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Opinión

Capitalismo y salud mental: “música para pastillas”

Psicofármacos, marihuana, cocaína, alcohol, nicotina, éxtasis, ácidos, heroína, poxiran y hasta nafta. Legalismos que sirven a la industria e ilegalismos que le escapan a la problemática de un inevitable plan de evasión. Nadie lo dice explícitamente. Casi todos lo niegan. Lo cierto es que todos somos, en mayor o menor medida, adictos.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

“He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad. Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento”.

Premio Nobel de medicina Richard J. Roberts



Consumidores de sustancias legitimadas y legales o prohibidas y condenadas. Algunas contribuyen a la cadena de producción económica, un negocio enorme de las grandes marcas de medicamentos, otras, al negocio de monopolios del alcohol y narcotráfico.

Mientras, las sustancias ilegales, comúnmente llamadas “drogas”, cargan con el estigma de lo maldito. Los que se drogan son malditos, los que se medican son enfermos o pacientes. Los que se exceden con el alcohol, según la clase social, son bebedores, y los pobres son chupandines, manyines y borrachos. La merca del poder es blanca y pura, la de los pobres es “pateada” con anfetas. La marihuana se fuma sin más en todos los niveles, pero caen presos los giles, para mostrar que “hay justicia”. Nadie lo dice y casi todos lo hacen. Empresarios y políticos, profesores y alumnos, mecánicos y periodistas.

Estamos adormilados, en una especie de implosión vital, conectados con la realidad por influencias de pastillas, porros, calmantes. El cuerpo no es nuestro. Estamos invadidos por sustancias. Nunca somos del todo “nosotros”. Antidepresivos y ansiolíticos por doquier en la sociedad adormilada. Negocios de la industria farmacéutica que se despliegan hasta el consultorio. Médicos que prolongan el marketing a nuestros cuerpos. Estamos en “plan de evasión”. No el de Bioy Casares sino más cerca del de Keruac “en el camino”. Somos una sociedad alienada a las drogas de todo tipo.

Ansiedad, depresión, neuralgias, pánico, fobias, patologías que han venido para quedarse con salidas de corto plazo. Los conservadores moralistas, en Mendoza, contratan putas y compran merca y hacen la fiestita, pero dicen que se van a pescar. Los músicos y artistas, en sus guetos, fuman y toman sin más, y así son estigmatizados. Los choferes de larga distancias mascan coca y los médicos prueban también, lo contraindicado. Una hipocresía fenomenal nos gobierna la conducta para aparentar lo que debe ser aparentado, mascaras del vacío, ideología de la producción de supuestas positividades sociales a representar en un carnaval estrictamente social.

Recién salido del horno

“La Sala I de la Cámara Federal declaró inconstitucional la penalización del consumo individual de drogas en un fallo firmado el 22 de abril del presente. Con esta decisión, quedarían fuera de la justicia federal de la ciudad de Buenos Aires las causas de miles de personas que son perseguidas penalmente sólo por llevar en el bolsillo un cigarrillo de marihuana”.(crítica de la argentina. 23 de abril de 2008).

Consumos ilegales

El informe, encargado por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico (Sedronar), se publicó el año pasado y consistió en encuestar a 56.000 personas de entre 12 y 65 años.

En Argentina existen 440.000 consumidores de cocaína y 1,2 millones de fumadores de marihuana. La Patagonia (sur) es la región con mayor porcentaje de adicción, dado que el 17 por ciento de la población local admite haber fumado marihuana y el 8,8 por ciento haber inhalado cocaína. La ciudad de Buenos Aires y el conurbano son las áreas que concentran el mayor porcentaje de consumo de cocaína, con un 13 por ciento de la población como consumidores habituales, mientras que la marihuana es en comparación menos popular que en la Patagonia y sólo la consume el 7,5 por ciento de los bonaerenses.

Consumos legales

 El estudio arroja también datos sobre el consumo de drogas legales y revela, entre otras cosas, que el 73 por ciento de la población argentina consume alcohol con asiduidad -al menos una vez en el último mes- y que el 51 por ciento se declara fumador de tabaco. Además, el 1,6 por ciento de los argentinos, unas 270.000 personas, admite el consumo sin receta de estimulantes y tranquilizantes, y el estudio pone en relieve el hecho de que las mujeres de este segmento de la población son más proclives a consumir tranquilizantes, mientras, los hombres, prefieran las pastillas estimulantes.

Una encuesta realizada por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo reveló que el 15,5 % de los porteños consume psicofármacos.

Según los registros del observatorio de medicamentos de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), el consumo de psicofármacos como el clonazepam, medicamento cuyo nombre comercial es Rivotril, se incrementó en 20% durante los dos últimos años en el país. El Doctor Néstor Marchant, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras, entiende que para su entidad el clonazepam no debe ser consumido por más de cuatro meses. Hoy, el Rivotril, se convirtió en la droga de moda. Adultos y jóvenes la toman por prescripción o prestadas por parientes y amigos.

Sin embargo, se puede conseguir como si se tratara de una aspirina en cualquier farmacia. Según los especialistas, es un medicamento que genera dependencia física y psíquica a largo plazo y se siente en el organismo. Es más recetado por los médicos clínicos que por los psiquiatras. Habría presiones de laboratorios medicinales que venden el clonazepam. Las farmacéuticas dan a los médicos recompensas sutiles y realizan un seguimiento de qué médicos recetan sus fármacos; los laboratorios dan incentivos como viajes, becas y hasta órdenes de compras a cambio de que se receten sus medicamentos.

En Mendoza las consultas en los neuropsiquiátricos habían aumentado entre el 20 y 25% durante el 2002, según un estudio de Giacobe y asociados. A la actualidad, sin datos disponibles, suponemos que las mismas podrían haber aumentado aún más.