Nuevo paradigma: el "factor amor" en las políticas de seguridad
Una línea virtual quedó trazada en La Paz, Bolivia, durante el encuentro que expertos gubernamentales y de ONG sostuvieron para intercambiar experiencias sobre las políticas de seguridad. Es que se observó que quedaron atrás los modelos copiados de Europa o Estados Unidos para empezar un repaso de éxitos y fracasos de lo implementado en Latinoamérica en los últimos 15 años.

La reunión fue organizada por la Fundación Arias de Costa Rica y Cejip Bolivia y surgió espontáneamente un factor común entre jefes policiales presentes, dirigentes sociales y funcionarios políticos de diversos países latinoamericanos representados.
Ese novedoso punto en común fue el "factor amor" que fue expuesto por diversas ponencias y experiencias. Así, sintetizando, desde Perú, Ana Watson, dirigente social, lanzó que al final, cuando policía y justicia ya actuaron, "lo que queda como conclusión es que habría que haber actuado antes. Allí queda en evidencia la fragilidad del joven asesino, por ejemplo. Queda vacante una situación que no estamos todavía preparados para afrontar: ese joven no tuvo afectos, nadie lo abrazó de niño, no recibieron valores en la escuela y entonces que sociedad y la justicia mal puede reclamarle algo que nadie le dio nunca". Watson lanzó un desafío: el cambio del sistema educativo de modo de detectar carencias de amor y afecto en forma temprana, como forma de hacer más eficaz toda la inmensa cadena de persecución penal posterior. De hecho, pensó, si actuamos antes habría menos delito, menos juicios y menos presos.
"Hay que trabajar sobre los afectos como política de seguridad", dijo.
Curiosamente coincidió con fuerza la Capitana de la Policía de Ecuador, Paulina Espín, que proclamó la necesidad de "empezar a evitar la represión para comprender la dimensión de las causas de por qué un niño se vuelve peligroso".
Ana Yancy Espinoza, representante de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso, aportó desde su vasta experiencia como investigadora de la violencia armada en Centroamérica, la zona más caliente de Latinoamérica, que "es necesario tener en cuenta el contexto que despierta la violencia como respuesta". En este punto, subrayó un concepto que en Argentina ha sido trabajado in extenso por el psicólogo Alejandro Castro Santander. Espinoza respaldó la idea de que "la violencia se aprende: es una construcción social". Por lo tanto instó a que todas las políticas públicas de seguridad vayan todavía más atrás en la tarea preventiva y se enfrenten cara a cara a los problemas de vínculos interpersonales. "Hay condiciones naturales que afectan a la violencia estructural", sostuvo, y en ese punto enfatizó que "la violencia estructural destaca la desigualdad e inseguridad".
Así quedó planteado un nuevo rol que se detecta como necesidad emergente al evaluar el estado de los programas en marcha: el amor, el afecto, los núcleos humanos, la mirada y protección al niño en su primera infancia.

