15 Vinos para el domingo patrio
Argentina en cuestión de bebedores de vinos ha sido muy cambiante. Fue protagonista de grandes vaivenes que fueron desde los tremendos 80 litros per cápita consumidos en la década de los 80, a los recuperados treinta y tantos actuales habiendo tocado los 20 litros en algún momento nefasto de la historia de la vitis vinífera. La realidad es que hoy Argentina es un país tan productor como consumidor de vinos, siempre estando entre los diez primeros países del mundo en el consumo y ahora fuerte en la producción, venta e importación.
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Sin embargo, hoy nos convoca la historia, esa que allá por los días de la revolución de Mayo, decía que el vino en Mendoza ya se producía en mayores cantidades de lo que se consumía. El vino del año llenaba las copas suficientes de las casas y rebalsaba los copones de los curas que habían sido artífices de su desarrollo en estas latitudes. Los productores viendo una gran cantidad de vino excedente, comenzaron a enviar buena parte otras provincias.
Es difícil eludir la imagen de aquellas reuniones en penumbras de los patriotas que casi en la clandestinidad pergeñaban un golpe certero a la dominación española. Reuniones que seguramente fueron regadas por litros de tintos mendocinos, los que ya eran preferidos por sobre los españoles protegidos por el Virrey y sus laderos. En esos años preñados de libertad, el vino era considerado (así como las pasas de uva) parte fundamental de la alimentación diaria.
Pasaron los años y el vino mutó, pasó por momentos de gran cantidad de consumo a momentos de gran calidad, por ciclos en los que convenía erradicar nuestra cepa insignia malbec, a poner en el altar a aquellos apasionados que sin recibir una retribución justa decidieron mantener esas plantas casi heroicamente.
Lo que Argentina es hoy en el mundo se lo debe a esa perfecta variedad que a fuerza de colores violáceos, aromas a flores y frutas, de sabores amigables, reconocidos, amables, ha vestido las mesas del mundo con etiquetas que orgullosas cierran su mensaje con un credo que reza: Vino de Argentina.
Uno al nacer no elige el color de su bandera, ni los límites poéticos de su patria, sin embargo con el paso del tiempo uno debería adoptar como patria el sitio en el que ha podido ser feliz (la sentencia es de Aristóteles). Por eso el malbec decidió ser argentino cuando con sus raíces como garras buscó el centro de esta tierra bendita de soles y montañas entregando en su esfuerzo racimos plenos de esperanza y libertad. Por eso los que viajan por el mundo y se sientan a una mesa, en algún momento orgullosos pronuncian su nombre como quien enarbola una bandera.
En los colegios ya sucedieron o sucederán los actos donde los niños hablarán de juntas y triunviratos, de mazamorras y cabildo de Saavedra y Mariano Moreno. Y luego en las casas del domingo se llenarán las manos de empanadas y los platos de un locro ortodoxo y argentino. Allí es donde propondremos llenar también las copas con la cepa que le dio la espalda al viejo mundo y decidió ser argentina hasta transformarse en su bandera.
Malbec con sacrificio en tu pasado, con éxito en tu presente y con alas en tu futuro, en tu copa gritamos libertad.
- Malbec Trapiche Alaris $ 30.- Trapiche
- Malbec de Las Perdices $ 55.- Las Perdices
- Malbec Altavista clásico $ 70.- Altavista
- Malbec Finca La Linda $ 75.- Luigi Bosca
- Malbec Nicassia Vineyards $ 80.- Bodegas Esmeralda
- Malbec Crios $ 90.- Dominio del Plata
- Malbec Lamadrid Reserva $ 95.- Lamadrid
- Malbec Sylvestra $ 100.- Bressia
- Malbec Lagarde $ 110.- Lagarde
- Malbec Marcelo Pelleriti Reserve $ 125.- MPW
- Malbec Petit Fleur $ 130.- Monteviejo
- Malbec de Ángeles $ 145.- Viña 1924 de Ángeles
- Malbec Pulenta Gran $ 310.- Pulenta
- Malbec Noemía $ 850.- Noemía
- Malbec Argentino 2008 $ 1.280.- Catena Zapata

