Opinión
Genética gorila
Por fin se sacaron las máscaras, por fin. Ya no se trata de cuestiones técnicas de economía (aunque ahí está la clave en torno a la medida de retenciones que tanto jode) sino de cuestionar el “modelo”, según el payasesco De Angelis. ¿Qué significa cuestionar el modelo?. Tras el ataque al matrimonio Kirchner, se esconde lo central del cuestionamiento, sin decirlo, del “partido del campo”.
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La clave cifrada es impedir la decisión del Estado de intervenir en la economía. Ahí, creo, está la clave para entender las argucias campesinas de la dirigencia agraria que, gracias a la torpeza del gobierno nacional (especialmente del amargo Alberto Fernández), encontraron la coyuntura para golpear. Intereses económicos y políticos, ahora, con mucho sentido de la oportunidad y oportunismo. Claro, el gobierno ha dado más que letra y música, y su contradicción, al mantener resabios neoliberales en muchas áreas, no lo salva ya de críticas más que fundadas de las voces que antes acompañaron esa “gestualidad” kirchnerista, entre ellos, sectores de la CTA y del “mundo intelectual”, que babearon ante el discurso nacional y popular años atrás.
El “tren bala” tal vez, constituya el síntoma de la enfermedad. El problema será entonces conocer el remedio que pergeña el gobierno para re-legitimarse, luego de sus despropósitos.
No obstante, hoy más que nunca, valga la metáfora, hay que separar la soja del trigo. En la política Argentina, se viven horas inéditas desde el retorno a la democracia. Un arco amplísimo y aparentemente contradictorio explotó en Rosario. Allí estuvieron todos, los que tenían que estar, probando su genética gorila.
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El principal referente del Comité Nacional de la UCR, Gerardo Morales, "los jinetes del apocalipsis" que conduce Lilita, el ex ingeniero ¿democrático? Juan Carlos Blumberg (¿creerá que su apoyo al campo llevará más seguridad al país?). El inefable Francisco De Narváez, socio de Vila-Manzano en América Televisión: un medio Macri-medio-peronista-duhaldista. Obviamente estuvimos tibiamente representados los mendocinos: la cartita que mandó Omar Demarchi quiso decir “¡nosotros también somos gorilas no se olviden, somos de los primeros en esta patria campesina!”. El PRO, que también es campo, aunque haya surgido en capital federal, es más PRO que nunca, vaquitas y autitos es una buena formula del éxito agro exportador y neoliberal que tan bien le calzó Don Franco, que es Macri. Y los "adolfos" y "albertos" también sienten la fibra campesina, porque son de tierra adentro, es más, escondidos tierra adentro para que no los vean.
Párrafo aparte para la gloriosa izquierda argentina que supimos cultivar. Hermes Binner, del socialismo de Estévez Boero, más conocido como “el estanciero”, también desenfunda el mantel del picnic para mañanas campestres, y fiel a sus tradiciones antipopulares, se abraza, como en el 46 lo hizo el PS con la Sociedad Rural y con Braden, junto a los patriotas de la zona más patriota (el interior rico). Socialistas de cuello blanco que manejan tractores y explotan a la peonada analfabeta quienes por no saber leer se hicieron una vez peronistas –piensa la inteligencia de izquierda-.
El partido Comunista Revolucionario, esos chino-argentinos que fruncen los ojos, se esperanzan con un levantamiento campesino revolucionario, y depositan en las supuestas contradicciones de la coyuntura, la esperanza de la revolución maoísta en el campo. Eso sí, tácticamente, están con Miguens y Llambías, sólo tácticamente. Porque después les cortarán sus cabezas y las pasearán por los ranchos agrarios.
El movimiento socialista de los trabajadores, trotskistas "tomasubtes", también quieren enrojecer la protesta agraria y agudizar la contradicciones porque, señores, se viene la “revolución permanente”, estamos en revolución permanente.
El grupo Quebracho, esa secta más parecida al “Ku Klux Klan”, con sus garrotes marginales, se suman a la revuelta, solo por el quilombo, no imaginen que sea más que eso.
El símil gauchito Gil de Raúl Castells, comiendo canapé y tomando champagne en muestras artísticas en recoleta y barrio norte, adelgazando por un sueño junto a su antibarbie esposa, se muestran, se acercan, se mecen entre la gente del campo que los mira como bichos raros, sucios, feos y malos, quienes a su pesar, solo por esta vez, les hacen un lugarcito, para mostrar que el campo es pueblo.
Y por supuesto, no podían faltar en este entramado, los apoyos de Cecilia Pando y Patti. Ella, vocera de los militares juzgados y condenados por delitos de lesa humanidad, y él, acusado de torturar en su paso por la Policía durante la Dictadura.
Señoras y señoras, el reclamo es por más rentabilidad y no por salarios y viviendas dignas. Los productores pobres, o mejor, la peonada, muchos de ellos en negro, dirán “¡cómo se enojó el patrón!. ¿Nos podrán dar la paga en el sobrecito cerrado?.

