Opinión
Radicales en el partido de los jíbaros
El radicalismo vive sus horas más tensas de los últimos 20 años. Luego del alfonsinismo, quien promovió ciertos atisbos movimentistas a su interior, hoy los partidarios de Alem e Irigoyen se encuentran atrapados en la lógica que le impuso el peronismo, una vez más. Puros y malditos, auténticos y herejes. Una discusión bizantina que el centenario partido no ha podido saldar tal vez por no apelar a sus golpeadas bases.
El radicalismo acopia un importante numero de figuras mediáticas que, si bien no todas ocupan cargos de gestión, sí forman parte del elenco estable de los medios. Desde Elisa Carrió, López Murphy a Gerardo Morales, pasando por Ernesto Sanz, Roberto Iglesias, Brizuela del Moral, Saiz y el intendente Cornejo, y por supuesto, hasta el mismísimo vicepresidente de la Nación, el mendocino Julio Cobos. Desalineados en distintas formaciones políticas, producto de la explosión en mil pedazos que detonó De la Rúa, los radicales hoy tienen un gran desafío histórico: volver al debate interno, a sus fuentes partidarias, a recargar de mística a su militancia desahuciada que pulula por algunas reparticiones menores del país en busca de algún conchabo para subsistir.
Te puede interesar
¿La autonomía municipal le puede mejorar la vida a los mendocinos?
Es que a medida que el kirchnerismo se apropia más y más del relato peronista, el radicalismo, a la inversa, se desmoviliza y desradicaliza. Resultado: atomización en sellos partidarios, alianzas coyunturales que no le han aportado demasiado a su reconstrucción, confusión de su desperdigada militancia. Sin decirlo explícitamente, fue el partido que más incorporó la predica posmoderna que anunciaba la muerte de los partidos. De ahí que, tras su implosión, fueron en busca de “lo nuevo” que al día de hoy, se evapora en el aire. Así es que muchos de sus voraces referentes terminaron dando portazos a sus comités para buscar refugio en otros ranchos, endebles y vulnerables a los vientos de cambio.
Dirigentes sin grandeza han promovido una autodestrucción que los deja a merced del kirchnerismo que no pierde pisada, y les deja algunos furgones de cola en la construcción política de la argentina: la Concertación.
Te puede interesar
La Corte Suprema enciende una luz de esperanza en la selección de jueces
¿Qué quiere ser hoy el radicalismo? es la pregunta que deberían hacerse sus miles de militantes dispersos y derrotados, pero desde una convocatoria a la unidad partidaria que recupere las banderas movimentistas de sus orígenes más gloriosos, aunque claro está y debemos reconocer, en todo movimiento hay tendencias opuestas y contradictorias. ¿Por qué entonces no pueden convivir en un movimiento nacional de radicales el elenco de figuras políticas mencionadas? ¿A qué están jugando con sus intereses divisionistas? ¿Qué modelo de país quieren estos hombres y mujeres hoy en la Argentina, que se disputan la pantalla caliente en el programa “A dos voces” o en “La cornisa”? Si esa es la apuesta de los referentes radicales, difícilmente puedan reagrupar a sus alicaídas tropas que solo ven traidores y traicionados, en una lucha sin sentido que no arrojará ganadores, sino vencidos, por el peronismo, que más sabe por viejo y por zorro.
La Juventud Radical, prácticamente condenada al anonimato, no sabe si alienarse con el radicalismo K o el puro. La fracción universitaria “Franja Morada” está partida en distintas regionales del país, y como consecuencia, ya se acostumbran a perder elecciones en casi todas la universidades nacionales, cuando esa era la gran usina de formación de cuadros. Hoy, los radicales, no tienen rumbo, o mejor, tiene como 5 rumbos, de acuerdo a los intereses personalísimos de algunas de esas figuras mediáticas. Medios y superestructura es la política que hoy caracteriza a los radicales, a todos. Deberían bajar a sus bases, aunque a más de uno se lo quieran comer crudo. ¿Será por eso que no bajan?


