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"Hay que aprender a vender sin críticos ni puntajes", Marcelo Pelleriti

Recuperamos una entrevista que le hicieron al Enólogo de Bodega Monteviejo, donde comparte conceptos que vale la pena repasar.

Marcelo Pelleriti nació aquí en Mendoza, y fue uno de esos pibes como cualquier otro de nuestra ciudad. Esos que andaban trepados a los parrales que algún abuelo inmigrante tenía en su casona medio europea, medio criolla. Un pibe que creció y no en vano atesoró la enseñanza de ese abuelo inmigrante de hacer vino patero y tomarlo a la sombra de ese parral con toda la familia. 

Hoy Marcelo Pelleriti es uno de los enólogos más preponderantes de Argentina. Está al frente de la bodega Monteviejo del grupo Clos de los 7,y es la mano derecha del famoso enólogo francés Michel Rolland, quien lleva adelante ese proyecto en el Valle de Uco. Se ha consagrado como el primer winemaker del país en alcanzar los codiciados 100 puntos que otorga la publicación “The Wine Advocate”, de Robert Parker, de la mano del vino Château La Violette 2010, un 100% Merlot elaborado en Pomerol, Francia, donde también se desempeña como winemaker desde hace 12 años. 

Además obtuvo 99 puntos con el Château Le Gay, siendo el primer enólogo argentino en alcanzar este importante logro. “Creo que nuestra generación tiene que hacer cosas que nuestros hijos lo puedan probar en el futuro. Cuando hago un vino lo hago con la intención de que trascienda, que deje algo”, nos dice.


En Argentina, Pelleriti también desarrolla una marca propia de vinos bajo el nombre Marcelo Pelleriti Wines, que en 2012 comenzó a ser conocida entre los consumidores locales, si bien desde 2010 se está exportando a diversos mercados en el exterior.

–¿Cómo llegaste a la vitivinicultura?

–El culpable de que yo me dedicara a la enología fue mi abuelo, que si bien no tenía bodega en su casa de la Quinta Sección tenía una gran parra, que juntos cosechábamos y después hacíamos el vino patero. Mi abuelo era un gringo loco de laburo. Le tomé el gustito a hacer ese vino pero no tenía idea lo que era hacer un buen vino en esa época, era un niño apenas.

–¿Me imagino que probabas ese vino?

–Recuerdo que me daba de tomar de ese vino a escondidas de mis viejos. Nunca se me pasó por la cabeza dedicarme a otra cosa que no fuera a hacer vinos. Empecé a cursar en el Liceo Agrícola y después en la Facultad de Enología Don Bosco y me especialicé en Viticultura.

Por ese entonces el panorama no era el mismo que ahora.

–¿Cuál fue la suerte que corrió esa generación con la que estudiaste?

–Mi generación heredó un trabajo de la generación previa de gente como Ángel Mendoza, Pepe Galante, Mariano Di Paola. Gente que por ahí está más oculta y ha trabajado más desde lo técnico, porque antes la enología era más técnica que ahora, que es más pragmática y creativa.

–¿Qué significó Michel Rolland para la vitivinicultura argentina?

–Ya había personas que sabían del potencial en la Argentina, no hay que desmerecer al local, nuestra generación anterior ya lo veía. Cuando vino Rolland o hasta el mismo Paul Hobb le dieron una impronta más internacional, lo hicieron conocer al vino en el mundo. Michel Rolland tiene su inversión aquí y el habla del Malbec o la Argentina como si fuera su país.

Si bien Robert Parker es criticable o no, que diga que en el 2015 el Malbec argentino va a ser un ícono de calidad en el mundo son como profecías que se van cumpliendo. Este año acompañé a Rolland por toda la zona de Europa del Este y a cualquiera que le nombres Argentina, te responde Malbec y caro. Que te identifiquen con un producto y de calidad es muy bueno, son pocos los países que tienen esa identidad. Francia con su Pinot en Borgoña, su Merlot en Burdeos, después España con su Tempranillo, Australia y Sudáfrica con el Syrah, el Cabernet en Napa y no hay muchos más. Son países con muchos años de historia y con la corta historia del Malbec ya estamos identificados. Es una ventaja comercial.

–¿Se puede aprovechar esa ventaja comercial e ir detrás con nuevas variedades?

–Nuestra competencia nos dice que el Malbec va a tener un límite y es lógico. El Merlot también tuvo un límite pero sigue siendo fuerte en Estados Unidos. Vamos a tener crisis sin duda, pero todo lo que estamos haciendo hoy en las bodegas con los blend de Malbec y otros cepajes, sobre todo Cabernet Franc y otros, cuando salga al mercado va a dar mucho de que hablar. El Malbec se une muy bien con otros varietales.

El Bonarda tiene potencial aunque no sé a nivel comercial cómo se podría comunicar, pero hay zonas con muy buenos Bonarda.

–Lo que no hay que descuidar entiendo, es la calidad, ¿ahí está la clave?

–En alta gama, que es en lo que hay que posicionarse, andamos bien, no tan bien en los “entry level” por el tema del costo, y a las bodegas se les está complicando el panorama. Menos mal que no vamos a exportar vinos de 2 dólares como lo está haciendo España, porque es irreversible esa historia como ya le pasó a Australia: entrás en una gama de vinos baratos que competís con todo. Ahí sí que entrás en una moda que para cambiarla tenés que invertir millones de dólares en el mercado.

–Ya que hablás de comercio exterior, ¿cómo ves la actual situación para los exportadores?

–Argentina tiene muchas cosas que nos ayudan a ven- der y no las aprovechamos al 100%: el Aconcagua, el tango, ahora Messi, antes era Maradona, la cultura del país es muy fuerte siendo lo que somos. Al momento de vender no vendés solo vino, vendés toda esa historia cultural linda y fea al mismo tiempo.

En cuanto a los mercados, pienso que hay que ir a China; Chile nos lleva una ventaja importante. Con ProMendoza ya tenemos una oficina ahí en Shangai, esas son cosas buenas porque no es tan fácil hacer negocios en Asia. El problema de Latinoamérica es el tema impositivo, grandes barreras impositivas que llevan el precio de una botella a la mesa muy caro, caso concreto es el de Brasil. En Latinoamérica está surgiendo un fenómeno muy lindo con la gastronomía, empezando por Perú, y así sean pocas cajas hay que estar porque siempre hay alguien que va a probar tu vino como marca país. El espumante tiene un crecimiento en todo el mundo impresionante, es un fenómeno imposible de comprender, esperemos en el vino tener ese crecimiento.

–¿Qué podés decir de la actualidad de la vitivinicultura argentina puertas adentro?

Mi único partido político es el trabajo, que es lo que tienen que entender muchos políticos. Hoy la industria del vino es lo que es por el propio sector. Mendoza ha tenido poca ayuda siendo la productora del 80% de la vitivinicultura. No pueden ser tan poco inteligentes nuestros vecinos productores de querer relegar a Mendoza. No hemos tenido ni una sola ayuda. Los diferimientos impositivos, que son métodos que se aplican en todo el mundo para ayudar a zonas marginales por temporada, acá son eternos, y lo peor de todo es que las cosas no se han hecho bien en los lugares beneficiados. Esto es una crítica constructiva, y si queremos que las cosas funcionen y además te den plata para ayudarte, hay que hacer las cosas bien porque lo estamos pagando entre todos.

Los canales comerciales del vino están bastardeados, no hay que perder en Men- doza los pequeños productores, las bodegas boutiques, que son los que más la pelean para vender porque las bodegas grandes te comen vivo: te regalan 3 por 1, cualquier cosa. No se puede estrujar al productor al punto que después termine cerrando la empresa.

–La vitivinicultura es un sector que viene trabajando en forma corporativa de forma casi ejemplar para otras economías regionales. ¿En qué modo esto ayuda al productor?

–Todos colaboran y ayudan. Todos con sus defectos y virtudes colaboraron en el crecimiento, la Coviar es algo necesario y si bien a veces nos enojamos al final del balance todo suma. A Wine of Argentina lo pueden criticar o no pero creo que hace trabajos que en otros países no se hacen, el Fondo Vitivinícola con la promoción que está haciendo con el vino va por buen camino. En Argentina somos muy de criticar pero poco de colaborar.

–¿Cómo es trabajar en el exterior, en Francia?

–Hace 12 años que voy a trabajar a Francia y desde 2005 me llevo mi equipo. Hay diferencias al trabajar allá, más allá de que hay cosas básicas a nivel cultural que se asemejan, pero creo que hay algo que aprender de Francia y es el trabajo. Creo que la gran diferencia es la perseverancia en algunas cosas, algo que teníamos antes y la hemos ido perdiendo de a poco. Aunque admito que son bastante serios y a veces tengo que entretenerlos un poco con algunos chistes. Cuando trabajo en Francia nadie habla de política, ni de la crisis en Europa, nos dedicamos simplemente a hacer vino. Acá uno está haciendo el vino y todos los días surge algún inconveniente, siempre hay que volver a la oficina para solucionar algo. Pero a pesar de todo en Argentina existe un grupo de enólogos con los que que compartimos muchas ideas porque tenemos como objetivo que el vino argentino sea el mejor, que es la gran diferencia que pasa en otros países, aquí no hay secretos. La única diferencia es la persona que lo hace y el momento y la decisión de esa persona, en lo técnico lo compartimos todo.

–¿Qué importancia le da haber obtenido, por primera vez para un enólogo argentino, 100 puntos Parker?

–Hay que aprender a vender sin críticos ni puntajes, una vez que uno logra eso los puntos pueden ser una perlita más que le agregás a tu collar pero no hay que atarse a la venta de Parker, aunque sea importante. Yo he visto en Francia a enólogos llorar porque Parker le puso un mal puntaje.


–Contános de ese lugar tan especial allí en Francia.

–Allá físicamente son dos châteaux, en los cuales elaboramos en 33 hectáreas. Château La Violette y Château Le Gay (ambas eran propiedad de Caterine Peré-Vergé y su familia, al igual que Monteviejo) están dentro del “triángulo de oro”, las parcelas más caras que existen en el mundo. Esto es en Pomerol

Imaginate que todos los châteaux de la zona sacan generalmente entre 100 y 99 puntos. Te podría decir que nosotros somos como la mosca en la leche para este grupo, que vienen sacando hace años este puntaje. Este pequeño universo representa el 3% del mercado mundial. Imaginemos que el Château La Violette 2010 se vende en 2 horas, Châteaux Le Gay en 24 horas. Te compran el vino en la barrica, cuando sale la botella de la bodega ya está todo pago. Financieramente es el negocio perfecto pero perdés el control del producto en el mercado. También está Château Montviel, donde estamos haciendo un buen trabajo y hemos superado los 90 puntos de Parker y de Wine Spectator. Lo que quiero que se comprenda es que solo un 3% vive esta realidad y el otro 97% de los vinos del mundo la batalla de todos los días.

–¿En qué han sido importantes actividades que se acercaron al vino como el turismo o la cultura?

–Esta buenísimo, cada vez hay más propuestas abiertas al turismo y las bodegas han tomado conciencia de que los fines de semana hay que atender al turismo y se hacen muchas actividades con el enólogo, se muestra la labor en la bodega. El problema de la vitivinicultura es que a veces la gente no comprende la cultura del vino. Muchas veces la gente va a una bodega y lo primero que pide es que le regalen una botella de vino, y yo para que el vino más barato llegue a la botella pasa casi un año, aparte de todo lo que hice en el viñedo. Cuando me siento en un restaurante pago mi plato de comida, no tengo por qué regalar el vino. Tiene que ver mucho con lo cultural.

–¿En ese sentido como observás a Mendoza?

–Mendoza está cambiando mucho pero en ese sentido de fomentar el turismo, pero el que menos conoce de vino en el país es posiblemente el mendocino. A cualquier mendocino de la calle habría que preguntarle qué conoce de la vitivinicultura, no tiene idea. Cuando le decís que sos enólogo te responden que no saben qué es eso. En eso hay que hacer un trabajo fino desde abajo, desde las escuelas. Vos caminás por Burdeos, y podés ver en cualquier lugar una parejita de pibes de 18 años comiendo una pizza con una copa de vino, es parte de su cultura y son orgullosos de eso. Nadie sabe la cantidad de gente que trabaja detrás de una bodega, hay mucha gente involucrada y si bien a nivel macroeconómico no representa tanto, atrae turismo, llena los hoteles de alta gama y los que no lo son. Generalmente ese turismo de alta gama suele terminar en inversiones importantes en la provincia.

–¿Cuáles son los vinos que más le gustan a Pelleriti?

–Cada enólogo le pone su estilo, a mí me gustan los vinos terrosos con mucho mineral y textura fina en boca. Creo que nuestra generación tiene que hacer cosas que nuestros hijos puedan probar en el futuro, cuando hago un vino lo hago con la intención de que trascienda, que deje algo. En el mundo se toman vinos muy jóvenes, hay que aprender a guardar algunas botellas y ver cómo evoluciona el vino argentino. Sinceramente, no me interesa que me digan cuál es el vino que tengo que hacer. Sé que a nivel financiero hacer vinos que se tomen ya es importante pero no hay que tomar esa tendencia como algo absoluto.

–¿Cómo seguiirá tu proyecto, Marcelo Pelleriti Wines?

–Hace dos años que he empezado y de a poco estamos exportando a Estados Unidos, Canadá, Bulgaria, Bélgica, Australia y Brasil. Tengo un entry level que está elaborado más por un tema comercial, luego un reserva y un selection, que es el alta gama. Estoy sacando próximamente un cuvé especial que va a ser un vino que va a estar por encima de esos tres, algo muy especial. Es un vino creado en el viñedo, un corte realizado con uvas en el propio viñedo que ya se metió en botella con variedad Cabernet Franc y Malbec.

–¿Cuál es el secreto para ser reconocido en este mundo del vino a veces tan exclusivo y a veces tan cercano, tan familiar?

–El éxito y estilo que uno gana en el mercado es la cantidad de horas vuelo promocionando el vino. Mi vino en Argentina es exitoso porque me la paso desde hace años haciendo degustaciones de boca en boca, enseñándole a la gente.

–Sos un referente para algunos famosos que quieren invertir en Mendoza y en el vino. ¿Qué podes decir de estas inversiones?

–Hay algunas que son pasajeras y otras serias. Lo importante es que hay que tomar conciencia de que cuando uno trae algún inversor, más allá de que sea artista, hay que decirle la verdad, explicarle que la industria del vino no es para poner plata hoy y ganar mañana, es para ganar plata dentro de 10 años. Hay otros que vienen convencidos a invertir.

–¿Cuál es tu lugar en el mundo más allá de Mendoza?

–Estoy enamorado de Cafayate, tengo un proyecto personal ahí. Tiene algo ese lugar, es único, aislado, la gente es distinta, hay mucho para hacer y a nivel climático te desafía, siempre estás al límite con el tiempo. Existe todavía algo de origen de nuestra cultura y tiene mucho futuro, cuando se conozca bien en el mundo va a haber mucha gente que va a apostar a ese lugar.

–¿Sos un tipo familiero?

–Estoy casado con Gabriela y tengo dos hijos, Lucas y Rafaela, cuando estoy en Mendoza los disfruto mucho.

–¿Sos muy pretencioso con la comida, así como con los vinos?

–No soy complicado para comer pero obviamente de vez en cuando me doy gustos. En Francia, durante la vendimia, nos hacen la típica comida de campo francesa como el ratatouille, los pasteles de confit de pato o confit de canard, el magret de canard. Te podés morir de lo rico que es eso. Es la mejor comida que podés comer, es como la comida típica de nuestras abuelas. Si me preguntás rápido te contesto: el pastel de batata porque me lo hacia mi vieja.

–¿Qué te apasiona?

El vino y la música son mis pasiones. Mucha. Soy aficionado a la música, me gustan las guitarras y toco desde los 7 años. Estoy muy conectado con muchos rockeros del país. Fijate lo que hace el vino, une las masas. No hay un minuto que no escuche música y me fascina Jimmy Hendrix por su guitarra. Hoy también estoy incursionando en un programa radial llamado “In vino veritas”, que conduzco con Alejandro Vigil, Mauricio Llaver y José Bahamonde. Es más que todo una reunión de amigos con invitados.

–¿Por qué Argentina tiene más posibilidades que otros países vitivinícolas?

–Primero porque hay mucha pasión, no nos atamos a preconceptos porque tenemos personalidad y estamos en un nivel de calidad, complejidad y precio superior a otros países.

Hoy hemos logrado un trabajo en equipo de enólogo, sommelier, comunicadores y consumidores. El vino argentino es un caso único de una alianza que es un ejemplo para el país y el mundo.

 Marcelo Pelleriti, Michel Rolland y Henri Parent. 


Rolland influyó mucho en la comunicación del Malbec, es uno de los descubridores del Malbec junto con otros asesores internacionales. Creo que es el más importante y comunica la variedad como si fuera un argentino más. Fue el que hizo posible la llegada del Malbec argentino a Parker y que hizo posicionar a esta variedad en niveles de precios superiores que la media de otros países del nuevo mundo en el vino.

En mi vida Rolland más que un jefe es como un padre, una persona con la que hablamos de vino pero disfrutando; a nivel profesional me ha abierto las puertas en el mundo. Recuerdo que me entrevisté en 2001 a través de Gabriela Celeste en el laboratorio de Michel en Luján y hubo feeling. Probamos una botella que llevé de mi vino y pasó algo en ese encuentro. Michel Rolland es un personaje muy carismático y no científico, un hombre sensible, muy profesional y respetuoso para trabajar, no cree en los genios sino en la voluntad del trabajo. Él siempre dice que un cliente es un jefe.


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