Ciudadanos extranjeros como “fichas de cambio”: ¿la última jugada de Maduro?
La reciente detención del gendarme argentino, Agustín Nahuel Gallo, en Venezuela ha puesto en evidencia una estrategia cada vez más recurrente del régimen de Nicolás Maduro: la utilización de ciudadanos extranjeros como piezas de negociación en un tablero político que le es cada vez más adverso.
Gallo fue arrestado el 13 de diciembre tras ingresar desde Colombia por el Puente Internacional de Táchira y, según las últimas actualizaciones, permanece retenido sin explicaciones claras. Este episodio, lejos de ser un hecho aislado, se suma a una preocupante lista de extranjeros detenidos en circunstancias similares. Según un informe reservado del Gobierno argentino citado por el periodista Román Lejtman en Infobae el 16 de diciembre, Maduro, además, mantiene bajo su custodia a ciudadanos de Estados Unidos, Bolivia, España, Perú, Uruguay y Ecuador.
Esta situación despierta una inquietante pregunta: ¿Podría el líder venezolano estar reteniendo a estas personas como “moneda de cambio” ante una eventual salida negociada del poder?
Un patrón que se repite
En efecto, el caso del gendarme Gallo no es el primero ni el único. Existen antecedentes claros que muestran cómo el chavismo ha utilizado a detenidos extranjeros para alcanzar objetivos políticos. Uno de los ejemplos más notorios es el del empresario colombiano Alex Saab, arrestado en Cabo Verde en junio de 2020 y extraditado a Estados Unidos en octubre de 2021. Saab, considerado un testaferro de Maduro, fue liberado en diciembre de 2023 en un intercambio por diez ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela. Un año antes se asentaba otro precedente importante cuando Estados Unidos liberaba a los sobrinos de Cilia Flores, primera dama venezolana, quienes se encontraban detenidos por cargos de narcotráfico, a cambio de siete ciudadanos estadounidenses, entre ellos ejecutivos de Citgo.
En este contexto, Emmanuel Rincón, periodista, escritor y colaborador de María Corina Machado en el exterior, advirtió en su cuenta de X el 16 de diciembre sobre los peligros que representa viajar a Venezuela en estos momentos: "Si usted es extranjero no vaya a Venezuela estos días. Repito, no vaya. No importa si tiene amigos o familiares o quiere ir a una playa bonita, no vaya, lo van a secuestrar. La tiranía de Maduro está acumulando rehenes, no sea un tonto y no se convierta en uno de ellos".
En el mismo sentido, el vocero de la Casa Rosada, Manuel Adorni, se refirió a los riesgos de visitar Venezuela tras la detención del gendarme Gallo. En su habitual conferencia de prensa matutina, este martes declaró: “Es irracional que uno se vaya a meter en una dictadura que le ha hecho un daño horrible al pueblo venezolano. Uno no debe acercarse a esas dictaduras”. Esta advertencia puede interpretarse como una recomendación formal del gobierno argentino para evitar los viajes al país caribeño.
La presión se intensifica sobre Maduro
La detención del gendarme Gallo ocurre en un contexto particularmente delicado para Nicolás Maduro, quien ha decidido atrincherarse en el Palacio de Miraflores tras la contundente victoria de la oposición en las elecciones de julio.
Plataforma Unitaria, un frente opositor que agrupó a 11 partidos políticos, ha recolectado y ha hecho públicas el 80% de las actas electorales que le dan un 67% de los votos a favor de Edmundo González Urrutia, mientras que el régimen de Maduro nunca presentó las actas de los comicios.
González Urrutia ha anunciado que regresará a Caracas el 10 de enero para asumir como presidente, apoyado por sectores opositores que buscan una transición democrática en Venezuela. "El 10 de enero se va a juramentar Edmundo González, quien constitucionalmente asume la presidencia. Esa fecha va a marcar un hito importantísimo porque Maduro perderá la poca legitimidad que le queda", subraya al respecto en un diálogo exclusivo con MDZ Adriana Flores Márquez, representante de Vente Venezuela (el partido de María Corina Machado) en Argentina y jefa de campaña de Edmundo González en nuestro país.
Paralelamente, el cerco internacional contra el régimen se está cerrando. Donald Trump, quien asumirá la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero, ya ha adelantado su postura: no comprará más petróleo a Venezuela y exigirá que el régimen acepte el retorno de delincuentes deportados desde territorio estadounidense. “Si no lo hacen, se enfrentarán a duras consecuencias económicas”, advirtió Trump el lunes en una comparecencia ante la prensa desde Mar-a-Lago.
Sin dudas, la postura de la nueva Casa Blanca aumentará la presión sobre el líder socialista que enfrenta cada vez más sanciones internacionales, incluida una reciente de Canadá, que penalizó a cinco de sus funcionarios.
Pero el aislamiento de Venezuela también se ve reflejado inclusive entre sus (¿ex?) aliados. En los últimos meses, los vínculos con gobiernos de izquierda en la región, como los de Brasil, Chile y Colombia, se han enfriado significativamente debido a la falta de avances democráticos y el aumento de la represión en el país. Además, la crisis económica y política ha llevado a más de 7 millones de venezolanos a emigrar a países vecinos, convirtiéndose en una de las diásporas más grandes del mundo.
Asilo político: ¿una salida para Maduro?
Mientras Maduro se enfrenta a un escenario político y económico cada vez más asfixiante, surgen especulaciones sobre posibles salidas. El caso del presidente sirio Bashar al-Assad, derrocado recientemente y refugiado en Rusia, abre un interrogante: ¿Podría Maduro optar por un asilo político en países aliados como Rusia o Cuba? Esta posibilidad no resulta descabellada si se considera que el líder venezolano mantiene fuertes vínculos con ambos gobiernos, quienes podrían ofrecerle protección ante un eventual desenlace político adverso.
La tensión política que se vive en Venezuela es cada vez mayor. Una manifestación de ello es el asedio a la embajada argentina en Caracas por parte de grupos chavistas, que incluso han cortado el suministro eléctrico en varias ocasiones. En la sede diplomática se encuentran refugiados seis políticos de la oposición venezolana, lo que refuerza la complejidad de la situación y la creciente presión sobre el gobierno de Maduro.
Cabe resaltar, además, que se estima que, tras las protestas postelectorales, hay entre 1.000 y 2.000 personas detenidas en Venezuela, producto de arrestos masivos promovidos por el régimen.
Si bien aún es relativamente prematuro confirmar que Maduro está planeando utilizar a los detenidos como moneda de cambio, los antecedentes y el contexto actual hacen que esta hipótesis sea plausible. El gendarme Gallo y los ciudadanos de otros países podrían convertirse en una herramienta de presión para negociar su salida o garantizar beneficios en una eventual transición.
El mandatario de 62 años, asimismo, enfrenta un escenario de aislamiento internacional y presión interna cada vez mayor. Ante un contexto marcado por la posible llegada de Trump a la Casa Blanca, el regreso de González Urrutia y el endurecimiento de las sanciones internacionales, la pregunta clave es: ¿Cuánto tiempo podrá el dirigente chavista sostener esta estrategia?
"Estamos en momentos cruciales para la libertad de Venezuela. Si mantenemos la presión interna y externa bajo el liderazgo de María Corina Machado, lograremos consolidar la transición hacia la democracia", resalta con entusiasmo Flores Márquez.
Hoy por hoy se puede decir que el futuro del líder venezolano es incierto, pero lo que sí está claro es que los ciudadanos extranjeros detenidos por el régimen podrían jugar un papel clave en las negociaciones políticas que se avecinan y, por ende, en su eventual salida del poder.