Opinión
“Tan lejos, tan cerca… de una industria cultural”
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Toma 1: la película. No dejo de recordar la película que hace unos días alquilé en un video. Me refiero a “Martín Fierro, el ave solitaria”, del tucumano Gerardo Vallejo, quien falleciera en febrero de 2007. Una versión libre de “El gaucho Martín Fierro” y “La vuelta de Martín Fierro” de José Hernández.
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La pieza de Vallejo, interpretada estupendamente por Juan Palomino haciendo de Fierro, educa y aclara respecto del mítico personaje nacional que tantas veces ha sido objeto de construcción identitaria. En su film, Vallejo, fuera de todo esencialismo cultural que apela a ese trillado regodeo descontextuado de nuestro “ser nacional”, ubica al gaucho desertor en relación a su época: Un gaucho rebelde, que poco a poco adquiere conciencia social y política, se une a los indios para vivir en libertad, aquella que le fuera arrebatada por el embrionario Ejercito Argentino de mediados del siglo XIX para sumarlo al proyecto de exterminio del indomable indio.
Los ranqueles, solidarios, lo reciben y le dan la bienvenida junto a otro desertor, el Sargento Cruz. Exiliados en la inmensidad del campo, dialogan y comparten sus miserias. Pobres y perseguidos, como su pueblo criollo, obligados a la frontera o a la semiesclavitud en las haciendas, desterrados y desafiliados, van construyendo una trama dialógica –en base a los versos de Hernández- que recrea los padecimientos de los excluidos bajo el proceso de construcción de
Toma 2: un ejemplo de que en el interior se puede. Ahora bien, la grata sorpresa por el film de Vallejo deparó otra. ¿Cómo, dónde y quiénes realizaron y participaron del film?. Muy cerca de Mendoza, en la provincia de San Luis, en el pueblito “Buena esperanza”, el set organizó a la comunidad y trabajaron en su mayoría actores puntanos no profesionales, lugareños. Reconstruyeron los hombres las chozas y los ranchos, y las mujeres el vestuario, cosiendo ropas de época.
El mismo pueblo de “Buena Esperanza” fue el protagonista de la realización del film. Un concepto propio de los documentalistas que se formaron, como Vallejo, bajo el proyecto de “Cine Liberación” en los años 60 junto a Pino Solanas y Octavio Getino. Con financiamiento del INCAA y el apoyo de “San Luis Cine”, el film pudo realizarse en una provincia que ha apostado al desarrollo de una industria con escasos antecedentes en el interior del país.
Una política cultural que viene dando frutos y resultados, desde que se instalara desde el Estado Provincial puntano, la necesidad de proyectar un rubro que ofrece ventajas comparativas importantes respectos de otras locaciones. Recomiendo entrar en el sitio www.sanluiscine.com. Allí encontrarán un producto sorprendente de presentación de lo que está haciendo San Luis en el rubro. Para imitar.
Toma 3: Mendoza latente. Y en Mendoza, ¿qué pasa que no despega ese viejo anhelo de la comunidad cinematográfica local, de instalar a la provincia como plaza cinematográfica y polo de desarrollo de una industria que, entre otros beneficios, crearía empleo? ¿Cómo figurarse la durabilidad de este proyecto para que no quede en buenas intenciones, en declaraciones políticas o en voluntarismos?.
¿Cómo plantearlo desde una política de Estado, que sea abrazada por los gobiernos de turno, cualquiera sea el color político que los defina?. Para garantizarlo, creo, debemos reflexionar sobre la posibilidad de construir un proyecto de ley provincial, que estipule la creación de un área estatal, una especie de “Instituto para el desarrollo de
Creo que en este sentido, es el Estado quien debe necesariamente asumir el rol de Estado Empresario. Si no hay mercado, hay que crearlo, y, para crearlo, el Estado deberá invertir capital en recursos humanos, en infraestructura y en campañas de comunicación estratégicas.
No partiríamos de cero, ya que la provincia cuenta con una Escuela Regional de Cine y Video, cientos de estudiantes y graduados en comunicación social de las universidades, artistas plásticos y escritores de muy buen nivel, actores y bailarines, entre otras artes que se destacan aquí. Este capital cultural podría garantizar el suficiente capital humano y técnico para este tipo de emprendimiento.

