Gobierno de unidad, el “as bajo la manga” de Trump para ganarle la pulseada al establishment progresista
A esta altura no quedan dudas de las capacidades estratégicas de Donald Trump. Lejos ha quedado en el tiempo esa imagen que buscaron imponer los medios de comunicación al comienzo de su primer mandato mostrando una impronta tonta y terca del dirigente republicano. Ahora, el magnate ha demostrado, una vez más, tener siempre un “as bajo la manga”; en esta ocasión, para hacer frente a la confabulación mediática que busca “inflar” y “lavar” la imagen de la candidata demócrata Kamala Harris.
En la campaña, Trump venía liderando en las encuestas, y cada vez con mayor amplitud, frente al alicaído presidente y excandidato presidencial demócrata, Joe Biden. Por eso, el establishment del Partido Demócrata y de Wall Street presionaron al mandatario de 81 años para que se retire de la contienda, sobre todo luego del desastroso debate que tuvo lugar el pasado 27 de junio.
En realidad, la endeble salud mental de Biden se venía viendo desde hace mucho tiempo. Entonces, ¿por qué lo eligieron inicialmente como candidato? Porque simplemente no tenían a otra persona de tinte progresista/globalista que reúna las condiciones para enfrentar a un envalentonado líder conservador/soberanista.
La maniobra era arriesgada, pero no había otra opción: sacar a Biden y poner a Harris. Sí, la actual vicepresidente que se había lanzado a competir contra el propio Biden en las últimas elecciones y tuvo que declinar su precandidatura ante la falta de apoyo en las encuestas y en el propio establishment del partido que la veía como muy radical.
El proceso de reemplazo fue sumamente desprolijo: Biden ya había sido postulado y había hecho campaña en varios de los estados que debían elegir a los consejeros que en agosto se reunirían para oficializar su campaña. De nada sirvió todo ese proceso demócratico y, por ende, no se tuvo en cuenta en absoluto la preferencia demostrada por los afiliados del partido. Los que manejan las riendas del partido y del gobierno ya habían elegido. Trump no dudó en catalogar el repentino cambio como un auténtico “golpe de estado” contra Biden.
Desde entonces, los medios de comunicación han intentado, y con más razón lo seguirán haciendo en adelante, fortalecer la imagen pública de la exsenadora.
Es evidente que la exfiscal general de California tiene dificultades para hablar en público, se suele poner nerviosa y ríe a carcajadas. Al mismo tiempo, ha demostrado severas limitaciones para exponer sobre temas complejos, como por ejemplo los que hacen a las relaciones internacionales.
Es tal su temor a cometer un error ante las cámaras que recién el jueves de la semana pasada brindó su primera entrevista en los medios. Pasaron 39 días desde que fue anunciada como candidata.
Por supuesto, todo se acomodó para que no sufra ningún traspié. El lugar escogido fue la ultrademócrata CNN, la reportera fue su amiga Dana Bash y estuvo escoltada por su compañero de fórmula, el gobernador de Minnesota, Tim Walz.
Aun así no pudo contestar una pregunta simple que le hizo Bash: qué pensaba de que Trump sugiriera que ahora “se volvió negra” (es decir que habla de su ascendencia negra) solo para ganarse el voto afroamericano. Solo sonrió y contestó: “next question” (“siguiente pregunta”). Ante la insistencia de la periodista para que brinde algunas palabras, Harris movió la cabeza en señal de negación.
Por supuesto, ya sea en CNN, ABC, NBC o CBS nada aparece, y probablemente no aparecerá, sobre sus discursos extremos, por ejemplo en el tema climático y su propuesta de prohibir el fracking. O su pasado como fiscal general de California y sus discursos garantistas en temas penales o su postura de “fronteras abiertas” (sobre todo ahora que los propios demócratas no pueden simular el descontrol migratorio en el sur del país).
Todo este blindaje mediático es acompañado por la prensa gráfica como Washington Post o New York Times.
La manipulación mediática sin duda repercutió en las encuestas, en donde Harris incluso comenzaba a superar a Trump tras su aparición en la contienda.
El golpe final de esta primera etapa de “lanzamiento” de su campaña se iba a dar en la Convención Nacional Demócrata que tuvo lugar entre el lunes 19 y el jueves 22 de agosto en Chicago. Allí se iba a mostrar a una Harris moderada, inteligente y capaz de contener a los distintos espacios dentro del partido e inclusive a los independientes.
Sin embargo, Trump tenía un “as bajo la manga”. Mientras se desarrollaba la convención demócrata, el equipo de campaña de Robert F. Kennedy Jr. anunciaba que el candidato independiente hablaría a la nación el viernes de esa semana. Los rumores se empezaron a sentir cada vez más fuerte, desviando la atención de lo que sucedía en Chicago.
Llegó el viernes y RFK Jr. no solo se bajó de la contienda, sino que declaró su apoyo explícito a la campaña de Trump. Incluso más: aseguró que el candidato republicano le pidió que forme parte de su Gobierno.
El acuerdo se forjó, según relató el propio “Bobby”, en los días posteriores al intento de asesinato del expresidente a fines de julio.
“Sugirió que uniéramos fuerzas como un partido de unidad. Hablamos sobre el equipo de rivales de Abraham Lincoln, ese acuerdo nos permitiría estar en desacuerdo públicamente y en privado y furiosamente, si es necesario, sobre temas en los que diferimos, mientras trabajamos juntos en los temas existenciales en los que estamos de acuerdo", dijo.
El mismo día, Kennedy subió al escenario durante un mitin de campaña de Trump en Glendale, Arizona. Aseguró que el candidato republicano comparte sus puntos de vista sobre política exterior, censura gubernamental y "poner fin a la epidemia de enfermedades crónicas".
Trump también dijo que le pedirá a Kennedy que trabaje en un panel que investigaría "el aumento de décadas de problemas de salud crónicos, incluidos trastornos autoinmunes, autismo, obesidad, infertilidad y muchos más".
“Uno de los temas de los que habló fue tener alimentos seguros y poner fin a la epidemia de enfermedades crónicas”, coincidió RFK Jr, un destacado activista contrario a la injerencia corporativa en los asuntos gubernamentales.
“¿No quieren niños sanos? ¿Y no quieren que los productos químicos estén fuera de nuestra comida? ¿Y no quieren que las agencias reguladoras estén libres de corrupción corporativa?”, continuó el dirigente de 70 años. “Y eso es lo que el presidente Trump me dijo que quería”, añadió.
“¿No quieren un presidente que haga que Estados Unidos vuelva a ser saludable?”, sintetizó.
Además, Kennedy afirmó que Trump le dijo que quiere acabar con “el control de los neoconservadores sobre la política exterior estadounidense”, es decir los que sostienen que Washington debe intervenir en otros lugares del mundo donde -se supone- están en riesgo los intereses del país.
“¿No quieren un presidente que nos saque de las guerras y que reconstruya la clase media en este país?”, preguntó retóricamente ante la ovación de los republicanos que se dieron cita en el mitin de Arizona. Kennedy también dijo que Trump está alineado en contra de la censura.
“¿No quieren un presidente que proteja la libertad de Estados Unidos? ¿Y nos proteja del totalitarismo?”, agregó.
La figura de Kennedy no es menor. Es sobrino del legendario presidente John F. Kennedy e hijo de Robert F. Kennedy, el ex fiscal general y excandidato presidencial demócrata. El apellido Kennedy es “palabra santa” en el partido azul.
Según diversos estudios, la boleta de RFK Jr. en la campaña traccionaba -sobre todo- votos demócratas, también independientes y, en menor medida, republicanos.
Días después del discurso de Kennedy, otra destacada dirigente demócrata anunciaba su apoyo a Trump: Tulsi Gabbard. Esta excongresista se presentó como precandidata presidencial en las últimas elecciones generales.
“Durante su primer mandato en la presidencia cuando no solo no comenzó ninguna guerra, sino que tomó medidas para reducir y prevenir guerras, ejerció el coraje que nosotros esperamos de nuestro comandante en jefe al agotar todas las medidas diplomáticas. Tener el coraje de reunirse con adversarios, dictadores, aliados y socios por igual en la búsqueda de la paz, ver la guerra como último recurso... Esta es una de las razones principales por las que me comprometo a hacer todo lo que pueda para enviar al presidente Trump de regreso a la Casa Blanca”, explicó Gabbard.
Kennedy y Gabbard ya forman parte del gobierno de transición con el que Donald Trump espera llegar a la Casa Blanca.
«De lo que se trata esta elección es de algo más que un choque entre dos partidos. Se trata de construir una coalición popular para derrocar a un establishment corrupto», escribió Kennedy en X el 1 de septiembre asegurando que, salvo excepciones, los liberales “a la antigua usanza se sienten más a gusto en el Partido Republicano ahora que en el Demócrata”.
Sin lugar a dudas, este Gobierno de Unidad que propone Trump abre un nuevo escenario en la contienda electoral presentándose como el candidato que representa los valores tradicionales estadounidenses y el que es capaz de pacificar al país frente a un Partido Demócrata cada vez más radicalizado hacia la izquierda.
¿Y qué dicen las encuestas? Muestran que la carrera está sumamente reñida. Hasta el momento, según el promedio que elabora Real Clear Polling.com, la diferencia entre ambos candidatos es de 1,8 puntos a favor de la aspirante demócrata.
Sin embargo, hay un “detalle”. En el promedio de encuestas con múltiples candidatos, Kennedy Jr. acumula un 4,4% de intención de voto, número nada despreciable que, en este contexto, puede incluso ayudar a definir la elección a favor del republicano (sobre todo en estados clave como Pensilvania).
En tanto, según Polymarket (una plataforma en la que la gente apuesta dinero sobre los resultados), las probabilidades son del 51% para Trump y del 47% para Harris.
¿Le funcionará la estrategia de unidad a Trump?

