Notas
La inseguridad como enfermedad
No soy el primero, y seguramente no seré el último, que compare a la inseguridad con una enfermedad. Pero me parece que tienen más coincidencias de las que usualmente se marcan, similitudes que me gustaría recalcar, no sin antes pedirle perdón por adelantado a los galenos por algún error que cometa en esta comparación, al referirme a situaciones de la medicina que solo manejo como ciudadano común.
La “sensación” de inseguridad a que hacen referencia usualmente nuestros gobernantes es, creo yo, algo así como la fiebre que nos agarra cuando tenemos alguna infección: un síntoma. Cuando alguien tiene fiebre, lo primero que hace es intentar bajarla, y para eso se toma un antifebril de los tantos que hay. Pero si la fiebre vuelve, uno no debería insistir porfiadamente con los antifebriles esperando que este síntoma desaparezca, porque como su nombre lo indica, no es una enfermedad, es solo lo que visualizamos de ella.
Lo mismo pasa, en mi humilde opinión, con la inseguridad. Si mandamos cada vez más policías a la calle (al mejor estilo antifebril), la “sensación” podrá bajar circunstancialmente, pero la verdad, la infección continuará avanzando, y los síntomas no van a tardar en reaparecer cada vez con niveles más altos.
En el caso de la enfermedad, como en el de la inseguridad, una vez “frenados” inicialmente los síntomas, debemos ir a un especialista que haga un diagnóstico, para poder atacar de una vez por todas al verdadero responsable, siendo este, en el ejemplo médico, la infección que genera la fiebre.
¿Y cuál es la infección en el caso de la inseguridad? No he escuchado a casi ningún especialista o no especialista que no marque a la marginación social como el problema principal que genera este flagelo. Esa es la infección que debemos atacar. Y no digo “los marginados”, sino “la marginación” que no es lo mismo. No es esto una guerra contra los pobres, sino contra la pobreza. No luchamos contra ella por principios como deberíamos haber hecho, pues bien, ha llegado la triste hora de enfrentar a este flagelo para que su síntoma no nos mate, aunque sea desde el más cruel individualismo.
Y en medicina, creo yo, desde mi ignorancia de esta ciencia, se han utilizado dos grandes métodos para combatir las infecciones. Hasta principios del siglo veinte, si alguien tenía un pie infectado, se “cortaba por lo sano”, esto es, amputando a la altura de la rodilla. ¿Que se perdía, una parte no enferma? Puede ser, pero se salvaba al resto del cuerpo antes de que la infección avanzara. Pero a mediados del siglo pasado, aparecieron los antibióticos y la cosa cambió. Hay más opciones antes de amputar. No es simple, los antibióticos son complejos y deben seguirse aplicando aún cuando los síntomas no se ven, porque suele notarse una mejoría antes de terminar de eliminar el problema, pero en fin, es una solución sin corte.
¿Y en la inseguridad? Están los que siguen atacando los síntomas, creyendo que con más y más policías la cosa va a mejorar, o quienes piden cortar por lo sano, quejándose de que los jueces respetan los derechos de los “negros” que entran por una puerta y salen por la otra, o pidiendo que se criminalice a niños que han pasado toda su perra vida en sitios en los que ni usted ni yo quisiéramos estar ni una noche. También están los que piden pena de muerte para los asesinos, violadores, padres de los niños criminales…
¿Y los antibióticos sociales? ¿Para cuando? Será más lento reinsertar a quienes excluimos, será más caro, pero ¿no estamos ya en el siglo XXI? ¿Hasta cuando nos vamos a comportar como cavernícolas? ¿Para cuando la capacitación en serio de los sectores marginados? ¿Para cuando la salud para todos? ¿Alguien se cree que un pibe que ve, aunque sea a lo lejos, que tiene una salida, se va a dedicar a matar gente como a quien nada le importa, total, día más día menos, va a terminar igual preso o muerto?
Sí ya sé. En dos meses votamos, y esto no se arregla en dos meses, ni en seis. Está bien, sigan con los antifebriles, pero al menos por una vez arranquemos en serio con el ataque a la infección.