Cargando con el éxito a cuestas
El envase jactioso del éxito, ese engañoso término que ciega y hunde talentos, que le da la espalda a inspiradores y a gestores de pasiones. Es que el éxito como tal, atribuyéndole un modelo de éxito de manual, impuesto y muchas veces auto-impuesto, en donde el mensaje vincula éxito con poder, fama, riqueza. La connotación del éxito se asocia a una mochila que carga y atenta contra el andar equilibrado y suelto de las personas. Genera inquietud, ansiedad y permanente comparación que paraliza el poder de creatividad, descubrimiento y por fin innovación. Hay un alto grado de inmovilización por temor a no lograrlo, por ¨el qué dirán¨, porque probablemente nunca se llegue a tal elevada cumbre. Pero, fundamentalmente, la significación del éxito inhibe preguntar y re-preguntar la identidad y el deseo individual. Éxito entendido como el logro de ciertos resultados puntuales, en donde sólo se vislumbra y se hace foco en ese resultado final que se desea y busca sin importar las consecuencias.
La odisea de convertirse en Presidente de una gran compañía, ganar un Oscar, ser una estrella renombrada o un integrante de una Multinacional que quiere ser Jefe o Gerente. Pareciese que el fin cegara los medios. Es una pendiente elevada, que conlleva trastornos de salud tales como burnout, ataques de pánico, depresión. Y, aquellos exitosos que llegan a esa cumbre, a ese momento anhelado por décadas, a ese momento extraordinario resulta que no concuerda con la expectativa inicial, con esos objetivos rotulados, con ese fin. Claro está que allí no hay plenitud; sino vacío. Decreto de un adormecimiento eterno, es que el éxito se adueña del ser.
El éxito no es un destino: el éxito es un viaje en sí, es ir disfrutando el paisaje a 360°, es aprender y desaprender en forma continua, es mantener virtudes y valores que, claro está, demandarán esfuerzo y disciplina.
Una premisa para el viaje es mantener pensamientos positivos que guíen las habilidades y destrezas. Lo que nos hace verdaderamente exitosos es lo que seguimos haciendo con lo obtenido (Nightingale). Un 10% es lo que sucede y el 90% cómo se reacciona frente a lo que sucede (Zig Ziglar) es que la actitud es más importante que los hechos en sí. Maslow indica como nivel más alto en la Pirámide Motivacional a la auto-realización, ese estadío de desarrollo pleno de nuestro potencial para convertirnos en todo lo que somos. Dicho estado es totalmente dinámico y es transversal y hasta denominador común en cada nivel de la pirámide.
Y el éxito, llegue o no, debe ser la búsqueda continua, insistente y fiel que pertenece a cada ser humano. No hay cumbre que paralice, tal vez haya cientos de cumbres en el camino.
La tendencia apunta a despojarse del éxito individual para dar lugar a bienestar social: Organizaciones B (alinean visón del negocio con necesidades sociales-ambientales), bienestar corporativo (ventaja competitiva para atraer y retener talentos, confianza, comunicación y mejora del clima) y jóvenes emprendedores con grandes aspiraciones y cercanía con el cuidado del medio ambiente (productos reciclados).
Construyamos un mundo justo, en donde exista equidad para ser escuchado, ser quien cada uno desea ser, sin prejuicios, sin estereotipos de éxito o fracaso, consiguiendo espacios de creatividad. Hacerse valer por tu color, en tu aroma, en el respeto que se te debe a tu privacidad, soñar y volar en grande hasta donde alcance (Eduardo Escalante). Se requiere éxito para marcar pisadas en distintas direcciones, soltar expectativas y parámetros ajenos, incluso de la organización misma y perseguir un ideal digno, en pos de los demás y con un continuo involucramiento.
Lic. Belén Milone
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