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Un descubrimiento en Alemania saca a la luz un inquietante rito de la prehistoria

Un descubrimiento arqueológico en el norte de Alemania permitió reconstruir prácticas funerarias de antiguos cazadores-recolectores y abrió nuevas preguntas sobre sus creencias.


Un descubrimiento en Alemania volvió a poner el foco sobre las creencias y costumbres de las primeras comunidades humanas que habitaron Europa tras la última glaciación. En el pantano de Duvensee, en el norte del país, arqueólogos hallaron nuevas evidencias sobre la vida y los rituales funerarios de grupos de cazadores-recolectores que vivieron hace más de 10.500 años.

Las excavaciones realizadas entre 2022 y 2023 permitieron identificar lo que los investigadores consideran la cremación más antigua conocida del norte de Alemania. El entierro, fechado en unos 10.500 años de antigüedad, integra un grupo extremadamente reducido de tumbas de este tipo en la Europa del Holoceno temprano, ya que hasta ahora solo se habían documentado casos comparables en Países Bajos y Dinamarca.

Según explicaron los especialistas, los restos cremados fueron enterrados junto con fragmentos de la propia pira funeraria. Ese detalle llevó a los arqueólogos a plantear que el lugar pudo haber permanecido visible en el paisaje durante mucho tiempo, posiblemente como una marca deliberada dentro del territorio. La conservación de la superficie original del suelo, protegida luego por depósitos de turba, permitió reconstruir el contexto del entierro con una precisión poco habitual.

El descubrimiento es notable para los arqueólogos

Pero el descubrimiento no terminó allí. Durante nuevas excavaciones desarrolladas en 2025, los investigadores encontraron muy cerca de la tumba el cráneo completo de un uro, un gran bovino salvaje que antiguamente habitaba Europa. A diferencia de otros restos animales recuperados en yacimientos similares, este ejemplar no presentaba huellas de corte ni señales de despiece, por lo que los especialistas descartaron que se tratara de simple descarte de alimentación.

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Otro descubrimiento en el mismo sitio fue el cráneo completo de un uro montado sobre un poste de madera, una pieza que refuerza la hipótesis de un uso ritual del paisaje.

Cuando el cráneo, extremadamente frágil, fue retirado para su conservación en el Museo de Arqueología del castillo de Gottorf, apareció otro dato inesperado. En su interior había un poste de madera de pino roto. Más tarde, una tomografía computada realizada en el Instituto Fraunhofer de Tecnología Médica Individualizada de Lübeck confirmó que el cráneo había estado montado originalmente sobre ese poste a través de la abertura natural de su base.

Para los arqueólogos, ese descubrimiento refuerza la idea de que el cráneo fue exhibido en posición vertical cerca de la tumba y que formó parte de una disposición ritual vinculada al entierro. Los investigadores sospechan incluso que el lugar pudo haber estado señalado por varios cráneos de animales colocados sobre postes de madera, en una escena cargada de simbolismo.

Esa interpretación abre una ventana sobre las creencias de estas comunidades tempranas. Los especialistas consideran que este tipo de montajes pudo haber tenido la función de proteger al muerto o de expresar una relación espiritual entre humanos y animales, una idea que suele asociarse con tradiciones animistas. Así, el descubrimiento no solo aporta información sobre una tumba antigua, sino también sobre la manera en que esas poblaciones entendían la muerte y el entorno.

Las tareas en el sitio Lüchow LA 11 continúan en el marco de un programa de formación para estudiantes de varias universidades alemanas. El objetivo ahora es establecer si todavía quedan enterrados otros postes, objetos rituales u otras marcas del mismo conjunto, lo que podría ampliar el conocimiento sobre los sistemas de creencias de las primeras comunidades europeas posteriores a la Edad de Hielo.