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Opinión

AFJP: el pasado será mejor sin fenicios

Bienvenida la debacle de las aseguradoras. Llegó la hora que busquen laburo productivo y dejen de especular en el mercado financiero. Basta de propagandas con viejos chotos que parecen europeos. El anciano, sujeto de derechos y no objeto de negocios, debe ser amparado por un Estado solidario.

No hay nada más terrible que entretener a un viejo hasta que se muera. Y si es pobre, ni hablar. En las familias de varios hermanos, es un problema ponerse de acuerdo cuando el padre o la madre, entrados en años, no pueden valerse por si mismos.


Sin embargo, por las características de la sociedad machista nacional, son las mujeres,
hijas, las que terminan custodiando a los viejos. Los hermanos varones caen a la casa los domingos con un regalito y un asadito, y pista. Le dejan a la hermana el quilombo familiar y por supuesto los gastos de mantenimiento. Así somos. Cuando mandamos al viejo o a la vieja al geriátrico, le entregamos en bandeja los últimos meses de vida al sepulturero. A veces no queda otra. Y por consecuencia, no duran mucho. Mueren de pena.

¿Cuántas familias se tuvieron que hacer cargo de los padres que no tenían jubilación ni pensión, por distintos motivos, en los últimos 15 años? Miles y miles. El problema de los viejos sin jubilación fue, en muchos casos, porque no llegaron a realizar aportes de todos los años trabajados. Algunos fueron echados del laburo, otros tenían una PYME que quebró, y se quedaron en banda. A mucha clase media le pasó esto. Y de ahí en más, a sobrevivir con limosnas. Al amparo de parientes. Ni hablar de las amas de casa.

Llegar a viejo es un bajón. Se vive como la mierda y encima no vale nada la escuálida jubilación de 500 mugrosos mangos. Además le molestan a todo el mundo, a pesar de que nadie lo dice.
Los únicos que vivieron bien durante esos años eran los viejos que gozaron de una buena salud. Llevaron una vida sana, trotando, jugando al tenis, viejos de publicidad que no representan más que al 20% de los “viejos reales”. Enciman los promovían las AFJP en la tele, sonriendo, con cara de accionistas confiados. Viejos primermundistas, de propaganda, que comieron pasto toda su vida, dejaron de fumar. No se pusieron en pedo jamás. Viejos chotos haciendo spinning. Veraneando en Punta o en las playas brasucas o en Miami Beach.

La animadversión a este tipo de viejos me vino cuando de adolescente me topé con la película Cocoon (Ron Howard 1985). Ahí se produjo el quiebre. Unos viejos norteamericanos pelotudos que estaban de primera, se van de vacaciones y la pasan bomba, encuentran unas conchas gigantes que los hacen rejuvenecer y resulta que son unos alienígenas, tipo ET. Luego aparece un plato volador y se los llevan, en el medio del mar, chupando la embarcación. Una boludéz marca cañón. Los curas viejos, otros. Son peores. Esos son lo únicos que creen que se van a salvar. No se porqué, pero varios se llevarán una sorpresa en el purgatorio.

La ideología de la vejez sana es una fantasía en la cual comulgamos todos. “Cuando llegue a viejo quiero morirme durmiendo” decimos los pelotudos respirando hondo. Así es fácil pensar la vejez.

Es el Estado ¡estúpido!

El presidente de Arauca Bit, Jorge Saumell, confirmó que su sueldo es de 44.000 pesos y que en el último año recibió “750.000 pesos con la gratificación incluida”. Los salarios de los presidentes de las AFJP van de 47.000 a 110.000 pesos; los de los gerentes, de 28.000 a 70.000. A ello debemos sumarle bonos extras por la rentabilidad de la compañía. Esos tipos son lo que se hacen cargo de nuestros viejos. ¡Vaya negocito!

Es el Estado quien se tiene que hacer cargo de los viejos, porque es el único que puede abstraerse de la ideología hipócrita que los usa para hacer negocios, como las AFJP o los hogares de ancianos privados. En cambio, el Estado, no importa el gobierno de turno, puede hacerse cargo de ellos porque la política social conlleva un espíritu solidario y constituye un derecho universal.

Estoy absolutamente a gusto con la hecatombe de las AFJP y del mercado financiero mundial. Me pone contento. Esa sensación de que se acaba el mundo que nos transmiten los medios, por momentos, es fantástica. Apocalipsis y éxtasis para el cuerpo y los sentidos. Mientras, algunos se suman a sectas y se tiran del quinto piso, o matan a la familia por no poder pagar la hipoteca en nuestra Patria americana. Como en una película trucha de Ed Wood, a algunos, no les sale ni el suicidio.

Ahora todos se llenan la boca con los viejos. Con la Biblia en la mano rezan por los mayores. ¡Vayan a los bifes! Nadie se quiere hacer cargo de los ancianos. Solo el Estado podría hacerlo, es decir, todos, sin quererlo individualmente, desplazando la función a un ente burocrático superior. Que me vienen a hablar de “la posada eterna”, “el paraíso”, “el edén de los abuelos” o “vivir mejor”. Sale dos lucas por mes mandarlos a esas islas de la fantasía. Es un gran verso. Me basta el caso de mi vieja que nunca se jubiló laburando y la teníamos que ayudar los hijos.

Hasta que por fin, en el 2007 le dieron una pensión desde el Estado. Ahora mi vieja está contenta con esos pesos y decide por ella. Eso es inclusión, no de las mejores, pero para peor basta la experiencia previa.

Me quedo con la sabiduría del silencio del viejo, sentado en la vereda en verano, con el fresco de las acequias, tomándose unos verdes. Sin esperar nada y a nadie. Escuchando el canto de grillos y sapos, dueño absoluto del cielo estrellado, mientras, el Estado lo protege. Esa debería ser la nueva propaganda.