mucha plata pero con una onda muy reviente, lo cual “le da otro nivel, qué se yo”, “otra cosa viste?” (risas). También veo, y van a decir que soy re-agreta porque critico todo el tiempo todo, que en los recitales donde va mayormente la gente de menos recursos se ve una onda de reviente al pedo y esas características muy fascistas, de no aceptar al que va vestido de otra manera o no se mete en el pogo o que tiene otra onda; o si es un festival y el grupo anterior al que ellos van a ver hace pop, olvídate. Esa cosa fascista está. Y en la otra, la de la gente con más guita, veo que hay mucha forrada intelectual, como de hacer un culto de todo, de decirte “viste la última película de no sé quien”, toda una cosa muy impuesta, son todos cinéfilos, leen tal libro, tal revista, son consumidores feroces de información, y tenés que estar todo el tiempo hablando de eso.

Además están todos al palo, hablando a mil, y tenés ganas de decirles “bueno, pará, ¿cómo estás?, seamos personas un segundo”. Tenemos todos la careta de ser más “progres”, más tolerantes y es una careta falsa, porque nunca hay una detención para vernos como personas, ver qué nos pasa, si nos pasa algo, siempre está esa cosa de la careta, y todos son un personaje: el reventado, el no sé qué  y así todo. Eso es lo que más veo en el público, lo que puedo rescatar. Es lo que más me molesta en todos los ambientes: la impostura.

- ¿Cuál es el circuito actual que tienen las bandas de rock para tocar?

- Ahora están tocando en Arpiem en el Acceso Este, lateral Norte. También en El Escaramujo (pub, Av.San Martín 45, cdad.), donde yo tuve una experiencia horrible, no piso nunca más ese lugar, porque se agarraron a piñas unos chicos en una fiesta que organizamos nosotros y fui insultada por el dueño y algunos chicos que estaban en el lugar. Toda la gente toca ahí porque no les queda otra, a pesar de que saben que son todos policías y está todo mal. Hay otro lugar que es loquísimo, se llama El Tala.

Queda en calle Garibaldi (cdad.), una cuadra más allá de Canal 9, en la parte de abajo hay un lugar de comida vegetariana, donde han tocado bandas de rap y otra gente, y arriba hay un salón de yoga. En Guaymallén estaba La Tienda (pub, Libertad 452, Guaymallén). En la Asociación de Actores tocó la Victoria Di Raimondo, pero ella hace tango, más tranqui. Esto quiero que conste: después tenés los lugares como Subsecretaría de Turismo (Av.San Martín 1143, cdad.), el Adolfo Calle (auditorio, Primitivo de la Reta 1042, cdad.), la plaza Independencia y algunos escenarios eventuales que te ponen los municipios. Entonces está pasando lo mismo que en Buenos Aires, por un lado cierran los lugares donde se puede tocar y por otro ellos organizan los recitales; con el programa “Mendoza Suena” eligen qué grupos graban, cómo se tiene que grabar, etc.

Están haciendo lo mismo que en Buenos Aires, donde (Fernando) De la Rúa organizó “Buenos Aires no duerme” y (Eduardo) Duhalde está impulsando “Ahora las bandas” por un lado, y por otro se ha cerrado Cemento, La Luna, que ha vuelto a abrirse, han cerrado un montón de lugares. Es decir que se sigue con el doble discurso: por un lado cerramos lugares y por otro disciplinamos el rock, les decimos a los pendejos a qué hora tienen que acostarse, organizamos recitales que empiezan a las 3 de la tarde, nosotros ponemos las pautas.

- Hay una característica de los recitales de rock en Mendoza que se ha producido en estos últimos años: el show en los boliches, Panoramix, Arpiem, son ejemplos actuales, ¿cuál es la relación entre la gente que habitualmente va al boliche con el recital?

- Cuando se abrió Panoramix notaba que la gente no bailaba; en Liberty (zona de boliches, Chacras de Coria, Luján) era otra onda porque la gente iba a bailar y de rebote veían el recital, pero la gente bailaba. En cambio en Panoramix se sentaban a escuchar música, pero se aburrían. Nosotros hicimos las fiestas de Beztiario y nos costó muchísimo incorporar la idea de que el recital no era lo central, que había una fiesta también. En Buenos Aires esa cultura está más asumida. Eso es lo que noté en los boliches. En las fiestas con otro tipo de música, tecno o qué sé yo, la gente sí bailaba.

- Laura, retomando el tema de tu trayectoria: ¿después que terminás con Siglo XXI, qué seguís haciendo vinculado a la música?

- Después de mucho tiempo me dediqué más al tema del periodismo. Estuve haciendo la revistita de Óxido cuando La Bóveda se pasó a llamar así; escribí en publicaciones aisladas tipo fanzines; después empecé con La Tarántula con un grupo de chicos estudiantes de Arquitectura, nada que ver con el ambiente. Tocamos en el Pulgarcito,   en La Cortada que estaba en la calle Pedro Molina (al 400, cdad.), en algunas fiestas privadas. Hacíamos una especie de dark, en realidad el estilo dark se lo daba yo que siempre he sido una amargada (se ríe). Lo de La Tarántula habrá durado un año.

Nos separamos un poco y yo empecé a laburar en la U.T.N. (FM), hacíamos un programa que se llamaba “Líquido elemento” con un par de amigas, que habrá durado 6 meses más o menos. Con este programa organizamos una entrega de premios al rock mendocino en el Índigo o Carmina Burana (taberna), eran premios muy bizarros.  Pusimos urnas en todos lo recitales y en otros lugares para que la gente votara, también llamaban al programa y elegimos mejor banda y otros rubros. Hicimos una entrega de premios que fue como los Oscar del subdesarrollo. Cuando nos fuimos de ahí empecé con la revista (Beztiario).

- ¿Cuándo empezaste con Beztiario?

- Hace un año y mesecitos,  pero el proyecto tiene como dos años, boludeábamos con el “Leo” con esto y lo otro, hasta que sacamos la primera revista que fue redeforme. Ahora estoy haciendo un programa que se llama “Te amaré hasta matarte” en la radio 2 (FM). Va todos los jueves de 12 á 2 de la mañana. Me pasan cosas muy locas con el programa, voy por la calle o estoy en la facultad y alguien escucha mi voz y me comenta que conoce el programa. Eso no me había pasado nunca, es un programa que está aislado en el medio de la noche del dial. A mitad de camino de lo de Beztiario empecé con UR.

- ¿Cómo fue eso de UR?

- Teníamos un grupo con unos amigos, con el que estábamos armando unas fiestas multimedia y ahí conocí a Juan Gillot, de quien sabía que tenía un sótano con un arsenal de máquinas y le dije que me gustaría hacer algo con él. Comenzamos a juntarnos en su sótano, donde nos pasábamos desde las 3 de la tarde hasta las 11 de la noche experimentando con las máquinas, esto fue por varios días. Después yo me fui de vacaciones y cuando volví, Juan le había hecho escuchar las cosas que habíamos hecho a Pablo Coronado, que es el actual tecladista de UR, y se había entusiasmado. Hicimos algunas cosas, inclusive vino un guitarrista, pero todo se diluyó. Me fui de viaje por "las latinoaméricas" y al volver fue muy loco, porque llegué un lunes y Juan me dijo “tocamos el viernes” y no teníamos nada, unas grabaciones y un solo tema atado con alfileres. Entonces nos juntamos día y noche y sacamos diez temas así, cagando, a los pedos. El grupo lo integraban: Juan Gillot que hacía bajo y acordeón, Pablo Coronado hacía la programación, segunda guitarra y teclas y Federico Pérez la guitarra. El apuro era porque nos habían conseguido un toque en la Facultad de Filosofía y Letras en una peña al mediodía. Nosotros fuimos con toda nuestra onda, todos vestidos de negro, porque en este grupo sí los chicos son todos duros, todos dark, y en la peña servían empanadas y vino. Además fue al mediodía y circulaban alumnos, profesores. Ese fue el debut.

- ¿Qué estilo hace UR?

- Algunos dicen que hacemos trip-hop, pero para mí no, yo creo que hacemos pop electrónico porque las bases no son de hip-hop, tienen muchas cosas, incluso algunos tangos. No sé, hay de todo un poco, está todo muy mezclado. Ahora hay un montón de definiciones, pero en realidad son canciones que tienen ese engaño de que no tenemos baterista, entonces todos dicen “ah!!!! hacen trip-hop”, pero no es así. Después tocamos como con once bandas más en la plaza Independencia, y tuvimos nada más que 11 adhesiones de la gente porque los demás eran todos punkitos, fue duro, me putearon todo el tiempo. Y el fin de semana pasado tocamos en la Explosión de Arte Joven, que fue para mí toda una reivindicación porque mucha gente se quedó a escuchar a la banda y la respuesta fue distinta. Ahora no está más Juan Guillot y somos un trío.

- ¿Cuáles son las influencias musicales que tienen?

- Yo escucho todo, pero me doy cuenta que siempre he tenido en el inconciente todas las cosas que escuchaba cuando fui adolescente. Después he escuchado The Smiths, el primer U2, Siouxsie and The Banshees y otras bandas que nunca más, como Gene Loves Jezebel, The Bolshoi, esas bandas que aparecían y nunca más. Bueno (David) Bowie también, impresionante.

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