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Opinión
Pérdidas de la cultura popular
Cambios sociales que llevan a la pérdida de formatos culturales. El cine y el radioteatro debieran ser recuperados para las mayorías y no quedar reducidos a nuevas formas de individualismo o a recuperaciones pintorescas. En esta columna, una interpretación de sus orígenes populares.
Los estudios realizados sobre la cultura generalmente se han visto atravesados por dos ópticas: Por un lado la que adjudica a la tecnología el papel preponderante en la explicación sobre las manifestaciones culturales. Por el otro, la que ve a la misma sólo una estrategia dominante que busca la adaptación y consenso de los sujetos dominados al desarrollo del capitalismo.
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Sin embargo, en las investigaciones sobre consumo y recepción cultural desde hace dos décadas, se parte de la idea, en perspectiva histórica, que no todo lo que se consume es imposición y obediencia, ni todo lo que “se piensa” es reproducción mecánica de las ideas dominantes.
En el marco de estos nuevos estudios, decimos, que el éxito atribuido equivocadamente a la expansión de los medios masivos a principios de siglo, no residió en la propia capacidad de los mismos, ni en las mentes privilegiadas de artistas o empresarios para imponer modelos culturales, sino en verdad, en la constitución objetiva de una nueva cultura de masas que posibilitó el desarrollo y expansión por ejemplo del cine y la radio y luego la tele.
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Tango, cine y radioteatro
Con el populismo político de los años ´40 y ´50, se institucionalizarán estas “artes menores” que tanto espantaban a la cultura erudita. El ejemplo del tango como fenómeno cultural popular en Argentina, nos muestra ese “otro lenguaje” que, desde “abajo” se venía construyendo y que no era expresado por las letras y músicas oficiales. Veamos el caso del cine. Fue hasta 1950 el medio que expresa la cultura de masas y él será el centro de gravedad de la nueva cultura urbana.
En el cine, el público vio la posibilidad de experimentar y de adoptar nuevos hábitos, de ver reiterados códigos de costumbres. No se accedió al cine a “soñar”: se fue a aprender. “Los mexicanos aprendieron a ser mexicanos en el cine”, dice el realizador Carlos Monsiváis. Al cine la gente fue a “re-conocerse” en un lenguaje que le era propio y a sentir, sin saberlo, la primera vivencia cotidiana de Nación, y al permitir al pueblo verse, lo nacionaliza, no le entrega nacionalidad, pero sí modos de “resentirla”.
Dirá el colombiano Jesús Martín-Barbero: “...el papel que los medios masivos juegan verdaderamente en este período, residió en la capacidad de hacerse voceros de la interpelación que desde el populismo convertía a las masas en pueblo y al pueblo en Nación”.
En el caso de la radio vemos una situación similar. Argentina, fue la cuna del radioteatro. ¿Por qué?. Podría responderse por el desarrollo pionero de ese medio generado en el país. La temprana organización comercial de la radio con la creación de cadenas, su rapidísima popularización (1000 receptores en 1922 y un millón y medio en 1936).
Pero esta respuesta no es más que la mitad de la verdad, pues sigue atribuyendo únicamente al medio algo cuya explicación nos remite a otro lugar: al del proceso que “conecta” la radio con una larga y ancha tradición de expresiones de la cultura popular.
La radio será desde el principio: música, recitadores, partidos de fútbol y desde 1931 radioteatro. Sólo mucho más tarde, en 1947, el peronismo hará un reconocimiento “cultural” del radioteatro equiparándolo a otras formas literarias, mediante premios y estímulos otorgados por la Comisión Nacional de Cultura, en épocas del Marechal funcionario. Pero lo verdaderamente importante es lo que hizo del radioteatro argentino un espacio de continuidad entre tradiciones culturales del pueblo y la cultura de masas moderna.
En Argentina encontramos que es en el circo donde se forja un teatro popular que recoge la memoria de los payadores y la mitología gaucha: el circo criollo de los hermanos podestá. La mezcla de comicidad circense y drama popular da origen al radioteatro.
Hoy estas artes están recluidas en su espacio de recepción, a ciertos formatos descolectivizados: individuales (DVD) o salas de shoppings, en el caso del cine. Mientras el radioteatro, hoy es una pieza de museo, recapturada por algunos para la curiosidad del cultor de rarezas.
En el cine, el público vio la posibilidad de experimentar y de adoptar nuevos hábitos, de ver reiterados códigos de costumbres. No se accedió al cine a “soñar”: se fue a aprender. “Los mexicanos aprendieron a ser mexicanos en el cine”, dice el realizador Carlos Monsiváis. Al cine la gente fue a “re-conocerse” en un lenguaje que le era propio y a sentir, sin saberlo, la primera vivencia cotidiana de Nación, y al permitir al pueblo verse, lo nacionaliza, no le entrega nacionalidad, pero sí modos de “resentirla”.
Dirá el colombiano Jesús Martín-Barbero: “...el papel que los medios masivos juegan verdaderamente en este período, residió en la capacidad de hacerse voceros de la interpelación que desde el populismo convertía a las masas en pueblo y al pueblo en Nación”.
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Pero esta respuesta no es más que la mitad de la verdad, pues sigue atribuyendo únicamente al medio algo cuya explicación nos remite a otro lugar: al del proceso que “conecta” la radio con una larga y ancha tradición de expresiones de la cultura popular.
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