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Opinión

"Perdón, ¿quién es Pino Solanas?"

Pino versión 2008, tras el conflicto de campo, como nunca antes, se exhibe en distintos programas de TV. Le tienden la alfombra para atacar al gobierno. Ahí es donde aparece la sospecha. Si antes era ninguneado por el poder mediático, hoy, Solanas, ¿no termina siendo funcional al arco neoliberal que acampa en los programas políticos?.

Dos oportunidades en la historia política tuvimos los mendocinos de votar a Pino Solanas. En el 95 (Frente Grande) y en el 2007 (Proyecto Sur). En ambas, Pino fue candidato a Presidente de la Nación. Confieso que la dos veces lo voté por convicción y no por ser “el menos peor”. En limpio, por convicción pura, la más de las veces significa votar a perdedor.

A tal punto no ganaría Pino que en las ultimas elecciones del 2007, en numerosas escuelas de la provincia, no hubo boletas de la lista 30. Recuerdo que en la Escuela Sarratea de Godoy Cruz, donde siempre sufrago, entré al cuarto y tuve que recorrer varias veces las mesitas donde se apoyan los votos. No estaba la de Solanas. Ante la ausencia, salí y reclamé a las autoridades de mesa:

-“La lista que quiero votar no está en el cuarto”.

Los señores se miraron entre sí, buscando en el otro una explicación. Claro, ninguno de ellos, ante la atenta mirada de los sufragantes de la fila, podía preguntarme a viva voz cuál era la boleta que faltaba. Ello hubiera revelado en público, tras mi respuesta, a quién iba a escoger para meter en la urna. El voto cantado, está prohibido.

Uno de los muchachos de la mesa fue el más atinado. Se paró, y casi en secreto, me preguntó cuál era la boleta que faltaba.

Dada su discreta actitud, revelé, también en voz baja:

-“La de Solanas”.

El muchacho me miró fijo. Angustiado por la situación, demoró en abrir su boca. No intuía porqué vacilaba en contestarme. Al final se animó:

-Perdón, ¿quién es Solanas?

Mi rostro, una sola mueca. Quedé atónito con la interrogación, que fue susurro nervioso en labios del muchacho.

-¿Cómo? “¡Es un candidato a Presidente!” -exclamé categórico-.

-“Un momento, voy a consultar con el presidente de mesa” – zafó el muchacho-.

A todo esto, la gente, digamos, no estaba contenta con la demora ni mucho menos conmigo.

“¿Qué le pasará a este gil, a quién irá a votar?” supongo, cavilaban los varones entre 18 y 70 años que me seguían en la fila.

Desde la mesa de autoridades, el presidente, sin tapujos espetó:

-“Señor, no tenemos boletas de esa lista”.

No me satisfizo para nada la respuesta en público. Parecía que yo quería comprar en un negocio un producto que no vendían y, de alguna manera, cuando a uno le contestan así, se ve compelido a cambiar de marca, es decir, si no hay Sancor, bueno, llevo La Serenísima. Como si no quedara otra alternativa en góndola.

Ofuscado por la incertidumbre, advertí:

-“Está bien, espero. Traigan las boletas de donde sea porque no voto a otro candidato, ni quiero irme sin votar”.

La demora se extendió unos 30 minutos. El asunto fue que aparecieron las boletas de la lista 30 y, finalmente, pude decidir y no optar.

La semana siguiente a las elecciones me topé con varios conocidos a quienes les había ocurrido lo mismo. Algunos, ante la ausencia de boletas de Solanas, optaron por Cristina Fernández de Kirchner y otros, en blanco a Presidente.

Votar a Pino Solanas en Argentina será siempre un voto testimonial. Los intelectuales de izquierda, peronistas y no peronistas, ven en el cineasta a un tipo coherente, con una trayectoria impecable desde lo cultural y político. Simplificando las cosas, El Pino siempre será un candidato de intelectuales de clase media. No sucede así con las masas populares –expresión remanida pero que viene al caso- es decir, los obreros en su mayoría y desclasados sociales, objetos del clientelismo político de turno.

Soy de seguir a Pino Solanas atentamente en sus artículos que publica a través del grupo MORENO (en defensa de los recursos naturales y del patrimonio nacional) o en sus columnas de opinión en “Crítica” o “Página 12”. Además me resulta pedagógico conocer y revisar su producción cinematográfica y documental, así como varios textos que reconstruyen la trayectoria de uno de los fundadores del grupo “Cine Liberación” del 69 –recomiendo dos: Colombres, Adolfo (Compilador). Cine, antropología y colonialismo. Serie Antropológica. Ediciones del sol. Clacso. Bs.As. 1985.  Y Sel, Susana (compiladora) Cine y antropología como intervención política. Prometeo. Bs.As. 2007-.

Considero muy logradas algunas de sus películas (La hora de los hornos, El exilio de Gardel, Sur y la trilogía documental: Memorias del saqueo, La dignidad de los nadies y Argentina latente); y muy malas otras (“el viaje” y “la nube”).

Sin embargo, “el Pino” versión 2008, tras el conflicto de campo hasta nuestros días, sorprendentemente aparece como nunca antes en distintos programas de TV. Se lo invita y se le tiende la alfombra en estudios televisión para atacar al gobierno. Ahí es donde aparece la sospecha. Si antes era ninguneado por el poder mediático porque tal vez no convenía darle voz, me pregunto: hoy, Solanas, ¿no termina siendo funcional al arco neoliberal que acampa en los programas políticos de la tele?. Con todo respecto al gran maestro, pero es una duda a compartir y debatir.