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Opinión

"Vuelven vencidos a la casita de sus viejos"

El acuerdo Kirchner-Lavagna, la reaparición de Duhalde y las migraciones de retorno al PJ de los que se fueron, han modificado fuertemente el mapa político del peronismo. Por el lado de la UCR, suena la vuelta del famoso operador Coti Nosiglia para rearmar el rompecabezas. Todo indicaría que regresan los partidos fuertes a la Argentina.
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La contundente victoria de Cristina Fernández de Kirchner el pasado 28 de octubre de 2007, propulsada por los sectores medios bajos y las clases obreras en la Argentina, demostró, una vez más, que los alineamientos sociales han dividido al país en torno de distintos proyectos. Si a esto le sumamos que el ex presidente Kirchner se ha peronizado, volviendo a la fuentes del PJ, proyectándose como el jefe político máximo del peronismo en el país, nos topamos con un cuadro más que interesante para el análisis.

 

No debe quedar en una mera anécdota aquella noche de agosto, cuando la masa reunida en el Luna Park que asistió a la presentación de la formula oficial Cristina-Cobos, le cantaba, incesantemente, la marcha peronista en las narices de los candidatos y del staff de gobernadores que ubicaron estratégicamente en un sector del escenario.

 

Tal vez, como síntesis de lo que las bases militantes expresan, ese improperio de los “bárbaros”, le estaba mandando una señal muy fuerte al kirchnerismo nacional: volver a las fuentes, volver al movimiento –agregaría además- pasando irremediablemente por el partido. Y eso es lo que leyó el ex presidente.

 

Por eso no dudó, luego que su esposa asumiera el mando de la nación, en postularse y articular su candidatura para la conducción del Partido Justicialista, convocar a elecciones internas, y empezar a sumar adeptos. Comenzaron con las muestras de apoyo los gobernadores más fieles, los propios funcionarios nacionales, y le siguieron los sindicatos y la central obrera. Pero lo que empezó a generar una gran polémica en la política hoy, fue la estrategia de arrimar a los díscolos que por afuera y por dentro del justicialismo, venían enfrentando ese intento de transversalidad que planteó kirchner y que poco a poco se fue debilitando.

 

Contra todos los pronósticos de analistas políticos y teóricos de tendencias, quienes auguraban que estamos ante el fin de los partidos tradicionales, hoy más que nunca es el partido el instrumento por excelencia para construir la política de la sociedad. El peronismo ganó aquí en Mendoza con el PJ clásico, igual que en San Juan, Córdoba, Tucumán, Provincia de Buenos Aires, Chubut, San Luis, La Rioja, Santa Cruz, entre otras provincias; más allá de las denominaciones aliancistas que llevaron como “frentes”.

 

  Volvió a la escena Eduardo Duhalde y con él, el acuerdo Kirchner-Lavagna, lo cual ha generado un coro de voces críticas, algunas de las cuales bien podrían catalogarse de gorilas. El diputado nacional de la UCR, Ernesto Sanz, ha dicho por estos días: "A esta altura del partido, el peronismo ya no me sorprende, ni los peronistas tampoco". Carrió, a nivel nacional, declara con su verba denunciativa, “acuerdos espurios”.

 

Lo cierto es que ahora el mismo radicalismo, como consecuencia del off side en que quedaron con el pase-Lavagna, desde todas sus expresiones atomizadas, se está planteando la recuperación del partido, del instrumento de contención y del debate interno. Gerado Morales, su presidente a nivel nacional, Cobos desde la vicepresidencia y la misma Elisa Carrió, empiezan a mirar hacia dentro de la tradición radical.

 

Pero a este armado del radicalismo le faltaba un operador de peso que no pertenezca abiertamente a unos de los fragmentos de la obra. Entonces aparece el viejo “Coti” Nosiglia, quien ya se ha reunido con algunos referentes radicales para acercar las partes.

 

Y esto es bueno, porque la recuperación de la política como herramienta, debe venir de los propios partidos políticos y no de esos injertos electorales que lo que único que han logrado es eliminar la democracia interna y el debate de la militancia, espantada desde hace más de una década por los responsables del vacío posmoderno de los noventa.

 

Pero repasemos algunas diferencias en la situación de cada uno de estos dos partidos:

 

a-      el peronismo hoy está en el poder  y tiene liderazgo, mientras que el radicalismo con algunas provincias en su haber, no tiene un líder claro, sino varios referentes dispersos en diferentes formaciones políticas.

 

b-     el peronismo no expulsó a nadie por sus trayectorias electorales en los últimos años, mientras que en el radicalismo, no sólo hubo expulsados, sino emigrados, nómades sin territorio fijo.

 

c-      el peronismo, desde el triunfo de Cristina, se ha empeñado en lograr la contención de las diferencias internas partidarias, y el radicalismo, despedazado, sufre la ausencia de continente.

 

d-     el peronismo en el poder tiene de aliado a una parte del radicalismo (los radicales k) encorsetados por la participación de Cobos en la fórmula presidencial, mientras que la UCR perdió ya a Lavagna, el último peronista que lograron seducir.

 

e-      En el laboratorio de Mendoza, los radicales puros solo tienen para mostrar la gestión de la capital, mientras que los radicales concertadores, cada vez más solos, poco a poco se están quedando sin sus aliados peronistas exiliados. En tanto el PJ mendocino, suma a los que se fueron por un rato, volviendo vencidos como reza el tango de Cadícamo, a "la casita de mis viejos".