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Descubrimiento arqueológico en la Amazonía revela los secretos milenarios de una antigua civilización

Siete urnas funerarias de gran tamaño fueron halladas bajo un árbol caído en Brasil y aportan nuevas pistas sobre antiguas prácticas en tierras inundables.

Siete urnas funerarias fueron descubiertas bajo las raíces de un árbol caído en la región de várzea de Lago do Cochila. El descubrimiento aporta nuevas evidencias sobre la ocupación ancestral en la Amazonía.

Siete urnas funerarias fueron descubiertas bajo las raíces de un árbol caído en la región de várzea de Lago do Cochila. El descubrimiento aporta nuevas evidencias sobre la ocupación ancestral en la Amazonía.

Márcio Amaral-Instituto de Desenvolvimento Sustentável Mamirauá (IDSM)

Un reciente descubrimiento arqueológico en la Amazonía ha revelado la existencia de siete urnas funerarias, dos de ellas de tamaño excepcional, enterradas bajo las raíces de un árbol caído en el área inundable de Lago do Cochila, en el municipio brasileño de Fonte Boa, Brasil.

Los objetos se encontraban a unos 40 centímetros de profundidad y podrían haber estado situados bajo antiguas viviendas indígenas, lo que ha llevado a replantear nociones previas sobre el uso y ocupación de las planicies aluviales en la región.

Las urnas fueron localizadas en terrenos de várzea, zonas que se inundan de manera estacional, y su disposición sugiere un uso ritualizado vinculado a enterramientos. El sitio forma parte de una región donde se han identificado formaciones artificiales, construidas con tierra y fragmentos de cerámica, para resistir las crecidas. "Es una ingeniería indígena sofisticada, evidencia de una ocupación densa y permanente en el pasado", explicó el arqueólogo Márcio Amaral, del Instituto de Desenvolvimento Sustentável Mamirauá (IDSM).

Excavación colaborativa en un terreno desafiante de la Amazonía

El hallazgo fue posible gracias a Walfredo Cerqueira, un trabajador local dedicado a la pesca de pirarucú, quien detectó fragmentos extraños entre las raíces expuestas. Su aviso permitió organizar una expedición encabezada por el Grupo de Investigación en Arqueología Amazónica y Patrimonio Cultural del IDSM, con participación activa de habitantes de la comunidad São Lázaro do Arumandubinha.

Debido a la inestabilidad del terreno, el equipo construyó una plataforma elevada de 3,2 metros con madera y lianas de la zona. Las excavaciones se realizaron con un instrumento de medición estratigráfica conocido como datum, poco utilizado en alturas similares. Amaral señaló que se trató de una operación inédita: "Nunca habíamos excavado a esa altura. Fue completamente colaborativa y totalmente nueva para nosotros".

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El descubrimiento, realizado con colaboración comunitaria, marcó un hito técnico en excavaciones arqueológicas en zonas inundables de Brasil.

El descubrimiento, realizado con colaboración comunitaria, marcó un hito técnico en excavaciones arqueológicas en zonas inundables de Brasil.

En el interior de las urnas, los investigadores identificaron fragmentos óseos humanos, junto con restos de peces y tortugas, lo que apunta a rituales funerarios con componentes alimentarios. Ninguna de las piezas poseía tapa de cerámica, lo que sugiere el uso de materiales orgánicos desaparecidos con el tiempo.

El traslado de las urnas al centro del IDSM en Tefé requirió una travesía fluvial de hasta doce horas, y se utilizó un sistema de protección con film plástico, vendas de yeso, burbujas y estructuras de madera. El éxito del transporte ha demostrado la importancia del conocimiento local y las habilidades manuales en trabajos científicos de campo.

Los primeros análisis en laboratorio revelaron una diversidad cerámica inusual. Algunas piezas fueron fabricadas con arcilla verdosa —escasa en la región— y presentaban decoraciones con bandas y engobes rojos, características que no se corresponden con tradiciones conocidas como la Tradición Policroma Amazónica. Esto podría indicar la existencia de una tradición cultural aún no documentada en la cuenca alta del río Solimões.

Estos indicios refuerzan la idea de que las várzeas no fueron utilizadas solo de forma estacional, como se había asumido durante décadas, sino que pudieron haber albergado asentamientos estables y permanentes con estructuras complejas y sistemas rituales desarrollados.

El valor del conocimiento compartido en cada descubrimiento

La investigación ha puesto en evidencia la importancia de integrar el saber indígena en los procesos científicos. "Más que arqueología, esto es construcción de conocimiento con respeto a las comunidades tradicionales", destacó Amaral. La interacción directa con los pobladores no solo facilitó las tareas logísticas, sino que fortaleció el vínculo entre la ciencia y las culturas vivas.

Geórgea Layla Holanda, integrante del equipo del IDSM, remarcó: "No solo trabajamos en el terreno: compartimos comidas, historias y el ritmo de la comunidad. Aprendimos tanto de ellos como ellos de nosotros".

Este descubrimiento en la Amazonía brasileña abre nuevas líneas de investigación y subraya la riqueza patrimonial que aún permanece oculta bajo la tierra. También refuerza el rol clave que juegan las comunidades en la protección y valoración del pasado.