Opinión
Mendoza en guerra desde Google Earth
Los ángeles responden a los cohetes antrigranizo
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Por estos días Mendoza está en pie de guerra con el cielo. Una batería de misiles antigranizo y bengalas se despliegan hacia el firmamento para proteger cultivos, en las zonas más vulnerables a la naturaleza. Por las tardes y las noches, puedo escuchar los estruendos. Parece una guerra contra el cielo cuando a las cuatro de la tarde oscurece sorpresivamente y detonan las bombas. Como dicen los niños, “se hizo de noche de día”, o “se apagó el sol”.
Desde las alturas, aguerridos, los ángeles malditos responden con piedras de hielo, como si fuera una Intifada Celestial de hombrecitos alados descargando su ira contra techos y autos, plantaciones y flores, transeúntes y animales. En superceldas heladas están los ángeles, en trincheras de nubes, ocultos, y de a miles. No apuntan, sino más bien dejan caer con violencia los huevos congelados y los chaparrones diluvianos. “Castigo divino” dicen las señoras que te golpean la puerta para convencerte con el Atalaya. “Esto nos pasa porque hemos pecado, demasiado”.
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La furia gélida contraataca poblaciones y viviendas precarias, se ahogan perros sin pedigree abandonados en los puentes. La correntada arrastra a más de un albañil que regresa en su bici de la obra. Simplemente serán desaparecidos sin prosapia ni nobleza. “Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos” diría Videla en su célebre conferencia de prensa en diciembre del 79.
El agricultor de tierra adentro llora junto a su familia con sus hijitos prendidos a sus piernas, como garrapatas, con pánico. La “manga de piedra” ¿es un escarmiento sobrenatural?. Dios está enfurecido con nosotros, si es que existe. ¿Y además injusto?. ¿Por qué pierden más los que siempre pierden?. Vaya uno a saber, la naturaleza nada natural del capitalismo será así entonces. ¿Habrá que aceptarlo?
Los sobreadaptados a la biosfera social se recuperan de a poco o más rápido. Como en los programas de Discovery Channel. Los que viven al límite, retroceden varios casilleros. La sociedad es un gran juego de la Oca que hace trampas. Los ángeles, resentidos sociales, de un munido ejército apocalíptico.
El infierno está encantador
39º de máxima. 13 hs. El tránsito hormigueante desde el google earth en vivo ofrece la dimensión exacta del colapso urbano mendocino.
Esquina de Patricias Mendocinas y Rivadavia. Semáforo en rojo. El audio es excelente en mi google, y desde mi computadora sigo con atención los diálogos en el estadío de la barbarie, en nuestro terrenal infierno.
-Dale la concha de tu madre– grita un tipo con la bocina al palo.
-Que te pasa pelotudo, ¿no ves que todavía está en rojo?- responde el que tiene la delantera.
-Pero apuráte pedazo de boludo– insiste el conductor asomado por la ventana de su coche, literalmente sacado.
- ¿A quién le dijiste boludo, la puta que te parió?– retruca el primero de la fila de autos.
-A vos conchudo. ¡Qué! ¿te hacés el malo encima?– hecho sopa, se baja del vehículo.
-A ver, vení, decimelo acá- redobla el acosado.
Todas las bocinas de la ciudad chillan a la vez. El sol extiende sus brazos y quema neuronas ciudadanas. No habría que salir de las casas tras 39º. Algunos no pueden respirar y mucho menos pensar. La alta temperatura en el infierno es proclive a la guerra.
El semáforo cambió tres veces de color y los tipos se matan a trompadas en la senda peatonal ante el asombro de los niños que ocupan los dos coches en escaramuza. Los dos hombres sangran y sudan, como gallos en plena riña. El acosador del inicio del conflicto tiene fracturado el tabique nasal y su ropa es pura sangre pegoteada en su remera. Al otro, le creció una bola enorme en su ojo derecho y escupe un par de dientes. La gente, como si nada, mira gratis un reality show local sin codificar. El día valió la pena para el morbo urbano. Podrán contarlo.
Es hora de almorzar, y los autos del atolladero no pueden pasar por los costados de los bárbaros. Mientras, los ángeles, replegados por el sol, preparan su ejército para atacar por la tarde.