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Opinión

El albañil, la virgen y el intendente

María Rosa Mística causó furor hace como mil años, a partir del 27 de julio de 2000. Tuvo sus 15 minutos de fama en los diarios y la tele, en verdulerías y panaderías. Los "Cadoradores del sol" descifraban sus mensajes con radiografías. La curia local, incómoda por el fenómeno, respondía con agravios, y la intendencia de Las Heras, acercaba sus servicios de higiene y agua para los fieles.

Hubo un tiempo en que los diarios y la tele provinciales no retaceaban espacios de cobertura sobre el tema. La Iglesia, incómoda por el fenómeno social que ritualizaba el día 27 de cada mes, respondía con agravios, ante la masa peregrina. La intendencia lasherina, ¿oportuna u oportunista?, acercaba sus servicios de higiene y agua para los fieles. ¿Qué pasó con la Rosa Mística que ya nadie habla de ella? ¿Donde están esos fieles surgidos de la desesperanza tras la crisis del 2001 que se acercaban al santuario a pedir por trabajo y salud para los suyos?

El albañil Manuel Yanzón afirmó que el 27 de julio del año 2000 recibió mensajes de la Virgen. De allí en más, un movimiento de creencias se configuró tras el supuesto intermediario, vocero de la Rosa Mística, en el departamento del norte. Tras ello, el Arzobispo Arancibia puso en duda la veracidad de los mensajes. Yanzón luego fue considerado un impostor. Lo cierto es que el fenómeno llegó a la política.

El Intendente del Departamento Las Heras, Rubén Miranda, confeso devoto de María Rosa Mística, apoyó el movimiento de feligreses de la Virgen con obras de infraestructura para dar comodidades a los fieles.

¿Santos pa` amortiguar la desesperanza?

Siempre, en tiempos de crisis económicas y sociales, desde las capas medias y populares hostigadas, se reinventan significados religiosos. En el Borbollón de Las Heras se recreó un fenómeno, mezcla de paganismo y religiosidad popular, que aglutinó no solo a los más humildes sino también a aquellos que sociológicamente fueron clasificados como “nuevos pobres”, es decir, esa clase media que vio precarizada su vida por desempleo e ingresos magros, producto de una década que tuvo, entre sus novedosas consecuencias, la pulverización de aquel sector social.

El caso de la Rosa Mística logró cohesionar, desde la esperanza y el dolor, pero por fuera de la oficialidad religiosa, a esa masa de excluidos que llegaba en micros desde diferentes zonas de Mendoza, al santuario lasherino ubicado en el barrio Victoria del Borbollón. Por aquellos años, explotó un debate mediático y político que no hacía más que mostrar, cómo, a quienes controlan el mercado del espíritu, se les había escapado la tortuga.

Es nuestra condición como sociedades mixturadas desde la colonia, donde el mito se reelabora, entre la oficialidad religiosa y el paganismo popular, construyendo santos propios, más proxémicos, porque tal vez, brindan más confianza.

A partir de aquel fenómeno, nos juntamos tres curiosos por el tema y realizamos una experiencia multimedia de corte antropológico, en base a fotografías y música, que les ofrecemos de modo inédito, a nuestros lectores.

La dimensión de la esperanza, el comercio ambulante, el oportunismo político y la ruta del regreso a casa. Los “adoradores del sol” quemaban sus pestañas esperando los mensajes de colores que emitía María Rosa Mística. ¿Compensaciones simbólicas de la gente de los márgenes de la sociedad?. ¿Creencias que se filtran por entre las grietas de los templos?