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Opinión

Cartas marcadas en la UNCuyo

Las elecciones universitarias ya tienen candidatos "pre-electos". La UNCuyo inicia su cronograma electoral para todos sus claustros. El oficialismo impulsa la dupla Somoza-Kent y nadie parece presentar batalla. La mesa para el festejo está servida, de antemano.

"Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie"."¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado"."… una de esas batallas que se libran para que todo siga como está".
(Paradoja expuesta en la novela El Gatopardo, del escritor italiano Giuseppe Tomaci Di Lampedusa)


La columna podría empezar así: “La Universidad Nacional de Cuyo se apresta a ingresar en una etapa de importantes definiciones políticas. Será en la tercera semana de abril, cuando se realicen las elecciones en las 11 facultades que dependen de esta institución, a través de las cuales se renovarán los miembros de los consejos directivos de cada unidad académica, quienes luego, en asamblea general el 30 de abril, elegirán la formula que conduzca el destino de la universidad por los próximos 3 años, etc, etc, etc.”

Sin embargo, para ser sinceros, tiene que empezar así: La elección del Rector y del Vicerrector siempre despierta suspicacias políticas porque, también en la Universidad, talla la política de las operaciones, los alineamientos y los acuerdos. A pesar de ser un ámbito aparentemente neutral, consagrado al conocimiento, a la investigación y a la pedagogía, también allí se hace política, y en muchos casos, no de la mejor, porque el clientelismo estudiantil, no docente y docente, están a la orden del día, como pasa en política real, en cualquier gobierno. Docentes que por un cargo votan al mejor postor, estudiantes que por una beca agachan la cabeza, auxiliares de docencia que por un prometido concurso o cargo hacen mutis por el foro. Es así, también en la Universidad, lamentablemente. Primera conclusión: no hay tal “nueva política” en la Universidad. Es más, se aplica, y mal, la vieja. En definitiva, no hay nueva ni vieja política, solo hay política, a veces, disfrazada de nueva, pero es más de lo mismo.

Este año, la elección de la conducción universitaria tendrá un condimento especial porque, elegido ya el gobernador de la provincia en octubre del 2007, la Universidad no estará exenta del último resultado electoral y de sus posibles relaciones con el Ejecutivo. Se sabe que a Jaque no le cae bien Somoza, y que además, no pudo oponerle una candidatura afín al Ejecutivo, a pesar de haber tentado al decano de Derecho, Roberto Godoy Lemos, para dar la pelea.

No obstante, y aquí lo importante, la Universidad como institución, sigue alejada de los grandes debates provinciales, y en deuda con la sociedad que la sostiene. Más allá de la elaboración del Plan de seguridad, o el aporte a la Ley de uso del suelo que encaró la gestión de la actual rectora María Gómez de Erice, no existe un involucramiento profundo con las problemáticas provinciales, sean estas sociales, económicas o políticas. La Universidad no ha logrado instalar un solo eje de discusión referencial en la sociedad, ni en la clase política mendocina. Salvo contados casos, (Ciencias Económicas con la medición paralela de la inflación, Odontología con su atención gratuita a personas de bajos recursos, por ejemplo) las facultades, están más preocupadas por conservar al interior sus posiciones de poder, que transformar. Se miran el ombligo, y sus bonos de sueldo, ya que hoy un decano cobra cerca de 9.000 pesos, mientras los docentes y auxiliares administrativos no llegan a cubrir con su salario la canasta básica. Mientras, el predio universitario luce cada vez más ampuloso por la obra pública que, nobleza obliga, mejora las condiciones y necesidades edilicias del mundo académico, pero con salarios para docentes pobres.

La actual gestión de Gómez de Erice, impulsa la candidatura del actual vicerrector: el ingeniero Arturo Somoza, para sucederla en su cargo. La rectora, es de origen radical, y el vicerrector, de origen peronista. Sin embargo, la fórmula que gobernó durante dos períodos consecutivos la Universidad, pudo complementarse casi sin fisuras más allá de sus alineamientos partidarios. Esto fue posible básicamente porque el actual candidato al rectorado nunca sacó los pies del “plato” que construyó la rectora y, con su silencio, fue construyendo su “natural” candidatura para ser el nuevo conductor; eso sí, encorsetado en un esquema, un cerco, que a modo de telaraña en el poder universitario, le tejió la señora Rectora. Dirá el tiempo y la capacidad de Somoza para deshilvanar el ovillo.

Ahora bien, lo que está claro es quién será el Rector y su vice, ya que el lunes 7 de abril, Somoza, oficializó al doctor Gustavo Kent como su compañero de fórmula; este último, apoyado fundamentalmente por la propia Rectora y el radicalismo concertador y no concertador (paradójico apoyo ya que Kent tiene pasado peronista y presente radical). Tiradas las cartas sobre la mesa, nadie ha salido a proponer una oposición. Ni peronistas ni conservadores, han logrado reunir la suficiente fuerza en las facultades para hacerle frente al oficialismo con una propuesta alternativa. Como consuelo, esperarán señales de integración toda vez que se realice la elección y asuma Somoza, y el entorno se lo permita.

La formula oficial, Somoza-Kent aseguraría la continuidad, casi sin quiebres, en el gobierno de la UNCuyo, esto significa que, funcionarios de la actual gestión de Gómez de Erice, sigan ocupando puestos estratégicos en la estructura universitaria, que se despliega hasta la gerencia del hospital Ferroviario, adquirido el año pasado por la UNCuyo, que dicho sea de paso no tiene el suficiente financiamiento para sostenerlo. Ese será un gran problema para la futura gestión, ya que seguramente, será al gobierno provincial a quien le soliciten partidas financieras para su funcionamiento.

Otra garantía de la formula Somoza-Kent, es la continuidad de la política de bienestar estudiantil que si bien ha dado resultados importantes para la atención de los alumnos de menos recursos, aquella se sostiene en un clientelismo similar al de los planes sociales asistenciales que mantienen cautiva a una masa electoral para cuando se la necesita. En síntesis, habrá cambios que no cambiarán nada el esquema del poder universitario, fiel a la metáfora del il gatopardo, tan vigente en estos tiempos vacuos.