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Notas

Los que hacen “el trabajo sucio” también festejan el día del padre

Carlos Marcelo y Carlos Javier son recolectores de basura, o los más comúnmente llamados “basureros”, aunque mucho no les gusta que les digan así. Como tantos otros festejarán el día del padre, y para poder hacerlo trabajan horas extras vendiendo bolsas de residuos.

Se trata de dos muchachos jóvenes, a quienes por esas cosas de la vida no les queda más remedio que hacer el trabajo que nadie quiere. Frecuentemente sienten que son discriminados por la sociedad, ya que muchos no entienden que se trata de un trabajo como cualquier otro, “a veces cuando tocás el timbre para pedirle una mano al vecino, se asustan, pero no nos da vergüenza decir de lo que trabajamos”, y resaltan así el valor de tener un trabajo honrado en estos días. 

Hacen desde hace 3 años “el trabajo sucio” por $1200. Trabajan 8 horas de lunes a viernes en horario nocturno. “En verano no la pasamos tan mal, pero ahora el frío nos mata”, dice Javier, ya que el uniforme que brinda la Municipalidad no es de los más térmicos. Quizás a uno le costaría imaginarse a un abogado o a un médico haciendo esa tarea, pero sin duda que el paisaje de cualquier ciudad se vería nefasto si esta gente no juntara los desperdicios de los demás, arriesgándose a cortarse con vidrios o contraer infecciones o enfermedades. Seguramente ese trabajo no sería comparable con el de un profesional, pero dado lo que perciben por hacerlo, claramente no es valorado como debería. “Me encantaría hacer otra cosa, pero la realidad es esta”, dice uno de ellos.

Carlos Javier tiene 3 hijos a los 21 años y Carlos Marcelo 2 a los 23. Están en pareja y piensan casarse algún día. Festejarán el Día del Padre juntándose entre varios “basureros” a almorzar un asado. Para eso salieron a vender paquetes de bolsas para residuos, ya que sino, el sueldo no alcanza. Al terminar de hacer las ventas debían ir a cambiarse con velocidad, ponerse el uniforme municipal y salir a pasar la noche sobre el camión. “Llegamos a esta altura de mes y estamos medio complicados con la plata”, explican.

Ambos están arrepentidos profundamente de no haber terminado la secundaria, “si Dios quiere algún día terminaré. Yo llegué hasta 8º y me gustaría hacer una nocturna pero no me dan los horarios. Si no trabajo en la Municipalidad tendría que salir a buscar laburo a otro lado y no se consigue fácil”, dice uno de ellos y agrega “el estudio que nosotros no pudimos tener, queremos dárselo a nuestros hijos y para eso trabajamos muy duro”.

También son padres y también festejan su día, aunque quizás tengan que inventar una alegría que les es un poco esquiva, por esas cosas que tiene la vida. Pero demuestran que todo trabajo dignifica, y es desde esa dignidad desde donde seguramente sacaran esas gotitas de felicidad con la que perfumanrán su día.

Feliz día para ellos también.