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Las claves de la eurobronca desatada

Los "populares" consiguieron el mayor caudal, pero los populismos de izquierda y derecha arrasaron. Los “ultras”. La democracia clásica, derrotada.

Las izquierdas clásicas de los países de la Unión Europea, salvo en Grecia y España, son las perdedoras de la elección de este domingo. Pero no solo ellas.

Los resultados de Francia y el acceso de dos neonazis al Parlamento Europeo, uno por Grecia y el otro elegido nada menos que en Alemania, muestran que la democracia, así como la comprendemos y defendemos, también ha sido derrotada.

En esa clave hay que leer el resultado de Francia, en donde se impuso el ultraderechista Frente Nacional, dejando en un tercer lugar a los socialistas de Francoise Hollande y a los que ya miran como los culpables del ascenso de la derecha en su país, debido a su impericia gobernante.

En España el partido de los “indignados”, Podemos, la gran masa de disconformes que se movilizó en todo el país es la gran sorpresa. Se trata de un castigo por partida doble tanto a la Izquierda Unida, con la que no se sintieron representados y al bipartidismo PP-PSOE. Estos dos últimos partidos no llegaron al 50 por ciento de los votos en España y Podemos, en su debut electoral, obtuvo nada menos que 5 escaños en el Parlamento Europeo.

Un dato extra que será la comidilla de los medios españoles: sumados, Izquierda Unida y Podemos le pasaron por arriba a los socialistas del PSOE en Madrid.

El PP de Rajoy perdió 8 bancas y el PSOE, 9. La Izquierda Unida, así y todo, pasó de tener 2 a contar con 6 escaños en el Parlamento Europeo. Lo que se le critica es no haber sabido sobrellevar el liderazgo de la disconformidad popular.

Las cuentas ya comienzan a sacarse en una Europa que, por lo menos, se muestra al mundo sacudida por la crisis y sorprende con unos resultados que demuestran que está viviendo un momento de transición. Será responsabilidad de las fuerzas democráticas replantearse su estilo y sus plataformas, o ceder, definitivamente, hacia nuevas formas de populismo de izquierda y derecha, que parecen ser las grandes vedettes de estas elecciones.

El Parlamento continental tiene 751 sitios para ocupar. Los “populares” (PP) europeos son los que ganaron más bancas, con 211. Lo hicieron a pesar de (o “precisamente por ello”) ser la fuerza del ajuste y el control de las cuentas. Los socialistas, en un segundo puesto (con 193 bancas). Izquierda Unitaria (47 escaños), los Conservadores y Reformistas Europeos, el grupo de los tories británicos (39 escaños), y el grupo euroescéptico Europa de la Libertad y de la Democracia (33 escaños).

Pasando en limpio:

Se predijo falsamente que las características de estos comicios iba a ser el ausentismo. Sin embargo, se indica que se registró la mayor participación desde 1979. Fallaron los pronósticos y la sociedad protestó (tal el signo de estas elecciones) acudiendo a las urnas.

Uno de cada cuatro franceses votaron por Le Pen, el ultraderechista que dijo que para terminar con el problema de la inmigración africana había que desatar el ébola. Lo votaron. Pero no cualquier sociedad: la francesa, la de la revolución, la misma en la que los sociólogos más prestigiosos del mundo toman partido y que, esta vez, quedaron fuera de escena.

La izquierda más radical triunfó en Grecia, pero también los griegos le otorgaron acceso a una banca a un neonazi.

Alemania, por lo tanto, respaldó mayoritariamente a los conservadores de la superprimer ministra Angela Merkel. Pero en un acto casi suicida, también le tiró la alfombra roja a un neonazi que asumirá su eurobanca.

Acto fallido

Se dijo una y mil veces que este comicio tenía como cometido unir a Europa, homogeneizar el europeísmo y hasta que permitiría contar con una especie de “presidente” europeo, surgido indirectamente de la votación.

Pero pasó todo lo contrario. Lo que quedó en evidencia es una Europa mucho más fragmentada, con el patriotismo local a flor de piel y tanto, que los nacionalismos secesionistas resultaron triunfadores.

Los “populares” de todo el bloque reclaman “ya” que el luxemburgués Jean-Claude Juncker asuma la conducción, atento a que son quienes recibieron el mayor caudal de votos. Y un esquema implosivo puede preverse para muchos de los países, individualmente. Con los resultados en la mano, Europa no se calma.