|
Notas
Punto de Vista: SANTIAGO LOZA
Luego de que "La Paz" resultara ganadora de la Selección Oficial Argentina en el BAFICI, el director habló con Lupa y se mostró tan accesible y amable como su última película.
¿Cómo surgió La Paz y cómo fue el trabajo con Lisandro, tu socio en el teatro Elefante?
El proyecto tiene varios orígenes. Algunos no los recuerdo del todo. Hace varios años, cuando empecé a trabajar junto a Lisandro y conocí un poco de su vida apareció algo de esa situación familiar y social que a mí me despertó inquietud como para hacer una película.
Y al mismo tiempo yo soy del interior y de una clase media o media con pretensiones en la que también había un personal doméstico y en un momento yo estuve con algunas crisis personales y sentí una mayor protección por parte de ese tipo de vínculos que desde el familiar. Y yo tenía mucha necesidad de hablar de eso. La película no es biográfica, sólo ciertas zonas lo son.
Hay un cruce de biografías de los dos y otra parte que es falsa, porque para mí toda ficción es una mentira que toma ciertas zonas de la verdad para construir algo.
Lisandro dirigió varias obras que yo escribí y hay un conocimiento mutuo. Nos peleamos y reconciliamos mucho, hay mucha convivencia en el teatro, y esto hizo que en el rodaje el entendimiento fuera muy grande.Desde que lo conocí pensé que tenía una cara increíble para cine, él está en La invención de la carne(2009) y quería que fuera el protagonista de esta película. A Andrea Strenitz, la madre, la había visto en el estudio de Julio Chávez y me parecía que tenía algo enigmático. Uno se va enamorando un poco de cierta gente, de ciertos rostros, y surgen ganas de “contarlos”.
El proyecto tiene varios orígenes. Algunos no los recuerdo del todo. Hace varios años, cuando empecé a trabajar junto a Lisandro y conocí un poco de su vida apareció algo de esa situación familiar y social que a mí me despertó inquietud como para hacer una película.
Y al mismo tiempo yo soy del interior y de una clase media o media con pretensiones en la que también había un personal doméstico y en un momento yo estuve con algunas crisis personales y sentí una mayor protección por parte de ese tipo de vínculos que desde el familiar. Y yo tenía mucha necesidad de hablar de eso. La película no es biográfica, sólo ciertas zonas lo son.
Hay un cruce de biografías de los dos y otra parte que es falsa, porque para mí toda ficción es una mentira que toma ciertas zonas de la verdad para construir algo.
Lisandro dirigió varias obras que yo escribí y hay un conocimiento mutuo. Nos peleamos y reconciliamos mucho, hay mucha convivencia en el teatro, y esto hizo que en el rodaje el entendimiento fuera muy grande.Desde que lo conocí pensé que tenía una cara increíble para cine, él está en La invención de la carne(2009) y quería que fuera el protagonista de esta película. A Andrea Strenitz, la madre, la había visto en el estudio de Julio Chávez y me parecía que tenía algo enigmático. Uno se va enamorando un poco de cierta gente, de ciertos rostros, y surgen ganas de “contarlos”.
La paz es más clásica y más accesible que el resto de tu filmografía. ¿Creías que ese era el modo de contar esta película?
No hay una voluntad de llegar al público. Cuando hago cine respondo primero a necesidades personales y quizás también sea una necesidad personal ser amable. Yo siento que la película vuelve a visitar zonas que se tomaban en Extraño(2003): cierta extrañeza frente al mundo, cierta rotura, cierto no poder pertenecer. Pero entre una película y otra pasaron ya más de diez años y mi percepción cambió.Para mi Extraño era una película de vida o muerte. Y La paz es una película de tránsito, donde algo se reconcilió un poco más y las cosas duelen pero de otra forma. Hay una voluntad de ser más sereno. Y creo que hay algo que tiene que ver con cierta situación que me pasó con el teatro, que hizo que gente que no veía mi cine fuera al teatro, y accediera a algo que hago que tal vez es más narrativo, con más humor y ternura. La paz conjuga esa aproximación. Si bien la película nunca podría haber sido teatro, hay algo del tono que trabajo en el teatro que aparece ahí. Algo que estaba ya en mis otras películas, pero más oculto. Son un poco más ásperas, menos accesibles, pero la ternura ya estaba.
Esto no sé hacia dónde va, ni si es un proceso. Es la película que pude hacer, la que me salió. Yo necesito este diálogo con el mundo ahora. Necesito que las cosas no duelan tanto.
No hay una voluntad de llegar al público. Cuando hago cine respondo primero a necesidades personales y quizás también sea una necesidad personal ser amable. Yo siento que la película vuelve a visitar zonas que se tomaban en Extraño(2003): cierta extrañeza frente al mundo, cierta rotura, cierto no poder pertenecer. Pero entre una película y otra pasaron ya más de diez años y mi percepción cambió.Para mi Extraño era una película de vida o muerte. Y La paz es una película de tránsito, donde algo se reconcilió un poco más y las cosas duelen pero de otra forma. Hay una voluntad de ser más sereno. Y creo que hay algo que tiene que ver con cierta situación que me pasó con el teatro, que hizo que gente que no veía mi cine fuera al teatro, y accediera a algo que hago que tal vez es más narrativo, con más humor y ternura. La paz conjuga esa aproximación. Si bien la película nunca podría haber sido teatro, hay algo del tono que trabajo en el teatro que aparece ahí. Algo que estaba ya en mis otras películas, pero más oculto. Son un poco más ásperas, menos accesibles, pero la ternura ya estaba.
Esto no sé hacia dónde va, ni si es un proceso. Es la película que pude hacer, la que me salió. Yo necesito este diálogo con el mundo ahora. Necesito que las cosas no duelan tanto.
En tu cine y en el de Iván Fund (con quien trabajaste bastante) hay cierta manera de tratar a los personajes que es muy humana y respetuosa. ¿Cómo logran eso?
A mí no me salió nunca ser canchero. No se me dio. Y cuando cuento algo yo también soy esos personajes que cuento. Me pasa hasta en la elección de la posición de cámara: no podría estar en picado ni en contrapicado, tiene que estar a la altura de los ojos de los personajes. No puedo juzgarlos. La paz tiene algunos personajes que podrían ser juzgados, pero está contada desde un lugar desde el que no se puede hacer eso. Es como si hubiese una ley de tratar los seres amorosa o delicadamente. Uno en la vida no lo puede hacer todo el tiempo pero…hay una voluntad de entender. Mi colaboración con AB tiene que ver con eso: Iván codirigía y me llamó para escribir y yo sentía empatía con su mirada y con el tema, yo sentía que podía escribir sobre eso ya que es un mundo que me es afín. Yo siento que son películas muy amorosas las que intenté hacer siempre, por eso no entiendo los enojos que causan a veces. Y ahora tal vez logré un vínculo más francocon la gente, pero creo que la voluntad de ser cuidadoso estuvo siempre.
A mí no me salió nunca ser canchero. No se me dio. Y cuando cuento algo yo también soy esos personajes que cuento. Me pasa hasta en la elección de la posición de cámara: no podría estar en picado ni en contrapicado, tiene que estar a la altura de los ojos de los personajes. No puedo juzgarlos. La paz tiene algunos personajes que podrían ser juzgados, pero está contada desde un lugar desde el que no se puede hacer eso. Es como si hubiese una ley de tratar los seres amorosa o delicadamente. Uno en la vida no lo puede hacer todo el tiempo pero…hay una voluntad de entender. Mi colaboración con AB tiene que ver con eso: Iván codirigía y me llamó para escribir y yo sentía empatía con su mirada y con el tema, yo sentía que podía escribir sobre eso ya que es un mundo que me es afín. Yo siento que son películas muy amorosas las que intenté hacer siempre, por eso no entiendo los enojos que causan a veces. Y ahora tal vez logré un vínculo más francocon la gente, pero creo que la voluntad de ser cuidadoso estuvo siempre.
En Los labios ya aparecía, pero en La Paz se hace muy tangible la voluntad de mostrar la diferencia de clases.
Es que veo que hay un tabú para hablar de las diferencias sociales. Hay una ficción, la que solemos ver, que se narra desde una clase media alta. Y tiene que ver con quiénes narramos: yo me siento medio desclasado, pero soy parte de una clase media alta y no me hago el tonto, y la película está narrada desde esa clase, pero admitiendo la desigualdad.
Es un tema que o no se habla, o se desconoce, o cuando se habla se pone en un lugar demagógico. La Paz juega con un poco del humor de eso. Reconoce las desigualdades pero también muestra una mirada muy idílica de la pobreza, que es propia de la clase media alta: está la“utopía”de ser pobre,como si al pobre no le pasara otra cosa que ser pobre. Como si el pobre no tuviera otro destino y otra angustia que la de ser pobre. Todas las clases tienen una mirada distorsionada sobre las otras clases. Y con La paz veíamos que estábamos haciendo una película sobre mucamas y patrones y esa es una realidad de la que no se habla. Pienso en la ficción televisiva: los que hacen el trabajo de limpieza en la televisión no son nunca bolivianos ni peruanos cuando mucha gente que hace esas tareas es de esa nacionalidad. Es como si se hubiera invisibilizado, cuando además toda la clase que narra esas ficciones es gente que se ha criado con gente de esos países. Es un racismo muy solapado, pero racismo al fin.
El texto final de AB es de tu autoría, y es bastante poético e intenso. Dijiste que a veces usás al cine y al teatro como excusa para escribir. ¿Pensaste en dedicarte a ser escritor solamente?
El teatro me autorizó a lo literario, a la escritura. En el cine nunca me profesionalicé a nivel producción y tal vez nunca suceda eso. Y hacer el cine que hago, por más que genere beneficios y sea muy lindo, es un poco cansador. Trabajo con un equipo increíble (Iván Fund, IvánEibuszyc, Lorena Moriconi) pero en términos económicos se vuelve complicado. El giro que tuve es la entrada por derechos de autor, parte de mi salario tiene que ver con que mis obras de teatro se están viendo. Tal vez en algún momento me canso del cine o hago algún tipo de cine que no tenga vínculo con lo comercial. Pero nunca me desvinculé del todo de la escritura. Todo va y viene pero la escritura es lo que permanece siempre. Y el teatro hace que yo tenga confianza en la escritura. La figura del director de cine nunca me la creí, no doy con el physique du rôle, me cuesta socialmente. Pero la escritura es algo que me acompaña siempre. No sé si soy escritor, soy alguien que escribe. Y eso siempre me definió. Desde ahí pienso el resto de las cosas.
¿De qué tipo de cine argentino te sentís cerca?
Yo estoy poco confundido. Veo más teatro que cine, igualmente. Por supuesto que las películas de Iván me parecen interesantísimas. No pude ver la última de Perrone, que es un tipo que respeto mucho. Y después hay una zona rara, porque fui descubriendo mecanismos de producción afines en gente que al principio sentía lejana. Por ejemplo Llinás. Hay algo de la manera de hacer las cosas con la que terminás acordando. Además pareciera que hubo como una lucha entre los de la FUC y aquellos que no fuimos a la FUC, y finalmente ellos hicieron la suya con dignidad y autenticidad, más allá de que uno acuerde o no con los resultados.
Hay más: Lisandro Alonso, Gonzalo Castro. Los muertos es una película que me encanta e Invernaderome conmueve mucho. Matías Piñeiro también es alguien que respeto. Es consecuente y no toda la gente ha sido consecuente con lo que ha hecho. Y eso que es gente que no conozco tanto. Así que estoy revisando las cosas. Inclusive los premios del BAFICI de este año complejizaron este tema. Antes se acusaba al Festival de ser un reducto de la FUC y eso no se vio reflejado en los premios de la Competencia Argentina.
También podés tener en común con los directores que mencionaste el problema de la exhibición.
Sí, yo tengo algo muy contradictorio con eso. Hay claramente un problema de exhibición. Eso quedó claro con El estudiante y con Cornelia frente al espejo. Pero creo que los circuitos se han cortado con respecto atodo cine que no sea comercial. Y además todos estamos viendo cine de otra forma. La cinefilia cambió y está cambiando para siempre. Y el nivel de costos de producción debe ser diferente. Y además el tiempo que demanda sostener una película…yo veo que algunos directores tienen una militancia en la exhibición que la respeto y la admiro pero yo no puedotenerla. En ese tiempo hago otra película. A veces uno llega cansado a esa instancia. Nos pasó con Los labios, que es una película que viajó mucho y después acá tuvo su circuito de Gaumont y MALBA y se vio, pero quizás no tanto como debería haberse visto. Igual no me quedo en la queja: son películas que se terminan viendo de otra forma. Las películas tienen más vida, tal vez de una manera más clandestina, pero se terminan viendo.
¿Cómo va a ser el recorrido de La Paz ahora?
Y por lo pronto hará un recorrido en festivales (ya estuvo en Berlín). Además el premio del BAFICI le posibilita tener un estreno más comercial ya que se estrena en dos salas del país del Village. Antes no iba a ser así, y ahora tendrá un estreno acotado pero comercial, aunquetodavía no sé cuando sucederá porque hay que terminar de definir algunas cosas antes de llegara esa instancia
¿Tenés algún otro proyecto?
Sí, estamos cerrando un documental con Iván Fund y Lorena Moriconi, que será un mediometraje sobre el asombro. Es un proyecto que tenemos hace años y ahora fue tomando forma definitiva. Se emparenta con la segunda parte de AB, y es un trabajo colectivo: yo voy avanzando sobre la escritura, Iván trae imágenes y Lorena va armando la estructura.
Es que veo que hay un tabú para hablar de las diferencias sociales. Hay una ficción, la que solemos ver, que se narra desde una clase media alta. Y tiene que ver con quiénes narramos: yo me siento medio desclasado, pero soy parte de una clase media alta y no me hago el tonto, y la película está narrada desde esa clase, pero admitiendo la desigualdad.
Es un tema que o no se habla, o se desconoce, o cuando se habla se pone en un lugar demagógico. La Paz juega con un poco del humor de eso. Reconoce las desigualdades pero también muestra una mirada muy idílica de la pobreza, que es propia de la clase media alta: está la“utopía”de ser pobre,como si al pobre no le pasara otra cosa que ser pobre. Como si el pobre no tuviera otro destino y otra angustia que la de ser pobre. Todas las clases tienen una mirada distorsionada sobre las otras clases. Y con La paz veíamos que estábamos haciendo una película sobre mucamas y patrones y esa es una realidad de la que no se habla. Pienso en la ficción televisiva: los que hacen el trabajo de limpieza en la televisión no son nunca bolivianos ni peruanos cuando mucha gente que hace esas tareas es de esa nacionalidad. Es como si se hubiera invisibilizado, cuando además toda la clase que narra esas ficciones es gente que se ha criado con gente de esos países. Es un racismo muy solapado, pero racismo al fin.
El texto final de AB es de tu autoría, y es bastante poético e intenso. Dijiste que a veces usás al cine y al teatro como excusa para escribir. ¿Pensaste en dedicarte a ser escritor solamente?
El teatro me autorizó a lo literario, a la escritura. En el cine nunca me profesionalicé a nivel producción y tal vez nunca suceda eso. Y hacer el cine que hago, por más que genere beneficios y sea muy lindo, es un poco cansador. Trabajo con un equipo increíble (Iván Fund, IvánEibuszyc, Lorena Moriconi) pero en términos económicos se vuelve complicado. El giro que tuve es la entrada por derechos de autor, parte de mi salario tiene que ver con que mis obras de teatro se están viendo. Tal vez en algún momento me canso del cine o hago algún tipo de cine que no tenga vínculo con lo comercial. Pero nunca me desvinculé del todo de la escritura. Todo va y viene pero la escritura es lo que permanece siempre. Y el teatro hace que yo tenga confianza en la escritura. La figura del director de cine nunca me la creí, no doy con el physique du rôle, me cuesta socialmente. Pero la escritura es algo que me acompaña siempre. No sé si soy escritor, soy alguien que escribe. Y eso siempre me definió. Desde ahí pienso el resto de las cosas.
¿De qué tipo de cine argentino te sentís cerca?
Yo estoy poco confundido. Veo más teatro que cine, igualmente. Por supuesto que las películas de Iván me parecen interesantísimas. No pude ver la última de Perrone, que es un tipo que respeto mucho. Y después hay una zona rara, porque fui descubriendo mecanismos de producción afines en gente que al principio sentía lejana. Por ejemplo Llinás. Hay algo de la manera de hacer las cosas con la que terminás acordando. Además pareciera que hubo como una lucha entre los de la FUC y aquellos que no fuimos a la FUC, y finalmente ellos hicieron la suya con dignidad y autenticidad, más allá de que uno acuerde o no con los resultados.
Hay más: Lisandro Alonso, Gonzalo Castro. Los muertos es una película que me encanta e Invernaderome conmueve mucho. Matías Piñeiro también es alguien que respeto. Es consecuente y no toda la gente ha sido consecuente con lo que ha hecho. Y eso que es gente que no conozco tanto. Así que estoy revisando las cosas. Inclusive los premios del BAFICI de este año complejizaron este tema. Antes se acusaba al Festival de ser un reducto de la FUC y eso no se vio reflejado en los premios de la Competencia Argentina.
También podés tener en común con los directores que mencionaste el problema de la exhibición.
Sí, yo tengo algo muy contradictorio con eso. Hay claramente un problema de exhibición. Eso quedó claro con El estudiante y con Cornelia frente al espejo. Pero creo que los circuitos se han cortado con respecto atodo cine que no sea comercial. Y además todos estamos viendo cine de otra forma. La cinefilia cambió y está cambiando para siempre. Y el nivel de costos de producción debe ser diferente. Y además el tiempo que demanda sostener una película…yo veo que algunos directores tienen una militancia en la exhibición que la respeto y la admiro pero yo no puedotenerla. En ese tiempo hago otra película. A veces uno llega cansado a esa instancia. Nos pasó con Los labios, que es una película que viajó mucho y después acá tuvo su circuito de Gaumont y MALBA y se vio, pero quizás no tanto como debería haberse visto. Igual no me quedo en la queja: son películas que se terminan viendo de otra forma. Las películas tienen más vida, tal vez de una manera más clandestina, pero se terminan viendo.
¿Cómo va a ser el recorrido de La Paz ahora?
Y por lo pronto hará un recorrido en festivales (ya estuvo en Berlín). Además el premio del BAFICI le posibilita tener un estreno más comercial ya que se estrena en dos salas del país del Village. Antes no iba a ser así, y ahora tendrá un estreno acotado pero comercial, aunquetodavía no sé cuando sucederá porque hay que terminar de definir algunas cosas antes de llegara esa instancia
¿Tenés algún otro proyecto?
Sí, estamos cerrando un documental con Iván Fund y Lorena Moriconi, que será un mediometraje sobre el asombro. Es un proyecto que tenemos hace años y ahora fue tomando forma definitiva. Se emparenta con la segunda parte de AB, y es un trabajo colectivo: yo voy avanzando sobre la escritura, Iván trae imágenes y Lorena va armando la estructura.