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La investigación que destapó la olla de la FIFA

La obscenidad con la que manejaron los fondos del fútbol mundial para su propio bienestar resumida y detallada en el libro de Andrew Jennings.
Foto: Télam
Foto: Télam

Andrew Jennings es un periodista escocés que ha dedicado gran parte de su carrera a investigar casos de corrupción en diferentes esferas, desde el vínculo con el narcotráfico de la Scotland Yard hasta las irregularidades presentes en el Comité Olímpico Internacional a la hora de designar sedes o tapar casos de doping positivo.

En los '90 comenzó a mirar hacia Zúrich, pues algo olía mal en la FIFA. A partir de 2000 se centró definitivamente en dos figuras polémicas para el mundo del fútbol, cuestionadas desde siempre por Diego Maradona: João Havelange y Joseph Blatter.

Así, tras años de investigación salió a la luz FIFA: la caída del imperio (Aguilar), el libro que reveló cómo los más altos dirigentes del fútbol mundial se estaban enriqueciendo de manera obscena con fondos provenientes del deporte más popular del planeta y que concluyó en la detención de 14 ejecutivos y empresarios por lavado de dinero, conspiración y fraude, entre los 47 cargos por los que se los acusa.

Jennings se autodefine como "lento y metódico", rasgos por cierto destacados de su libro, en el que ofrece detalles que parecen extraídos de una película de gangsters. De ese modo, el periodista describe minuciosamente el funcionamiento de la maquinaria corrupta de la FIFA desde 1974, año en que Havelange tomó las riendas del poder para soltarlas en 1998 y no sin antes asegurarse de dejar en el cargo a su mejor aprendiz.

Desde maletines que salían vacíos de Brasil con rumbo a Suiza y regresaban llenos de lingotes de oro, pasando por la descompostura de Ronaldo en la final de la Copa del Mundo de 1998 por las presiones de Nike, los escandalosos arbitrajes a favor de Corea del Sur en el Mundial 2002 y la reventa de entradas por los mismos funcionarios, hasta la construcción de un hotel y complejo de lujo en Trinidad y Tobago con fondos de la FIFA pero propiedad de hecho de Jack Warner, ex presidente de la Concacaf, forman parte de una red que se sustentó en dos pilares fundamentales: el soborno y la autocracia.

Cómo llegaron los ejecutivos de la FIFA a absorber tanto poder sin que nadie los frenara

La respuesta la dará Adrew Jennings en este libro y hará enojar a los amantes del fútbol. Y mucho. Aunque los que no son fanáticos se enojarán también por la impunidad con la que se vienen manejando desde hace más de 40 años, confraternizando con gobiernos nacionales sin importar si al que le estaban estrechando la mano era un asesino al poder o un presidente elegido democráticamente. El dinero no discrimina.

"El lujo es vulgaridad", reza una canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. FIFA: la caída del imperio deja al descubierto cuánta plata se robaron y en qué la gastaron. Muchas de las historias vertidas en este libro asquean y le dan sentido a esa frase que dejaron el Indio Solari y Skay Beilinson para la eternidad.

El método fue siempre el mismo, pero las sospechas recrudecieron en 1995 cuando la FIFA rechazó una oferta de mil millones de dólares por los derechos de televisación del Mundial 2002 para mantener sus negocios ilegales con ISL, la desaparecida empresa de márketing que llegó a liderar las transmisiones deportivas a nivel planetario.

La impunidad llegó a un límite a fines de 2010, cuando Blatter decidió designar al mismo tiempo dos sedes mundialistas: Rusia 2018 y Qatar 2022. Algo que no había sucedido jamás y que tenía su explicación: los gerontes al mando de la FIFA no querían arriesgarse a morir antes de hacerse de un último botín, y así abrieron sus maletines y bolsillos en una doble votación para asegurarse sus últimos años de opulencia.

Todo pasa

La figura de Julio Humberto Grondona no se quedó afuera de la investigación. Su importancia dentro del engranaje financiero de la FIFA quizá no se condice con los pocos párrafos dedicados a su rol, pero alcanzan para entender porqué llegó a ser la mano derecha de Sepp Blatter.

Jennings no pasa por alto la Copa del Mundo de 1978 en plena dictadura ni el asesinato de Carlos Omar Actis -quien fue designado para organizarla- ni las sospechas de que su reemplazante el almirante Carlos Lacoste dio la orden de asesinarlo ni la llegada de este último a la vicepresidencia de la FIFA en 1979.

Con el regreso de la democracia, Alfonsín se negó a que Lacoste representara al país en el extranjero y Julio Grondona, al frente de la AFA desde 1979, vio una inmejorable oportunidad para meterse en la esfera de la FIFA hasta el último día de su existencia.

En sus últimos años de vida, ya afianzado como jefe de la Comisión de Finanzas de la casa rectora del fútbol mundial, Grondona fue el encargado de revisar los gastos de Blatter y hacer la vista gorda.

Sepp determinaba su propio sueldo, jamás lo sometió a discusión del Comité Ejecutivo, y Don Julio hacía lo que mejor sabía hacer: mirar para otro lado.

A fin de cuentas, todo pasa.

Lucas Burgoa