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Opinión

El socialismo peronista que no fue

Para lograr el objetivo del peronismo: justicia social, independencia económica y soberanía política, ya no bastaba el capitalismo nacional con que Perón modernizó a la Argentina, sino que se imponía un cambio de régimen.

La existencia de una Juventud Peronista se remonta a 1957, a los albores de la resistencia peronista clandestina contra la dictadura de la “Revolución libertadora”, que, en 1955, derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. A ella pertenecía el obrero metalúrgico Felipe Vallese, desaparecido en agosto del ´62.

Sin dudas, el mayor símbolo de aquella juventud política peronista que se dio  la estrategia de la resistencia, fue J.W. Cooke, diputado en 1946 y delegado personal de Perón en los comienzos de la resistencia. En la Revolución cubana del ´59, Cooke encontró un modelo de revolución que no respondía al canon previsto por la izquierda tradicional, por ello, bajo su influencia, pensó en la oportunidad para tender un puente entre socialismo y peronismo sobre la base de un común antiimperialismo. 

Cooke definía a la Argentina como un país semicolonial, donde la “cuestión nacional” se había hecho indisociable de la social. Para lograr el objetivo del peronismo histórico: justicia social, independencia económica y soberanía política, ya no bastaba el proyecto de capitalismo nacional con que Perón había modernizado a la Argentina del 46 al 55, sino que se imponía un cambio de régimen: un socialismo nacional propulsado por el movimiento de masas peronista. La influencia de la revolución cubana fue muy significativa no solo para estos sectores, sino también impactó fuertemente en la iglesia católica con la aparición del movimiento de sacerdotes del tercer mundo, mas tarde llamados teólogos de la liberación. Estos curas populares desarrollarían en los sesenta y setenta una fuerte influencia en la juventud católica.

En este contexto de permanentes movimientos sociales y políticos, impregnado por el “juvenilismo” propio, tanto del mayo francés como de la contracultura beatnik y posterior cultura hippi norteamericana, el sector que crecería abruptamente y funcionaría como canalizador de esas rebeldías en los años ´70 en argentina, fue la juventud peronista organizada a través de las JP regionales, en alusión a las siete regiones en que se organizó a nivel nacional. Bajo las consignas, “la sangre derramada no será negociada” y “la patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas”, la JP llamaba a reconocer el liderazgo de Perón contra el neoperonismo, dispuesto a participar del Gran Acuerdo Nacional lanzado por el General Lanusse en marzo del ´71.

Surgida de ese germen de influencia zonal, la denominada “gloriosa JP”, se constituyó como frente de masas de dos organizaciones político-militares peronistas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros. Desde el golpe del 55, al retorno del peronismo al poder en 1973, el movimiento sufrió una proscripción inédita en la historia argentina que llevó a la gran mayoría del pueblo a organizarse a través de distintas asociaciones civiles, políticas y militares en el marco de la ilegalidad impuesta y legitimada por los gobiernos de turno de aquellas décadas. El crecimiento meteórico que registran las organizaciones juveniles peronistas se debió ente otras causas, a un acercamiento de sectores de izquierda y de clase media hacia el peronismo.

Por otra parte, a la agudización dentro del peronismo del enfrentamiento entre sectores participacionistas y los de confrontación. Estos últimos, encontrarían en 1968 su expresión sindical en la CGT de los argentinos que se conforma a partir de la ruptura con la CGT oficial conducida por Rucci, más proclive a la negociación con los regímenes de turno. Por otro lado, en la juventud politizada no peronista se dio una búsqueda de vías de cambio social por fuera de las estructuras de la izquierda tradicional, encarnadas en los Partidos Comunista y Socialista que, en su antiperonismo, se habían aliado a la Unión Democrática de la Sociedad Rural en 1945 y a la “libertadora” en 1955. El levantamiento popular el “cordobazo” del año 1969, marcará el apogeo de la confluencia de esas fuerzas. Se postulaba la liberación de los presos políticos, la derogación de las leyes represivas de la dictadura, elecciones libres, la vigencia de la constitución del ´49, la nacionalización de los sectores básicos de la economía y la solidaridad con las organizaciones armadas peronistas. De esa concepción, de un avance inexorable al socialismo, combinada con marcado voluntarismo, se desprendía la certeza de que o Perón se plegaría al movimiento de la historia o sería arrastrado por ella.

En consonancia con la estructura tradicional del PJ, la JP desarrolló además del frente territorial, su frente sindical, Juventud Trabajadora Peronista (JTP), los frentes estudiantiles -UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y la JUP (Juventud Universitaria Peronista), además de la agrupación Evita. Bajo la consigna “luche y vuelve”, los jóvenes peronistas capitalizarían la campaña electoral y el acceso de Héctor Cámpora, delegado personal de Perón, a la presidencia de la nación el 25 de mayo del ´73. Para entonces, la JP, convocaba a cientos de miles de personas. Durante el camporismo, que duró solo 49 días en el poder, la Juventud Peronista tuvo a su favor los ministerios del Interior, Educación y Relaciones Exteriores y 8 diputados en el poder legislativo. Además Montoneros, retuvo las gobernaciones de la Provincia de Buenos Aires con Oscar Bidegain, la de Córdoba con Obregón Cano y la de Mendoza con Martínez Vaca.

Sin embargo, la vuelta de Perón al gobierno, cooptado por la derecha, se estaba preparando, y con ella vendrían los días aciagos y el fin de la primavera camporista. El regreso definitivo de Perón, el 20 de junio de 1973, dio lugar a una movilización popular de 3 millones de personas, pero también marcó un punto de inflexión hacia dentro del movimiento. La juventud peronista fue excluida de la organización de ese acontecimiento y fue objeto de ataques armados de los sectores de derecha del peronismo que ya habían entornado a Perón, la llamada “teoría del cerco” y lo habían convencido de la existencia de “infiltrados” en las filas del movimiento. Perón ya no era el mismo que aquel que alentó a la formación de la resistencia peronista a partir del 55 y tenía como delegado a John William Cooke. Ahora su confidente era José López Rega y toda la extrema derecha que tomó por asalto el movimiento.

De ahí en más, la historia conocida: la formación de las tres A, las persecusiones, la depuración de la izquierda peronista del movimiento. El peronismo entraba en su crisis más profunda  y la muerte de Perón en el 74 marcaría el rumbo autoritario y represivo hacia el desgobierno de Isabel Martínez. La clandestinidad de Montoneros, el ERP y las FAR, secuestros, asesinatos, resolución de internas sindicales por las armas, todo era un caos social. El mundo y el proceso capitalista tampoco era el mismo, se agotaba el modelo sustitutivo de importaciones que profundizó el primer peronismo con un fuerte sentido nacional y se acercaba la instauración de uno nuevo, el modelo aperturista neoliberal que necesitó como parte de su estrategia, eliminar a una generación de dirigentes sociales y políticos, neutralizar toda rebeldía, censurar la política como método para transformar la realidad. Así llegó el 24 de marzo de 1976.