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Opinión

"La compra del prestigio"

Durante los años ´90, en el marco de la dominancia del discurso neoliberal, la Universidad Nacional fomentó la idea de la “excelencia académica” ligada a la adquisición de titulaciones aranceladas (maestrías, doctorados) como estrategia de formación de “cuarto nivel”. Sin embargo, a más de una década de esa política, esos “títulos de nobleza cultural” se han convertido en patrimonios individuales, puestos a funcionar como capital de distinción, que se acumula y se invierte, frente a los que no lo poseen.

Peajes académicos


Así las cosas, en la actualidad, ser doctor, o magíster, otorga un plus de poder personal en el mundo académico. Esta verdadera “industria del posgrado” en las instituciones universitarias, lleva a los graduados a la desesperación por adquirir nuevos títulos, a desviar la atención del recorrido académico que vienen realizando desde sus tesis de grado y, en muchos casos, a desangrarse pagando por algo que sólo les sirve a modo de antecedentes para competir en un mercado con salarios de poca monta. Entonces, el poseedor del titulo de posgrado, se enfrentará con los que no lo tienen en toda contienda académica: concursos docentes, becas de investigación, cargos de gestión concursables, etc. Y, por supuesto, los sobretitulados tienen las de ganar dadas las reglas.

Han pagado más peajes en su viaje académico. Esta competencia neoliberal de mercado, reina en las facultades publicas, creando al interior de las unidades académicas, una guerra de todos contra todos, acentuando la brecha entre los que  pudieron acceder a un título universitario en la Universidad Pública provenientes de clases populares y los que, ubicados en mejor posición social, se adecuan al arancelamiento del posgrado. Es a estos últimos a los que termina promoviendo el esquema universitario actual.

Los intelectuales universitarios entonces, se han transformado en una empresa individual de capitales adquiridos en el pequeño mundo de lo académico, que van deambulando y pavoneándose por los “cuarteles de nobleza cultural”, dispuestos para la “competencia perfecta”. El espacio académico terminó siendo hoy el refugio de muchos intelectuales críticos, comprometidos políticamente en otras décadas y que ahora se autocelebran, sin estar en condiciones de inquietar a nadie acerca de nada.

La pregunta es la siguiente: ¿a quiénes le sirven esos intelectuales al servicio de sí mismos y de la maquinaria que fomentan los expertise del negocio del postgrado?



Esto no es pa` cualquiera


Se ha formado una casta de intelectuales conservadores con discursos de izquierda, de centro, o de derecha, avenidos al panteón de patricios desde donde sus dichos son covalidados por sus pares. En definitiva, antipopulares, como toda elite. Me arriesgo a plantear que estamos en presencia de una nueva y sutil forma de exclusión en la formación del conocimiento, que se funda en discursos que no inquietan, y que en base a la construcción de capitales o pasaportes académicos, defiende sus privilegios a rajatabla, y filtran la entrada a su cofradía, a aquellos “herejes” que cuestionen su disloque entre ideología y práctica y a los que no están en condiciones de ingresar en el mercado del prestigio que otorgan las nuevas titulaciones.

Esa lógica de acumulación de “certificaciones”, ha formado una aristocracia intelectual que comanda espacios de poder importantes en el mapa de las Universidades Nacionales, generando reglas a su medida, estableciendo fronteras de ingreso, sentados al banquete de una sabiduría acartonada, excluyente y antidemocrática. A la vez son embajadores institucionales que viajan a representarse a sí mismos a congresos y universidades extranjeras. ¿Es así como se genera y construye conocimiento?.

Cada vez menos importa el nivel de grado, devaluado, mal pago, abarrotado de alumnos, que no conduce al prestigio, sino al tedioso circuito del calendario académico. Y como no se animan, por su dudoso progresismo, a plantear el arancelamiento del grado, lo implementan en el nivel de posgrado. ¿Estará ahí focalizado el nuevo negocio de las universidades públicas?.

La Universidad ha edificado una armazón de reglamentaciones y valoraciones que la sustraen de los importantes debates intelectuales, políticos y culturales de nuestro tiempo. Un docente-investigador universitario, es compelido a centrar sus esfuerzos en un dialogo claustral, o en el recogimiento silencioso del laboratorio.

Vemos entonces plasmado el proyecto neoliberal que le dio un rol a los intelectuales a partir de la década del ´90, producir un desplazamiento de la figura del intelectual público, politizado, con recursos de activista cultural, hacia la figura del especialista académico, ataviado de condecoraciones, provistas por la “corte dominante”. Ese rol los distrae, los entretiene, ordenando sus certificaciones por año, o sus publicaciones con referato que otorgan mayor puntaje.

Ya no inquietan… salvo que se cuestionen sus privilegios.