Opinión
Mendoza y la globalización
Si bien la globalización es entendida todavía en términos económicos, como un proceso de desconcentración de la actividad productiva a escala global, puede observarse, que la misma también se desplaza al plano de la cultura a partir de algunos datos de la realidad.
La tendencia a la homogeneización cultural tiene su contracara en el resurgimiento de identidades nacionales o regionales en nuestro mosaico latinoamericano. Por un lado, las grandes cadenas televisivas y cinematográficas apuntan a la unificación cultural vía construcción de identidades globales. En esto, la cadena MTV desde el año 1995 viene a punta de lanza entre los jóvenes. Por otro, las cápsulas de consumo conocidas como shoppings, han impuesto un hábito cultural en relación al paseo y el uso del tiempo libre.
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Hoy hablamos más bien de audiencias mundializadas a escala global. Estos emprendimientos trasnacionales, en apariencia sólo económicos, generan, en las prácticas de las personas, la incorporación de nuevas pautas culturales, construyen nuevos imaginarios y significados, y crean un sentido cultural particular acerca de cómo los mendocinos, en este caso, nos representamos y proyectamos. Ante este panorama surgen algunas preguntas ¿qué significa ser mendocino en este mapa cultural cada vez más globalizado? ¿Es la misma identidad de hace varias décadas que sostenía una forma de ser del mendocino? O mejor ¿Que queda de lo mendocino en el marco de los nuevos cambios? Y para aportar un ingrediente social, ¿qué posibilidades de integración cultural, a partir del consumo, tiene el nuevo marginado de las tecnologías informáticas y de comunicación, hoy fundamentales para acceder a un trabajo o a cohesionarse en grupos?
Por un lado se pueden escuchar los discursos mas tradicionalistas que conciben que, las modernas industrias de la cultura (cine, tevé, video, informática) barren con la esencia de la cultura local. Por lo tanto, se piensa desde este discurso a la cultura de Mendoza, contaminada por la modernización de las tecnologías. Por otro lado, aparecen los proyectos modernizadores que auspician lo nuevo y no reparan en las raíces culturales locales, sino más bien que barren con el pasado cultural, fuente de toda proyección. Desde esta perspectiva, los emprendimientos trasnacionales citados, vendrían a ponerle calidad y renovación a lo local con un sentido y servicio modernos.
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Lo cierto es que el proceso actual no se manifiesta en forma pura de acuerdo a las posturas señaladas. Convivimos con matrices culturales de distintos centros que se mixturan con la cultura local sobre todo a la hora de evaluar los consumos culturales. Y sino revisemos algunos espacios. La fiesta de la tonada ha recuperado su protagonismo en forma espectacular desde hace unos años. La fiesta de la vendimia sigue siendo la gran fiesta de Mendoza -y los mendocinos así lo confirman con su presencia- aunque desde hace un tiempo ha tomado aspectos de espectacularidad en el sonido, la iluminación y su correspondiente televisación en todo el país. Las fiestas departamentales han retomado su participación y sentido, recuperando las identidades regionales de la provincia. La subcultura de la música de bailantas, por caso la cumbia, se ha ganado su espacio de reconocimiento en vastos sectores sociales de la provincia, integrándolos con una identidad de pertenencia social y cultural. El mismo rock local, si bien vive un período de caída importante, muestra un importante camino con la difusión de la banda Karamelo Santo que recupera en sus letras, estética y sus videoclips, aspectos de la identidad mendocina, rasgos de la tradición. Es que la globalización de la cultura debe ser entendida como un proceso de tensión permanente entre lo local, nacional e internacional.
Por cierto entonces, como contracara a la pretendida uniformidad de hábitos y culturas que generaría la globalización, surgen reivindicaciones de las culturas locales que deben ser entendidas en este marco de tensión dialéctica. El problema quizás esté en una cuestión de fondo. En la generación de una base industrial de la cultura local que atraiga propuestas para hacer cine en Mendoza, para editar música local, para comercializar la plástica y la literatura mendocinas, etc. En definitiva que se construya una base material que soporte las identidades e integre a los sectores sociales y culturales. En experiencias de países con una fuerte base de industria cultural (desde EEUU a España, o los mismos franceses, pero en este caso con una fuerte presencia del Estado) los empresarios invierten en cultura, simplemente porque les sirve como publicidad, legitimación de calidad ante la sociedad, contando con un amparo legal que les permite desviar cargas impositivas. Además, las industrias culturales, generan fuentes de trabajo y ayudan a contrarrestar uno de los flagelos sociales de mayor importancia: la desocupación.
La tensión descripta hay que observarla como una lucha, un conflicto entre diferentes tendencias. Las que apuestan a fortalecer un mercado interno de la cultura sin cerrarse a lo que viene de afuera, pero con regulaciones claras. Y aquellos que promueven una modernización hegemónica de capitales concentrados que imponen en definitiva otras identidades de consumo.
La tensión descripta hay que observarla como una lucha, un conflicto entre diferentes tendencias. Las que apuestan a fortalecer un mercado interno de la cultura sin cerrarse a lo que viene de afuera, pero con regulaciones claras. Y aquellos que promueven una modernización hegemónica de capitales concentrados que imponen en definitiva otras identidades de consumo.


