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Cuántos miles de millones de dólares de Irán están congelados por EE.UU. y por qué son clave para negociar la paz y reactivar la economía iraní

El acceso a estos recursos, cuyo valor se estima en hasta US$100.000 millones, ha sido una demanda clave de Teherán, pero siguen fuera de alcance debido a las sanciones y a las restricciones bancarias.

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La liberación de los activos iraníes congelados es una de las cuestiones más controvertidas y complejas en las relaciones entre Irán y Occidente.

Se trata de un elemento clave del memorando de entendimiento firmado recientemente con Estados Unidos, cuyo objetivo es poner fin a la guerra entre ambos países.

Teherán lleva mucho tiempo buscando acceso a fondos depositados en el extranjero, gran parte de los cuales siguen fuera de su alcance debido a las sanciones y las restricciones bancarias.

Aunque la mayoría de esos activos no se encuentran en Estados Unidos, Washington desempeña un papel fundamental a la hora de determinar si pueden ser utilizados.

Los expertos afirman que desbloquear siquiera una parte de ese dinero proporcionaría un salvavidas crucial para una economía golpeada por años de sanciones, aislamiento económico, inflación desbordada y devaluación de la moneda, además de los daños causados por su reciente conflicto con Estados Unidos e Israel.

Sin embargo, advierten que convertir cualquier acuerdo en transferencias efectivas será un proceso lento y complejo, debido a los obstáculos legales, financieros y políticos que implica.

Entonces, ¿qué son exactamente estos fondos y con qué facilidad puede acceder a ellos Irán?

¿Cuáles son los bienes y activos congelados?

Una bandera nacional de Irán ondea sobre las nuevas instalaciones de la Fase 3 en la refinería de condensado de gas de Persian Gulf Star Co., en Bandar Abbas (Irán), en enero de 2019.
Bloomberg via Getty Images
Los fondos iraníes congelados incluyen ingresos petroleros, ganancias por exportaciones, reservas en el extranjero y activos en disputa.

No existe una cifra oficial sobre el valor total de los activos iraníes congelados, pero las estimaciones oscilan entre unos US$27.000 millones y más de US$100.000 millones.

Los fondos no se encuentran en una única cuenta de acceso inmediato. Más bien, incluyen ingresos petroleros, ganancias procedentes de las exportaciones de petróleo, gas y electricidad, reservas de divisas depositadas en bancos extranjeros y activos inmovilizados en disputas legales, algunas de ellas con décadas de antigüedad.

Cuando Irán vende petróleo en el extranjero, los pagos suelen depositarse en cuentas del país comprador. Sin embargo, las sanciones han impedido con frecuencia que Teherán repatríe esos fondos.

La primera gran ola de congelación de activos se remonta a 1979, tras la crisis de los rehenes en la embajada estadounidense en Teherán. Aunque parte de esos activos fue liberada en virtud de un acuerdo posterior, algunas reclamaciones y bienes relacionados con contratos militares firmados antes de la Revolución Islámica de 1979 siguen sin resolverse.

Una segunda ola de restricciones más amplia comenzó entre 2011 y 2012, con el endurecimiento de las sanciones relacionadas con el programa nuclear iraní y la exclusión de Irán de partes del sistema bancario mundial. Estas medidas se reforzaron aún más después de que Estados Unidos se retirara en 2018 del acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA, por sus siglas en inglés).

A medida que se ampliaban las restricciones, cantidades cada vez mayores de ingresos quedaron atrapadas en el extranjero, ya fuera congeladas formalmente o sujetas a estrictas limitaciones sobre la forma en que podían utilizarse.

Según Frédéric Schneider, economista del Middle East Council on Global Affairs, un centro de estudios con sede en Doha, existen "diferentes tipos de congelación", incluidos fondos bloqueados formalmente, ingresos que no pueden ser repatriados y dinero inmovilizado en disputas legales que siguen en curso.

¿Dónde está el dinero?

Un mapa muestra las principales ubicaciones de los activos iraníes congelados. Se enumeran los siguientes países con sus importes estimados: Estados Unidos (2.000 millones de dólares), Luxemburgo (2.000 millones), Irak (15.000 millones), Catar (6.000 millones), Omán (1.000 millones), India (7.000 millones), China (entre 20.000 y 50.000 millones) y Japón (3.000 millones).
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La mayor parte de los fondos restringidos de Irán se encuentra fuera de Estados Unidos.

Una porción significativa está en China, el mayor comprador de petróleo iraní, con estimaciones que oscilan entre US$20.000 millones y US$50.000 millones. Otras sumas importantes se encuentran en Irak, vinculadas a pagos por exportaciones de gas y electricidad, y estimadas entre US$10.000 millones y US$15.000 millones.

Corea del Sur mantenía alrededor de US$6.000 millones en ingresos procedentes de ventas de petróleo iraní, que fueron transferidos en 2023 a cuentas en Qatar, según cifras del Congreso de Estados Unidos.

Sin embargo, Washington indicó posteriormente que Irán no podría acceder a esos fondos en el corto plazo, lo que en la práctica significó que el dinero permaneciera inmovilizado en Doha.

Otros fondos se encuentran en países como India, Japón y Luxemburgo.

En contraste, la cantidad bajo jurisdicción estadounidense es relativamente pequeña -alrededor de US$2.000 millones, según el Congreso de EE.UU.- y gran parte de ella está vinculada a fallos judiciales y reclamaciones de indemnización, lo que hace que su liberación sea particularmente delicada.

¿Cuál es el papel de Estados Unidos?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vestido con traje azul marino y corbata roja, hace el gesto de pulgar hacia arriba con la mano derecha mientras sostiene una carpeta negra con el brazo izquierdo, junto a tres banderas estadounidenses en la Casa Blanca.
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Aunque la mayor parte del dinero se encuentra fuera de Estados Unidos, la aprobación de Washington sigue siendo clave para el movimiento de los fondos debido a las sanciones secundarias.

Aunque los fondos se encuentran mayoritariamente fuera de Estados Unidos, la influencia de Washington sobre ellos se debe en gran medida a las llamadas sanciones secundarias.

Estas medidas no solo apuntan a Irán, sino también a bancos, empresas y gobiernos extranjeros que mantienen relaciones comerciales con el país.

Cualquier institución que ayude a transferir fondos iraníes corre el riesgo de perder acceso al sistema financiero estadounidense o de enfrentarse a sanciones.

Como resultado, los países que custodian dinero iraní suelen mostrarse reacios a liberar o transferir esos fondos sin una aprobación explícita de Estados Unidos.

¿Qué podría ganar Irán con un acuerdo?

En la imagen se observa humo saliendo entre los edificios en Teherán.
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Las autoridades iraníes estiman pérdidas económicas derivadas de la guerra de hasta US$300.000 millones, con una posible contracción de la economía de alrededor del 10% este año.

El memorando contempla dos formas principales de posible alivio económico:

  • Autorizaciones que permitirían a Irán exportar petróleo y productos derivados del petróleo, junto con servicios relacionados como transporte marítimo, seguros y operaciones bancarias.
  • Acceso a fondos congelados o restringidos, lo que daría al banco central iraní un mayor control sobre la forma en que se utiliza ese dinero.

El documento también apunta a un esfuerzo más amplio de reconstrucción -valorado en al menos US$300.000 millones- para reconstruir y desarrollar la economía iraní en cooperación con socios regionales, en el marco de un programa cuyo mecanismo de implementación deberá especificarse dentro del acuerdo final.

Estados Unidos ha subrayado que no entregaría dinero directamente a Irán (algo que, según la administración Trump, contrasta claramente con el acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y la administración Obama), sino que se centraría en promover inversiones en infraestructura, energía, transporte y otros sectores.

¿Recibirá Irán los recursos?

En la práctica, el acceso a estos fondos podría seguir siendo limitado, afirma Esfandyar Batmanghelidj, fundador del centro de estudios británico Bourse & Bazaar Foundation.

Estos acuerdos enfrentan "obstáculos muy complejos", dijo a la BBC, lo que significa que Irán podría estar en condiciones de gastar fondos dentro de un país determinado, pero tendría dificultades para transferirlos a nivel internacional.

Schneider destaca un problema más profundo: la incertidumbre sobre la duración de cualquier acuerdo.

Según explica, algunas sanciones estadounidenses están incorporadas a la legislación aprobada por el Congreso, lo que significa que un presidente no puede eliminarlas por completo de manera unilateral y solo puede conceder exenciones temporales.

Eso genera dudas sobre cuánto tiempo podría durar cualquier alivio de las sanciones, añade Schneider.

Un patrón similar se observó tras el acuerdo nuclear de 2015, cuando Irán recuperó acceso a parte de sus fondos.

Sin embargo, muchos bancos siguieron actuando con cautela y, en 2018, Estados Unidos se retiró del acuerdo y volvió a imponer sanciones.

La semana pasada, medios estatales iraníes informaron que Estados Unidos había accedido a liberar US$12.000 millones en activos congelados, aunque Washington no ha confirmado esa información.

También existe incertidumbre sobre si Estados Unidos podría utilizar parte de los activos iraníes para compensar a los Estados del Golfo por los daños relacionados con la guerra.

Un mercado de Irán.
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La liberación de los fondos congelados de Irán podría dar un respiro a su economía.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, escribió en X a principios de junio que esas pérdidas serían "pagadas con fondos extraídos de cuentas iraníes".

Sin embargo, Irán rechazó esa posibilidad. El viceministro de Asuntos Exteriores Kazem Gharibabadi afirmó que los activos de su país "no son botín de guerra para Washington ni un fondo destinado a pagar a sus aliados".

¿Qué significaría esto para la economía de Irán?

En 2024, la economía de Irán tenía un valor aproximado de US$475.000 millones, según el Banco Mundial.

Las autoridades iraníes estiman que las pérdidas económicas relacionadas con la guerra ascienden hasta US$300.000 millones, y que la economía podría contraerse alrededor de un 10% este año.

Si se liberara siquiera una parte de esos fondos, podría proporcionar un alivio a corto plazo.

Un miembro de la Cámara de Comercio de Irán declaró a la BBC que la escasez de divisas del país "ha llegado a un punto en el que muchos pedidos se han detenido o han sufrido largas demoras, y las importaciones se han limitado de hecho a bienes básicos y alimentos".

Los expertos señalan que el acceso a miles de millones de dólares en moneda fuerte podría ayudar a estabilizar el rial, financiar importaciones -incluidos bienes esenciales- y aliviar la presión sobre los mercados financieros.

Sin embargo, advierten de que eso no resolvería los problemas estructurales más profundos de la economía.

Kamran Nedri, profesor de Economía de la Universidad Imam Sadiq de Teherán, sostiene que "controlar la inflación y abordar la crisis del costo de vida debería ser una prioridad antes de cualquier programa de reconstrucción".

Añade que inyectar recursos financieros sin llevar a cabo reformas corre el riesgo de socavar sus beneficios.

Por su parte, Mehrdad Vahabi, profesor de Economía de la Universidad París 13, afirma que el desafío de Irán es más amplio: revertir el "fuerte declive de la inversión y la obsolescencia industrial" registrados durante las últimas dos décadas.

"Sin seguridad económica, la inversión es imposible. Sin inversionistas reales, la economía iraní no prosperará y el desarrollo económico quedará estancado", argumenta.

Reza Talebi, investigador en Relaciones Internacionales de la Universidad de Leipzig, en Alemania, coincide con esa valoración.

Según explica, Irán debe reducir las tensiones para dar a los inversionistas la confianza de que su dinero estará protegido de riesgos políticos y de seguridad.

"El estado de limbo entre la guerra y la paz es el mayor obstáculo para la entrada de capital en la economía", añade.

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FUENTE: BBC