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¿Se acerca la paz en Ucrania? El rol de Donald Trump en las negociaciones

Donald Trump marca el rumbo de las negociaciones con reuniones clave y un acuerdo de minerales que podría ser el comienzo del fin del conflicto bélico.
Emmanuel Macron junto a Donald Trump y Volodimir Zelenski Foto: @Zelenskyy
Emmanuel Macron junto a Donald Trump y Volodimir Zelenski Foto: @Zelenskyy

Todo parece indicar que podríamos estar ante el comienzo del fin de la guerra en Ucrania, un conflicto que desde febrero de 2022 ha desgarrado a Europa del Este y puesto al mundo al borde de una escalada impredecible.

En las últimas semanas, los movimientos diplomáticos entre Washington, Moscú y Kiev han tomado un ritmo vertiginoso, con Donald Trump como protagonista de una estrategia que combina pragmatismo económico y negociaciones bilaterales. ¿Estamos realmente presenciando los pasos hacia un cese de hostilidades, o se trata de un nuevo capítulo en un juego geopolítico donde las ambiciones de las grandes potencias podrían dejar a Ucrania en una posición vulnerable?

El próximo 28 de febrero, según un reporte de Reuters, Trump recibirá al presidente ucraniano Volodimir Zelenski  en la Casa Blanca, un encuentro que promete sellar un acuerdo clave sobre tierras raras, minerales estratégicos como litio, titanio y grafito, valorados en hasta 500.000 millones de dólares. Este pacto, según fuentes ucranianas citadas por AFP, implica que Ucrania cederá a Estados Unidos acceso privilegiado a estos recursos a cambio de la ayuda militar y financiera recibida desde el inicio del conflicto. Olga Stefanishyna, viceprimera ministra ucraniana, confirmó en su cuenta de X: "Hemos cerrado prácticamente todos los detalles clave. Esperamos que los líderes de Estados Unidos y Ucrania puedan firmarlo en Washington lo antes posible".

Este acuerdo no solo busca "devolver" a Estados Unidos lo invertido, según la visión de Trump, sino que también marca un cambio radical: el 10 de febrero, el presidente estadounidense anunció en Fox News que "estamos invirtiendo cientos de miles de millones de dólares. Tienen grandes tierras raras, y yo quiero la seguridad de esas tierras raras". Con esta declaración, Trump dejó claro que Washington ya no enviará armamento a Kiev, una decisión que, según expertos consultados por The Wall Street Journal, podría limitar la capacidad de resistencia de las fuerzas ucranianas -como máximo- hasta el verano de este año (invierno en este lado del mundo).

Por supuesto, el tablero no se limita a Ucrania. Tras la llamada entre Trump y Putin el pasado 12 de febrero, las negociaciones entre Washington y Moscú comenzaron de inmediato y, desde entonces, avanzaron a un ritmo vertiginoso. A tal punto que el 24 de febrero, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que pedía la paz en Ucrania, con los votos a favor de Estados Unidos, Rusia y China, y la abstención de los países europeos. Este voto conjunto, inédito por su alineación entre potencias tradicionalmente enfrentadas, refleja un giro en la postura de Washington. Horas antes, en la Asamblea General de la ONU, Estados Unidos, junto a Israel, se negó a condenar la invasión rusa, mientras Argentina optó por la abstención, distanciándose de la mayoría europea y acercándose a la posición de la Casa Blanca.

Ese mismo 24 de febrero, la visita del presidente francés Emmanuel Macron a la Casa Blanca intentó contrarrestar el enfoque “unilateral” de Trump. Macron, que ha sido un firme defensor del apoyo europeo a Ucrania, buscó persuadir al líder estadounidense de incluir a Europa en las negociaciones, pero nada hizo mover de su posición al dirigente republicano.

Es más, consciente de que cualquier esfuerzo por sumar a Bruselas a la mesa de negociaciones iba a ser en vano, Macron intentó forzosamente mostrar una voz protagónica al anunciar ante los medios acreditados de la Casa Blanca que "en cuestión de semanas puede comenzar una tregua en Ucrania que sirva para iniciar las negociaciones de un tratado de paz definitivo con Rusia".

Mientras tanto, Rusia, que avanza día a día en el campo de batalla – especialmente en Donetsk y Lugansk– exige mantener el control del 20% del territorio ucraniano -que ya ocupa-, incluyendo Crimea y partes del Donbás, y que Ucrania renuncie a su ingreso a la OTAN. Este escenario forma parte de las negociaciones bilaterales entre Trump y Putin, que también incluirían el levantamiento paulatino de las sanciones occidentales y la explotación de tierras raras en los territorios ocupados por Rusia. ¿Aceptará Ucrania una neutralidad impuesta y pérdidas territoriales tan significativas? ¿Qué dirán los europeos, que ven cómo su influencia disminuye frente a un acuerdo liderado por Washington y Moscú?

La presión sobre Kiev en estos momentos es abrumadora. Sin la ayuda militar estadounidense, que Trump ha suspendido, y con Rusia fortalecida -tanto en el campo de batalla como en las negociaciones diplomáticas-, Zelenski parece no tener otra opción que sentarse a negociar.

Tras reunirse con Zelenski, Trump planea reunirse con Putin en un futuro (muy) cercano, en lo que podría marcar el final del primer capítulo para alcanzar la paz en Ucrania.

"El siguiente paso es volver a reunirnos con ellos [los rusos] en algún momento, con el grupo adecuado de personas en la sala, y empezar a esbozar lo que necesitaría Rusia para detener la guerra", explicó el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en una entrevista con Breitbart News el lunes.

"Y obviamente tenemos que hacerle la misma pregunta a Ucrania, porque no se puede detener una guerra a menos que ambas partes estén de acuerdo”, agregó asegurando que independientemente de lo que puedan prolongarse las negociaciones, la Casa Blanca está dispuesta a ir hasta el final para detener el conflicto bélico.

Si estas reuniones fructifican, la guerra podría entrar en una fase de cese al fuego en las próximas semanas. Sin embargo, las preguntas persisten: ¿Aceptará Ucrania un acuerdo sellado previamente entre Estados Unidos y Rusia? ¿Tolerará Europa un arreglo que la deje fuera de la mesa de negociaciones? El telón aún no ha caído, pero el escenario está listo para un desenlace que, acertado o no, redibujará el mapa del mundo. La historia, como siempre, será la jueza final.