Antes y después del "papa gay" que será beatificado
En la que parece ser una batalla perdida de antemano en la guerra interna por la adaptación de la iglesia católica (de las religiones en general, para ser sinceros), muchos sectores que nuclean a personas que son creyentes y, además, homosexuales, insisten en ser aceptados desde el Vaticano de una vez y para siempre.
Allí está, por otro lado, la última frontera, la infranqueable, el muro desde donde se cascotean los religiosos que, aunque son rechazados por la religión insisten en abrevar en ella y los que rechazan la homosexualidad como algo ajeno a lo sagrado y cercano a todo su contrario, lo demoníaco.
Un año después de que el papa Francisco alentara alguna esperanza al abrir una ventana al tema, cuando se preguntó, en público, “¿quién soy yo para cuestionar a un homosexual?”, las puertas permanecen cerradas y los curas vigilan el cerrojo. “Es un asunto personal del papa”, “fue malinterpretado”, “el tema está cerrado” se escucha desde un lado del muro. Desde el otro, se auscultan los Evangelios en la búsqueda de alguna condena expresa, como lo han hecho los curas argentinos (y abanderados a nivel mundial, puede decirse, del aperturismo hacia la homosexualidad) Andrés Gioeni y Nicolás Alessio.
“¿Por qué insiste en hablar del tema?”, responde un sacerdote católico a la consulta de MDZ, a la vez que exige anonimato (“este diálogo nunca ocurrió. Dedíquese a cosas más importantes, que las hay”, dirá). Y es sencillamente porque la Iglesia lo hace constantemente y porque los planteos que se sostienen –más allá de los aires “renovadores” que expele el papa argentino- consignas absolutas: o es no, o es sí, sin posibilidad de diálogo.
Esta semana se llegó al extremo en que la Iglesia ubica su sostenida batalla “contra” en guerra “anti gay”, directamente. De hecho, solo trasladar los dichos del conocido cardenal francés Philippe Barbarin, de Lyon, a cualquier representante diplomático de un estado en otro país, sería motivo de, al menos, “consultas”. Como máximo, de ruptura diplomática.
El cardenal de la iglesia y el Estado Vaticano dijo que “hay que decirle no a la mentira del Estado de que tener dos papás o dos mamás es normal”.
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Para Barbarin, los creyentes tienen que luchar "contra la dictadura del deseo que prima en la situación actual y lo contamina todo". Y hay que clamar contra esta dictadura, porque, de lo contrario, "corremos el riesgo de perder toda una generación de jóvenes", según dijo, insurrecto contra las decisiones de un Estado.
Aquella vieja historia
“No tengo datos precisos del tema. Disculpe. No puedo hablar de ello”, se excusó un encumbrado analista religioso internacional. Al pedirle que hiciera memoria sobre el amorío por el que acusaron al papa Pablo VI con un actor italiano, un sacerdote argentino consultado dijo esto y exigió silencio, como si pueda decretárselo: “Es mentira. Jamás había escuchado de ello. Sólo encontré esto en la Wikipedia… pero dedíquese a temas más fructíferos…”.
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El silencio alienta las llamas del debate, aunque el cardenal Barbarin sostenga, desde Lyon, que cuando de homosexualidad se trata, “no hay debate: hay combate”.
Roger Peyrefitte, un escritor gay francés es uno de los pocos que logró romper el pacto de silencio y lo hizo con una tremenda afirmación que originó en 1976 un escándalo que, en ese momento y a la escala de los medios de aquella época, logró una rotunda repercusión internacional: dijo que el actor italiano Paolo Carlini era pareja y amante de Giovanni Bautista Montini, quien, al ser elegido papa, adoptó su nombre: “Paolo”, “Pablo”, y fue Paulo VI.
La “denuncia” fue formulada cuando el pontífice emitió una dura crítica a la homosexualidad, como una respuesta, señalando la presunta hipocresía del pontífice.
Peyrefitte murió en París en el año 2000 ratificando todos sus dichos. Un amigo del actor y presunto amante llamado Biagio Arixi, también del mundo gay, ratificó aquella relación. Lo que ocurrió luego es que la difundida preferencia homosexual por los jóvenes del literato galo lo hundió bajo acusaciones por su presumida pederastia. El escritor, antes, en su novela “Les clés de Saint-Pierre” (“Las llaves de San Pedro”) había tratado de “ella” a Pio XII y publicado documentación presuntamente probatoria de su preferencia sexual.
Las crónicas no vaticanas dicen que en pleno Domingo de Ramos de 1976, el papa Pablo VI, que será beatificado en octubre próximo, se refirió a los rumores en su contra. Según se sostiene en crónicas no oficiales, el papa salesiano se refirió a “le cose calunniose e orribili che sono state dette sulla mia santa persona” (“las cosas calumniosas y horribles que se han dicho sobre mi santa persona”). Pero el Vaticano no guarda registros de su discurso que contenga esta frase.
“Dios perdona el pecado, pero no el escándalo” es la frase que, en tono tragicómico, susurran inclusive religiosos cuando son consultados por este tipo de casos. Todos los sacerdotes consultados sobre estos rumores, consultas en las que se incluyó la muy reciente denuncia de existencia de un “lobby gay” en el Vaticano que habría impulsado la renuncia del papa Benedicto XVI, hicieron silencio u olvidaron aquella anécdota. Uno solo dijo “Ah, sí. No sé si habrá sido cierto. No me interesa salir hablando de este tema, discúlpeme por ahora”.
En la Iglesia a homofobia toma un cariz más fuerte cuando es precedida por la posibilidad de un escándalo propio. Se refuerza, se encripta. Genera más medidas “en contra” de la homosexualidad, algo que ya no es considerado como una enfermedad, por cierto, aunque la Iglesia prefiera encasillarlo entre las condiciones humanas condenables. Lo mismo ocurrió cuando la Iglesia se apuró en condenar las prácticas homosexuales en la sociedad: los militantes gays son los que levantaron la voz con listas de escándalos dentro de la propia curia, en todo el mundo.
El papa "gay friendly"
Los católicos menos afectos a hablar a calzón quitado se ofenderán y despotricarán. Pero la comunidad gay reconoce en Albino Luciani, el papa Juan Pablo I (que murió 33 días después de haber sido elegido papa) no como "uno de los propios", sino como el pontífice que más respetó en sus palabras a las personas del mismo sexo capaces de sentirse unidas por el amor.
Es así que la revista Ambiente G lo llama "el papa gay friendly" y le adjudica frases como las siguientes:
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- “Hemos hecho del sexo el mayor de los pecados mientras que en sí mismo no es nada más que la naturaleza humana y no un pecado en absoluto.”
- “Nunca tengáis miedo de defender que tenéis razón incluso si vuestro adversario es vuestro padre, vuestra pareja, vuestro profesor, vuestro político, vuestro predicador, o hasta vuestro Dios.”
Etiquetados
La cuestión es que las etiquetaciones son a veces molestas, pero otras directamente conmocionantes. Los principales detractores de religiosos han sido miembros de la Iglesia. Monseñor Luigi Marinelli fue acusado de ser el autor en bambalinas del libro “Lo que el viento se llevó en el Vaticano”, que fue firmado en 1999 por “Anonymous” (vaya antecedente de los casos actuales de cibermilitancia) en el que se formulan acusaciones directas y otras, en forma velada. Su difusión generó una conmoción en la Santa Sede. Allí, se dice, por ejemplo, que "un famoso prelado muy intransigente en las cuestiones morales hacia los demás, aunque de costumbres licenciosas y vulgares, confesaba a sus amigos íntimos haber hecho 'voto de homosexualidad' para no incurrir en el pecado de ir con mujeres". El libro sostiene que mientras la homosexualidad no se exagere, las "cenas o juergas de trabajo" son considerados episodios normales en el Vaticano.
Agrega que aunque la cúpula de la Iglesia siempre ha llevado adelante una campaña contra la homosexualidad, "confiere una gran importancia a la belleza física a los que desean ascender". A causa de su inconfesada debilidad "muchos prelados de la Curia, eligen a sus asistentes por su atractivo y no por su capacidad". Muchos obispos se "valen de la Iglesia para hacerse servir mejor: choferes, guardias y empleados prestan servicios extraordinarios noche y día.”.
Pero quien hizo un etiquetamiento “al mayoreo” fue el escritor peruano español Eric Frattini. En su libro “Los papas y el sexo” enumeró a los pontífices y les adjudicó alguna tendencia sexual.
- Julio II, elegido en 1503, que pasó a la historia por haber inventado el primer burdel homosexual del que se tenga memoria.
- Bonifacio IX, que dejó 34 hijos, a los que llamaba, cariñosamente, los “adorables sobrinos”. Martín V gustaba de encargar historias eróticas que gustaba leer en la intimidad de su habitación.
- Paulo II, que era homosexual y Sixto IV, que cometió incesto con sus sobrinos, bisexual.
- Inocencio VIII, quien reconoció a todos los niños que tuvo y los llevó a la Santa Sede. Uno de ellos se convirtió en un violador. Juan XI (931-936) cometido incesto con su propia madre, violaba a los fieles y organizaba orgias con chicos.
- Sergio III, quien se enamoró de una madre y su hija, y se entregó a la práctica del ménage à trois.
- Benedicto V solo estuvo en el gobierno de la iglesia 29 días, luego de haber dicho que tenía una niña de 14 años durante una confesión. Después de ser encontrado culpable, huyó y se llevó gran parte del tesoro papal.
- El papa Anastasio, que tenía esclavas, tuvo un hijo con una noble romana, que se convertiría en el papa Inocencio I, a su vez famoso por su séquito de chicas jóvenes. Padre e hijo fueron canonizados.
- Leo I era invitado a las orgías del emperador, pero siempre se defendió diciendo que sólo estaba mirando. Sin embargo, embarazó a una niña de 14 años, a quien mandó a encerrar en un convento por el resto de su vida.
- Benedicto VIII murió de sífilis y Benedicto IX era zoofilico.
- Urbano II creó una ley en la que los sacerdotes tenían permitido tener amantes, siempre y cuando pagaran un impuesto.
- Alejandro III tuvo relaciones sexuales con los creyentes a cambio de indultos y dejó 62 niños. Fue expulsado, pero la Iglesia tuvo que concederle una pensión de por vida, con el fin de apoyar a los niños.
El papa papá
Hay casos que no se han documentado y que son señalados como elementos de desprestigio. Como el libro escrito por el estadounidense Leon Hayblum que afirma que el propio Karol Wojtyla se casó en secreto siendo muy joven con una chica judía, durante la ocupación nazi de Polonia y tuvo una hija.
Por sí o por no. O por "tal vez"
Pero la cuestión es una sola y la resumió en una sola frase el disidente ruso Vladimir Bukovsky, citado por el diario porteño La Nación cuando dio cuenta del libro de “Anonymous” adjudicado al obispo Marinelli: "Allí no habrá nunca guerra, pero la lucha por la paz es tal que al final no quedará piedra sobre piedra."
El Vaticano lucha por mantenerse en pie y el papa Francisco, “nuestro” papa, es el encargado de evitar la demolición de esa estructura. Las interpretaciones engañosas o interesadas o ingenuas sobre su gestión, sus frases, sus iniciativas en torno a la “reforma” de la Iglesia, quedarán desnudas más temprano que tarde.